Unas lágrimas colmadas de bendiciones

Unas lágrimas colmadas de bendiciones

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Leticia Rodríguez

El amor y yo nos vemos la cara a diario. Creo que le gusto porque, si así no fuera, no estuviera sentada frente a mi ordenador con el corazón al descubierto. Pienso que estoy enamorada del amor. ¿Estaré al punto de traspasar la línea de la cordura o ya es tarde para planteármelo?

Siempre estoy cantando o tarareando una canción. La mayor parte de las veces es, como decimos los cubanos, “de aquel entonces”. Prefiero regodearme en aquellas melodías que -en tiempo de trova, de bolero, de feeling o del cadencioso son- me confirman que el amor existe. Que la vida es una sola y que hay que vivir el momento feliz. Pero, también me hacen poner los pies en la tierra y me recuerdan que el desamor y el desengaño están al acecho. Lo que pasa conmigo es que soy cabeza dura. Y, aún “en los tiempos del cólera”, el amor sigue siendo para mí la razón de vivir. No es de extrañar, entonces, que en la ducha esté siempre entonando o, mejor dicho, tratando de hacerlo.

Hoy, mientras lucho contra corriente con la nostalgia, me he puesto a recordar las historias que inspiraron algunas canciones cubanas. Internet, San Internet, me ha ayudado a conocer otras.

Mis respetos para esos genios de la composición. Sus inspiraciones han sorteado todo tipo de coyunturas o de circunstancias en el mundo de la música. Muchas veces no hay espacio para la tregua. Géneros tan jóvenes y pegadizos como el reguetón han pretendido cerrar el círculo. Pero, cuando lo bueno es bueno, no pasa. Al César, lo que es del César. (Que conste: no tengo tabúes con el reguetón. Cuando hay que bailarlo, se baila).

A los cubanos nos apasiona vanagloriarnos de lo nuestro. Hablamos, hasta por los codos, de los éxitos y el reconocimiento que ha tenido nuestra música “por los siglos de los siglos, Amén”. Así que, en esta categoría de jactanciosos -por la parte que me toca-, está esta servidora. “¡Muchacho… a mí que me quiten lo baila’o!”. Como la música cubana, no hay dos.

Continúo abriéndole el camino a mi inmodestia santiaguera -por los aportes de mi tierra a la riqueza sonora de Cuba-, y, al compás de Lágrimas negras (el primer bolero-son) me propongo contarle cómo surgió este número musical, versionado por infinidad de solistas y agrupaciones de todas partes del mundo.

Los apuntes de mi memoria me permiten contarle que Miguel Matamoros (1894-1971), figura prominente del barrio de Los Hoyos, se dejó atrapar por la musa para escribir esta historia mientras se encontraba en la querida República Dominicana. En su capital, Santo Domingo, se alojaba en la casa de una señora llamada Luz Saldaña. Una noche, el compositor de Olvido y de Juramento escuchó llorar a una mujer. Preocupado, el bardo le “curioseó” a la dueña de la residencia. Saldaña le explicó que la joven lloraba porque su pareja la había dejado y se había largado para siempre. Ni corto ni perezoso, el compositor santiaguero desató la inspiración para regalarles a los amantes que gustan del baile su fabulosa canción, escrita en 1930, fecha que coincide con el primer viaje del legendario trío a la hermana isla caribeña.

En este asunto de la fecha de nacimiento del bolero-son al que me refiero -con su sabroso montuno- concuerda Dariel Antonio Pradas Vargas (estudiante de primer año de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana), en un escrito de 2015 que homenajeó los 85 años de Lágrimas negras. El blog Isla al Sur de la Dra.C. Iraida Calzadilla Rodríguez, Profesora Titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, da fe de ello.

Aunque tú me has echado en el abandono
Aunque tú has muerto todas mis ilusiones
En vez de maldecirte con justo encono
En mis sueños te colmo
En mis sueños te colmo
De bendiciones

Por su parte, el guantanamero Lino Betancourt, autor del libro La trova y el bolero: apuntes para una historia, ha escrito -en base a una conversación que sostuvo con el compositor- el artículo “Miguel Matamoros nunca lloró lágrimas negras”. Lino dice:

Me contó que, cuando vivía en Santiago de Cuba, en el año 1924, trabajaba casi siempre por las noches acompañando a un acaudalado hombre de negocios muy dado a las juergas, por lo que él tenía que dormir después del almuerzo.

Pero sucedió que todas las tardes visitaba su casa una buena mujer que desahogaba sus penas quejándose con su esposa de las infidelidades de su marido. Derramada en llantos vertía “lágrimas negras” quejándose de su infortunio. Matamoros, que trataba de conciliar el sueño, no lograba dormir, y por pena y lástima a la infeliz mujer no la mandaba a callar.

Y una tarde, con un gran insomnio, Miguel tomó la guitarra y comenzó a componer inspirándose en las quejas de aquella señora.

Como se lee, estos párrafos del cubano productor y redactor de notas para discos, voz autorizada para hablar sobre la tradición musical de Cuba, ofrecen otra versión del nacimiento de Lágrimas negras.

Haya sido de una forma u otra, se le agradece a Don Miguel su vehemente entrega. En muchas páginas de internet, en youtube mismo, se plantea que fue 1929 el año en que se escribió este tema. Pero este asunto de la fecha tampoco empaña la valía de la canción colmada de bendiciones.

Tú me quieres dejar
Yo no quiero sufrir
Contigo me voy mi santa
Aunque me cueste morir

Como le decía, Lágrimas negras conforma el repertorio de incontables músicos, de diferentes épocas y de todo el orbe. De Wikipedia me permito extraer algunos:

Los españoles Sara Montiel, María Dolores Pradera y Diego “El Cigala”. Los eternamente cubanos Celia Cruz, Olga Guillot y Paquito de Rivera. Cuco Valoy, el dominicano amante del bolero, el son y la salsa; el padre de: “Juliana, qué mala eres, qué mala eres, Juliana”. De Puerto Rico, Adalberto Santiago (cantante con fuertes influencias de los cubanos venerados Benny Moré y Miguelito Cuní) y José Feliciano. Desde Panamá, Rubén Blades. El cantante argentino Jorge Rojas también la ha hecho suya. Uno de los más reconocidos exponentes del Canto Nuevo en México, Oscar Chávez Fernández, también cuenta en esta lista. ¡Hasta en Bolivia, un grupo de pop rock de principios de los noventa, Azul Azul, quedó hechizado con la magistral composición!

En Cuba, ni hablar. ¡Quién no se la sabe! Este bolero-son aún conquista corazones y es interpretado espontáneamente por los músicos de escuela, por los “de oído” y por quienes llevamos la música en la sangre y, esos… creo que somos todos.

Por eso yo, sigo enamorada del amor…y de mi música cubana. Porque, aunque me cueste morir, sostengo que, cuando llegó al mundo Lágrimas Negras, “nació el sol, nació la luna y nacieron las estrellas”.

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