Cosa Rica: The Beauty of Empowered Cuban Women

Cosa Rica: The Beauty of Empowered Cuban Women

Didn’t you see the shrine? The goathead and the dolls? The flowers? The seawind? This is witchcraft. Woman witchcraft. Heavy. And you’re part of it and you don’t know it.

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La pintora Aimée Joaristi expone por primera vez en Cuba

La pintora Aimée Joaristi expone por primera vez en Cuba

La arquitecta, diseñadora interiorista y artista visual Aimée Joaristi, nacida cubana, residente la mayoría de su vida en España y Costa Rica, declara en su autobiografía: “A Cuba, la  adoro utópicamente  y es donde proyecto morir”. A finales de mayo, esta muy vital y multipremiada creadora regresa a La Habana con su primera muestra en suelo patrio, titulada Escindida, con más de veinte telas de gran formato montada en las paredes de la Galería Taller Gorría, en el barrio habanero de San Isidro.

Entre múltiples reconocimientos, Joaristi fue comisionada por Rebecca Wilson, Directora de la Saatchi Art Gallery, para la realización de la pintura The End of the Beginning. Sus obras forman parte de importantes colecciones como la de Francisco Cantos Baquedano (miembro fundador de ARCO, Madrid), la colección Herrera Hernández-Iturbide, de México o la de Don McShane en Washington D.C. entre muchas otras.

Como arquitecta integrante de la firma Joaristi & Barrascout, ha obtenido galardones relevantes como la Mención de Honor de la IX Bienal de Arquitectura, “Retos para el Siglo Veintiuno” y el Premio Nacional de Diseño de Interiores durante la Quinta edición del International Forum design for Inner Space (2008) por el hotel L’Acquaviva. Su propia casa, intervenida a pincel por ella, obtuvo el primer premio del International Forum Design for Inner Space y en 2009 gana el Premio Nacional de Diseño de Interiores por su apartamento en Madrid. También gana el Premio Nacional de Diseño de Interiores por su trabajo en el lounge bar “mi Sala” en Escazú.

El propio título de Escindida, escogido para la muestra cubana provee al espectador de muchas pistas. Estamos ante una persona indiscutiblemente transnacional, dividida entre muchas patrias, escindida entre varias realidades, sin olvidar ni menospreciar ninguna. Su personalidad, su arte, les debe a todas.

Desde otra perspectiva, tenemos que cada pieza creativa puede siempre considerarse una emanación de su creador, un efluvio, una derivación cuya individualidad no llega a marcar nunca una emancipación total de su génesis, de su kilómetro cero. Resulta más bien recurso y método —simultáneamente— de propagación y de perpetuación del artista. Una escaramuza ubicua para multiplicarse en el mundo, para reproducirse de manera autónoma y asexuada. En el caso de la Joaristi, una partenogénesis.

A la vez, este acto de concepción no está exento del dolor, del sacrificio, del desgarre; y puede acercarse a la mutilación. Como esos míticos gigantes genésicos cuyo desmembramiento propicia el surgimiento del mundo. Cada creación puede suponer para el artista, precisamente, una escisión. Una fragmentación dolorosa en disímiles avatares.

Pero no solo es el artista quien resulta escindido en un acto autosacrificial puro, sino que el carácter dialógico intrínseco al accionar humano, determina que este indague en el cosmos, en la realidad. Y la segmente, la desmenuce, la descomponga en los menudos pedazos que sean necesarios. En fin, que escinde sus circunstancias, el entorno, la mera existencia. Desafiándola, reordenándola, repensándola, negándola, despreciándola, trascendiéndola. Hurgando en las paredes de la realidad, abriendo hendijas y grietas en las leyes naturales para otear —y permitir a otros que oteen también— lo que hay detrás del ajustado tejido del mundo “real”.

La Joaristi saja pues las muradas de su realidad, de su mismo cuerpo físico, para proponer en sus dilatadas telas intensos atisbos a un universo de puros movimiento y energía. Donde reinan las ideas, las sensaciones en sus faces visibles. Es el suyo un abstraccionismo emotivo, provocador, cuyo propósito último parece ser la traza, el testimonio de un acto expansivo —más que expresivo—: que fue el paroxístico acercamiento de la artista al lienzo, de la catarsis liberadora que es la plasmación de sus tormentas internas en la superficie imprimada. La Action Painting está presente. Se presiente.

La tela deviene finalmente espejo donde se refleja la artista en instante único e irrepetible de su existencia —dada la singular mixtura de experiencias y sentimientos que resulta cada segundo de un ser humano, ineluctablemente susceptible de transmutar al segundo siguiente, ya discordante, por las nuevas adiciones que a la personalidad han proporcionado el contexto y la psiquis—, y   queda atrapada la cartografía sensorial específica e irrepetible de entonces.

Una vez más, los títulos dan fuertes pistas para leer la obra expuesta de Aimée Joaristi. Miramar, Cólera, Vortex, La risa falsa, Disidente, Esperanza, Impaciente, Impertinente, El payaso, Corazón partido, La Farsante, La playa, La horrible noche… Sustantivos concretos, llanos y nítidos como títulos de malas películas, expositivos quizás de los sujetos, espacios y conceptos que motivaron las respectivas obras. Resultado de un Test de Rocharch inverso muy personal, donde la palabra fue traducida a la mancha abstracta. Glosario sensorial de la creadora. Juego asociativo al que todos están invitados. Colección de autorretratos psíquicos, de fotografías tomadas con una cámara Kirlian galácticamente avanzada. Diario de sensaciones. Paisajismo mental. Figuración emotiva. Esencias destiladas hasta la mayor pureza alquímica posible. Malabarismo cromático. Rabieta colorista. Paleta de alaridos. Fantasmas exorcizados, contenidos en estas trampas y exhibidos. A la larga, derivaciones del ser.

Tan contrastantes son los títulos con las obras, como estas con los propios límites geométricos (círculos, cuadrados, rectángulos) que demarcan los bastidores respectivos. Formas euclidianas, netas, racionales, en cuyas entrañas yacen la energía y el movimiento inmensurables, lo adimensional —que no es por obligación un estado de ningunidad.

Aimée Joaristi hace de Escindida una nueva ceremonia de desmembramiento ritual, y esparce por las paredes de GTG sus fragmentos insuflados (¿con ínfulas?) de totalidad, para crear su mundo. Para crearse como mundo. Se esparce. Se expande en una omnipresencia casi perturbadora de tanto color, gigantismo, vibración. Los espectadores, atrapados en un panóptico inevitable.

Por: Antonio Enrique González Rojas

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The Foundations of Freedom: Carlos Martiel at Art Basel

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Martiel is a provocateur. His art is shocking, hard, merciless.
Every time he self-inflicts pain, he returns that pain to the eye of the beholder.

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