A Cuban Red Carpet: Cuban Stars in Hollywood

A Cuban Red Carpet: Cuban Stars in Hollywood

The list of Cuban actors is not short. Some of the most iconic faces on the big screen are of Cuban origin. Most people know names like Andy Garcia, Eva Mendes, or even Cameron Diaz; but there are more Cuban actors that have made their way to Hollywood.

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Mis amigos prefieren fresa

Mis amigos prefieren fresa

Fresa y Chocolate, “del pi al pa”, asume rasgos distintivos de nuestra cultura que, a su vez, la hacen más popular, ya que logra su inmediata identificación con el público cubano. Gutiérrez Alea parte de elementos reconocibles y auto reconocibles de diferentes grupos que existen en la nación.

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Se estrena en Cuba “Últimos días en La Habana”, de Fernando Pérez

Se estrena en Cuba “Últimos días en La Habana”, de Fernando Pérez

Últimos días en La Habana (2016), la más reciente cinta del director Fernando Pérez, se estrenó el 31 de mayo en los cines cubanos. Llega a las pantallas tras alzarse con sendos premios Biznaga en el 20mo. Festival de Málaga a la Mejor película iberoamericana y a la Mejor actriz secundaria (para Gabriela Ramos).

En predios cubanos, la cinta triunfó en el 38vo. Festival Internacional del Nuevo cine Latinoamericano donde obtuvo el Premio Especial del Jurado, y en el Festival Internacional de Cine de Gibara 2017 (FIC Gibara), que le entregó un Premio Especial del Jurado de Ficción, un premio Lucía ex aequo en el apartado de Mejor actuación masculina para Patricio Wood y Jorge Martínez, y otro para Gabriela Ramos como Mejor Actriz.

El margen es el gran campo donde siempre se ha movido el cine de ficción de Fernando Pérez. Pletórico como está de personajes misantrópicos, relegados, segregados, melancólicos, extraviados en sus particulares selvas oscuras. A la vez, son soñadores, esperanzados, disensores y disonantes respecto a sus contextos normados.

Son los suyos personajes que avanzan en zigzag hacia la felicidad emanada de la realización del auténtico yo en un entorno propicio, donde no deban transmutarse en estereotipos tolerables por los semejantes. Algunos luchan, como los revolucionarios de Clandestinos (1988) o el disensor Pepe de José Martí: el ojo del canario (2009). Otros buscan incesantemente sentidos de vida como Laurita en Madagascar (1994) y Elpidio en La vida es silbar (1998). Otros sueñan como Larita en Hello, Hemingway! (1990) y los múltiples protagonistas de Suite Habana (2003). Otros de hecho, rozan la felicidad antes de la inminente muerte, como Luis en La pared de las palabras (2015).

Últimos días en La Habana apela nuevamente a personajes alternos,  acurrucados en unos bordes donde han sido lanzados por circunstancias intolerantes, inmisericordes, reaccionarias, en épocas pasadas. El extrovertido Diego (Jorge Martínez) y el lacónico Miguel (Patricio Wood) son dos divergentes extraños, refugiados en la noche sucia y eterna donde fueron proscritos de por vida, debido a sus respectivas consecuencias: Diego paga por practicar y manifestar su homosexualidad; Miguel expía por defender el elemental derecho de Diego a ser homosexual.

Estos protagonistas de Pérez establecen una rara simbiosis que les permite sobrevivir los desaguisados, cuyas múltiples cicatrices refulgen en sus rostros, en sus cuerpos, en el hogar donde resisten. La resistencia es otra de las constantes conceptuales de Fernando Pérez, pues a pesar de los embates, sus personajes permanecen, como el malecón que al final de Suite Habana es atacado una y otra vez por la inmisericorde espuma del mar. Incluso, la propia presencia muda de las anónimas ruinas capitalinas subraya en sus cintas más el hecho de su persistencia bajo las inclemencias más diversas, que su decrepitud. Son tan irredentos como pacíficos sobrevivientes, que no dejan de poner la otra mejilla sin decaer.

Diego y Miguel son efectivamente ruinas, restos ennegrecidos que se alzan en una planicie donde ni la yerba crece, o mejor: no quiere crecer. Pero siguen vivos. Existen, respiran, aunque las naturalezas de sus resistencias son como ellos: diversas hasta la divergencia. Contrario a los comunes estereotipos heteronormativos, Diego es activo, enérgico. Miguel es apagado, inercial. Su propio fracaso lo ha endurecido tanto que ostenta una coraza pétrea la cual ni la vida puede ya mellar. Pero todavía sueña con escapar, romper el loop, y rehacer su vida en el eterno destino de ultramar, eterno paradigma, eterno Paraíso al que aspiran y expiran tantos cubanos.   

Con puntos de contacto con Fresa y chocolate (Alea y Tabío, 1993) inevitablemente evidentes y al parecer totalmente conscientes por parte de Pérez —“Mi nombre es Diego, sin apellidos”, se presenta su personaje en algún momento—, Últimos días… resulta como un pesimista epílogo de la conocida fábula de Alea y Tabío sobre el entendimiento nacional desde la cultura compartida, y urdida en un momento de esperanza nacional.

El David de Fresa… alcanza la lucidez y abraza no solo a Diego, sino a la Cuba de Sarduy, Arenas, Pratt, Calvert Casey, Lunes de Revolución, Lydia Cabrera, Novás Calvo, Montenegro, Cabrera Infante, Virgilio, Lezama, Baquero, que este representa y resume. La cinta lanza al futuro inmediato un optimista mensaje de reconciliación y revisión. A casi 25 años de distancia, Últimos días… estructura una suerte de ucrónica secuela, donde revisita a esta pareja, más bien a su simbolismo, y urde un final alternativo que los revela en plena expiación de su valiente herejía de entonces. En cierta forma, es la misma estrategia seguida más explícitamente por Miguel Coyula y su Memorias del Desarrollo (2010) respecto a la imprescindible Memorias del Subdesarrollo (1968), de Alea.        

David-Miguel yace ahora aplastado, enmudecido. Un Diego no emigrante y no tan erudito agoniza, postrado en su último reducto. Aún se quieren y se apoyan mutuamente, pero nadie los siguió en su cruzada de entonces. La aparición de un tercer vértice convierte en triángulo la relación base de la cinta, y se abroga casi a la fuerza la categoría protagónica: Yusi (Gabriela Ramos), la irredenta adolescente, retoño vivaz de una nueva generación que opta generalmente por reptar o huir. Como una exhalación fresca aparece en la triste covacha de Miguel y Diego, llena la cabeza de sueños y proyectos. Sobre todo de decisión para acometerlos con una alegría verdaderamente lúdica. Esta campanilla rebelde es otro ser resiliente, tenaz, pero que al final aprende una dura lección,  aunque con la leve esperanza de seguir viviendo a pesar de la maldita circunstancia de la decadencia por todas partes.

Últimos días… viene a dialogar también con otra interesante constante del cine cubano: el baile como jolgorio alienado. Algo que da sentido al inicial título de producción: Chupa pirulí. PM (Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, 1961), Los del baile (Nicolás Guillén Landrián, 1965), la secuencia inicial de Memorias…, las finales de Un día de noviembre (Humberto Solás, 1972), de Los bañistas y de Melaza (Carlos Lechuga, 2010 y 2012), se delatan como referentes casi obligados en la secuencia respectiva que Pérez urde hacia el final de su película, cual entrampe para un espectador que quizás busque desesperadamente un happy ending.

En la brillante y surtida tienda imbuida de espíritu navideño, todos bailan como en un comercial estereotipado, al ritmo de un olvidado tema del olvidado grupo SBS, que invita a un baile donde todo se olvidará. Pero Miguel, en medio de este sueño tropical, recuerda dolorosamente. Recuerda que estuvo vivo, y ahora es un muerto viviente. Un chocolate sin fresa. Un dolor andante. Un Rocinante sin jinete que busca emigrar (¿transmigrar?) por puro reflejo, para seguir varado en sus memorias subdesarrolladas.

Por: Antonio Enrique González Rojas. Fotos cortesía de Daniel Díaz Ravelo (Productor)

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