Una sola Cuba: los de aquí y los de allá

Una sola Cuba: los de aquí y los de allá

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Leticia Rodríguez

La primera vez que los vi fue en el video clip del tema que conocía por “Super Conga”, de Miami Sound Machine. Creo que tuve suerte porque, seguramente, fui de los muy pocos jóvenes en Cuba que en los ’80 podían tener acceso a materiales en video. Aquello, ni soñarlo. Era prohibitivo para la inmensa mayoría. En mi caso no fue porque existiera en casa un equipo beta; sino porque tenía una amiguita de Vista Alegre, cuyo padre era del “Ministerio” y, gracias a ese “privilegio”, bailé con ellos hasta el cansancio. Aunque nunca pude superar a mi amiga Aymé (otra que no tenía video).

“Con el tiempo y un ganchito” -al casarme con el amor de mi vida-, escuché muchas anécdotas sobre la familia Estefan. A mi esposo y a mí nos gusta hablar de Emilio y de Gloria, porque conforman una consolidada y bella pareja, en el amor y en el arte.

Ya que tengo internet “a full“, me pongo a escudriñar sobre esas dos figuras que tanto han aportado al universo cubano-americano. Ese mundo que conocemos bien los que vivimos al otro lado de la isla. Ante ellos, me quito el sombrero y escribo:

La historia de Emilio y Gloria Estefan está abarrotada de momentos excepcionales en los planos personal y profesional. De igual manera, ha atravesado por momentos dramáticos y conmovedores que obligan a mirar atrás y recordar. La salida de Emilio de la patria hacia España, unas semanas antes de cumplir 14 años. La llegada de Gloria con 14 meses a los Estados Unidos. Los prejuicios que tuvo que echar a un lado el futuro productor de Ricky Martin, Shakira, Carlos Vives, Christian Castro, Alejandro Fernández, John Secada, Thalía, Marc Anthony, Jennifer López y tantas otras figuras de la música, en su lidiar con los ejecutivos del mundo discográfico. No se olvida aquel horrible accidente en el que Gloria vio amenazada su vida. Y se sabe de las ansias que conviven con los Estefan en su hogar (formado con su casamiento en 1978) por ver una Cuba Libre para siempre.

Gloria y Emilio Estefan han venido reinventándose cada día. Por esa razón, han marcado la diferencia. El otrora niño -que aprendió a tocar el acordeón de forma autodidacta en su país natal- se convirtió en el tecladista, percusionista y director de los Miami Latin Boys (gracias a su capacidad de liderazgo). A la banda, fundada en 1973, se incorporó Gloria dos años más tarde y su ángel quedó tatuado para siempre en la agrupación que pasó a llamarse Miami Sound Machine. Durante diez años -desde 1977- con el lanzamiento de su primera producción discográfica, los éxitos en inglés y en español acompañaron a la banda de pop latino. Temas como “Live again”, “Eyes of innocence”, “Dr. Beat”, “Primitive Love”, “Get On Your Feet”, “Conga”, “Bad Boy”, “Words Get in the Way”, “Rhythm is Gonna Get You” y “Anything For You” no pueden borrarse de la memoria de los Billboard y de otras prestigiosas listas del pop a nivel mundial. Baste señalar que el album “Let it Loose” (1987) obtuvo el puesto 101 entre los mejores fonogramas de la historia hechos por una artista femenina.

Para esa época la banda pasó a llamarse Gloria Estefan & Miami Sound Machine. Ya en solitario, y después de su recuperación del accidente, Gloria regresa a los escenarios como solista con Mi tierra. El disco recibió el Grammy como “mejor álbum latino tropical” en 1993. La vida artística de una de las mujeres que más álbumes ha vendido en el mundo (con más de cien millones de copias) se ve vestida, además, con siete Premios Grammy.

Pero… detrás de esa gran mujer está el hombre intuitivo y virtuoso, el hombre de ascendencia libanesa, siria y española que hace gala de su espíritu emprendedor y lo echa a ver en su habilidad de reconocer y distinguir el talento; de pulirlo magistralmente rompiendo estereotipos hasta obtener la calidad suprema. Por casi tres décadas, Emilio Estefan Jr. se ha sostenido como uno de los productores más célebres a nivel internacional en la competencia de la música.

El ganador de diecinueve Premios Grammy es un líder nato, ambicioso, vehemente; visionario y hombre de fe irrefutable en lo que cree y hace que no pocos quisieran ser. Su perseverancia lo ha conducido a convertirse en uno de los hombres de negocio más triunfantes de los Estados Unidos y a consolidar su imperio musical, que promueve el ritmo latino por todo el orbe. Es esta la principal razón por la que lo reconocen como “El Rey Midas de la música latina”. A propósito, Gloria expresó alguna vez: “Emilio fue quien presionó para que se dieran los premios Grammy Latinos por separado ante el maltrato anglo”.

Admiración es palabra clave cuando de los Estefan se trata. Ellos representan el orgullo latino en la tierra que les abrió las puertas del éxito. Son paladines indiscutibles de una comunidad que con su trabajo vigoriza a la nación estadounidense. El reconocimiento a su esfuerzo se ha manifestado en el sinnúmero de premios y reconocimientos que han obtenido a lo largo de sus vidas por parte de universidades y políticos. Baste destacar sus sendas estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood y la Medalla de la Libertad que ostentan con dignidad y que recibieron de manos del presidente Barack Obama, en noviembre de 2015 -la principal condecoración civil que otorga el gobierno federal de los Estados Unidos.

Los Estefan engrosan su enorme patrimonio con inversiones en bienes raíces, en la industria de la hostelería y en el turismo, en el Hotel Cardozo, en el famoso Ocean Drive, en el Larios en Miami Beach, en sus Bongo’s Cuban Café de Orlando, en el American Airlines Arena de Miami y en el Seminole Hard Rock y Casino en Ft. Lauderdale, Florida.

Su dedicación y los actos que protagonizan sirven de inspiración a los latinos que han llegado con su mochila cargada de sueños al país de las oportunidades. El empeño, la constancia, el amor a la familia y al trabajo son las claves del éxito de las superestrellas que se han mantenido fieles a sus raíces.
A quienes he preguntado sobre ellos los catalogan como gente franca, bienhechora y agradecida por las extraordinarias oportunidades que les ha brindado este país; sencillos y genuinos como artistas y como seres humanos; símbolos palpables para las nuevas generaciones; ejemplo de superación de la raza latina.

Hojeo en este instante The exile experience: journey to freedom (El Exilio cubano: un viaje a la libertad), de 2010, el libro con el que Emilio Estefan y muchos colaboradores han logrado homenajear a quienes han tomado “una decisión que ha definido la tenacidad y el espíritu del pueblo cubano […] una historia de orgullo, sacrificio, esperanza y celebración”. Leo sus palabras y me conecto con su arraigo a nuestra Cuba, el mismo arraigo que lo hizo esforzarse desde el principio de su estadía en suelo norteamericano para hacer crecer aquí sus raíces, para traer aquí un pedazo de su patria, su familia.

No me importa lo que en Cuba se diga de ellos desde la mirada política de una “revolución” que “con ella, todo y contra ella, nada”. Me encantaría disfrutar de un concierto de Gloria en plena Cuba. Frente al Malecón habanero o en el termómetro musical de la isla, en Carretera del Morro y Calle 3, en Santiago, para ver si, al cabo de treinta años, puedo aventajar a mi amiga Aymeé en eso del baile cuando suene “Super Conga”. De lo que sí no tengo dudas es de que se me erizará la piel cuando brote el sentimiento en forma de canción con el título “Mi tierra”.

En este presente, cuando puedo disfrutarlos y calarlos desde una perspectiva muy personal -cuando no tengo que ir a casa de amiga alguna a verlos en video-, me contagio con la tenacidad de hierro de Gloria y de Emilio Estefan y me sumo a su verdad: “Somos una sola Cuba: los de aquí y los de allá”.

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