Un recuerdo del Coliseo Santiaguero

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Leticia Rodríguez

Una efímera vida tuvo el primer inmueble habilitado como teatro en Santiago de Cuba. Los responsables de dotar a la otrora villa de esta expresión de refinamiento y de cultura fueron los emigrados franceses quienes -desde finales del siglo XVIII, junto a su servidumbre de procedencia haitiana- poblaron e imprimieron su sello a una barriada de la ciudad, marcada por una gran singularidad. Al ajiaco criollo se sumaron el modo de vida, las costumbres y las tradiciones de quienes llegaron huyendo de la Revolución de Saint Domingue. Así se abrieron las puertas del Le Tivoli; lugar donde se materializaron las representaciones teatrales de la época. El teatro de la popular barriada (la que adoptó ese mismo nombre, pero “santiaguerizado”: El Tivolí) al decir de la licenciada Lidia Sánchez Fujishiro, en: El Coliseo, primer teatro santiaguero (1822-1846), en 1812 ya no existía.

Es interesante destacar que con anterioridad a la llegada de los inmigrantes franco haitianos a la caribeña Santiago, en tiempos el Marqués de Casa Cagigal, la ciudad contaba (desde 1765) con representaciones teatrales en la Plaza de Armas, auspiciadas por quien fuera el Gobernador de Santiago de Cuba. En el libro: El primer teatro de La Habana. El Coliseo (1775-1793), perteneciente a Ediciones Idea, de Manuel Hernández González, se lee al respecto.

En dicho texto se cita al historiador Pozuela, quien hace referencia a la falta de localidad en la capital cubana para las presentaciones de piezas teatrales españolas. Y haciendo una especie de comparación con Santiago dice: “El pueblo de Santiago en este punto más favorecido en tiempo de Casa Cagigal había presenciado funciones teatrales en un almacén habilitado para coliseo”. No obstante, en 1775 se construye el Coliseo, el primer teatro de La Habana; primero en el tiempo que el de Santiago de Cuba.

Los investigadores ofrecen distintas fechas respecto a la inauguración del Coliseo santiaguero. En su caso, Sánchez Fujishiro habla de diciembre de 1822.

En la década de los veinte de la decimonónica centuria, según se recoge en: Cuba. Cronología: cinco siglos de historia, política y cultura, del historiador cubano Leopoldo Fornés- Bonavía, el 17 de diciembre de 1823 se inaugura en Santiago de Cuba el Teatro Coliseo o de la Marina.

Por su parte, la doctora María Elena López Melgar, en su trabajo: Louis François Delmés: El cartógrafo francés de Santiago de Cuba, hace alusión a uno de los emblemas urbanos de la Jurisdicción Cuba, perteneciente al Departamento Oriental: “El Coliseo, el primer espacio fijo teatral de la ciudad, inaugurado en enero de 1823, que retoma lo iniciado por los emigrantes franceses en 1803…”.

De forma más detallada, la investigadora, en otro de sus títulos: Afirmación de la función portuaria de Santiago de Cuba: el barrio de la Marina (1800-1860) hace referencia a la construcción del Coliseo, dada la necesidad creciente de los santiagueros de elevar su cultura e ilustración. En sus notas a pie de página se lee que fue este “el único teatro construido en la isla que se edificó fuera de la zona central de la ciudad”. Se erigió cerca de la costa, justo en la esquina formada por las calles Barracones, Cuba y Marina. Orozco Melgar reafirma:

La construcción del Coliseo fue un hecho cultural trascendental en la historia cultural de Santiago de Cuba; para el barrio de la Marina, representó un hito en la posible ampliación de su espectro funcional, al añadir valores referenciales, culturales y recreativos puntuales, a los comerciales ya característicos del área.

El que era conocido como Teatro de la Marina, por el nombre de la resonada calle donde se ubicó, se construyó de madera y resultó un infortunado inmueble desde el punto de vista estético. Sánchez Fujishiro lo describe: “sin vuelo arquitectónico”. Todo lo cual fue resultado de la mala ubicación de la edificación cuya estructura, en el interior, se realizó de acuerdo a la de los teatros de la época: “…palcos, tertulia, cazuela y cantina, delimitándose escrupulosamente la estratificación de la sociedad santiaguera”. Una descripción que hicieran, en En torno a la vida teatral en Santiago de Cuba 1800-1840, las dos investigadoras santiagueras mencionadas y que Orozco Melgar anota en Afirmación de la función… 

Al desafortunado emplazamiento, en la zona limítrofe del puerto santiaguero, se sumó la falta de cuidado. Hechos que conllevaron a cerrar la edificación para una reparación capital en 1838, para reabrir sus telones al año siguiente. Fecha en que Santiago recibe a la primera compañía italiana de ópera.

Al Coliseo de Santiago de Cuba no le quedaba mucho por vivir. Amén de los reclamos de los defensores de la cultura en la ciudad y de las reparaciones realizadas, su techumbre en 1840 mostraba grandes signos de deterioro. Como expresa Lidia Sánchez Fujishiro: “obligaba a presenciar las obras con los paraguas abiertos en días de lluvia”.

Fue entonces que la naturaleza decidió el final de este símbolo de la vida teatral en la urbe, del que prácticamente quedaban las ruinas. En 1946, a consecuencia de un huracán, se demolió por completo la construcción.

Quedaba así, para el recuerdo del pueblo, el primer edificio levantado como teatro en la cultural Santiago. Durante dos décadas, los artistas locales y compañías francesas, españolas e italianas recibieron los aplausos de los santiagueros al adueñarse de la escena del que fue el Coliseo de Santiago de Cuba o Teatro de la Marina.

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