Santiago, la alegría de contar con Vista Alegre

Santiago, la alegría de contar con Vista Alegre

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Leticia Rodríguez

¡Cuántas zonas de Miami me recuerdan al reparto más distinguido, espacioso, tranquilo y especial de mi amada Santiago de Cuba! El evocar el elegantísimo barrio, me invita a escribir sobre él; por amor a mi ciudad y a su historia.

En los terrenos de la Finca Arroyo Hondo, dadas las exigencias de los tiempos modernos y alejado de la densidad del centro histórico, comenzó a urbanizarse -en 1907- una nueva zona. En un sitio favorecido por el clima y por el verdor de la naturaleza nació el núcleo urbano más elegante de la caribeña ciudad. Sus actores, en el escenario arquitectónico, fueron relevantes proyectistas y compañías constructoras y urbanizadoras.

En este tema -en cuestiones cronológicas- en toda Cuba, primero: El Vedado, en La Habana. Luego, en Santiago, Vista Alegre.

Ese es el nombre del reparto donde se puso de manifiesto el modo de vida de la clase adinerada. Aunque en sus primeros años, las pocas viviendas que en él se construyeron eran de madera y no precisamente de gente acaudalada.

Fue a partir de 1910 que la selecta élite santiaguera comenzó a adueñarse, paulatinamente, de aquel espacio exclusivo y se levantaron casas de estilos neoclásico, ecléctico, art nouveau, mudéjar, neogótico y neo renacentista.

Se acentuaba, de esta manera, la notoriedad de un espacio urbano con una imagen uniforme y una identidad muy propia; con residencias que en los cuarenta acogieron los códigos del art-decó, el monumental moderno, el neocolonial con sus variantes y el protorracionalismo. Además de los patrones del movimiento moderno, a finales de la década.

Vista Alegre continuó creciendo. El barrio se amplió y surgieron: Terrazas de Vista Alegre y Rajayoga. En los cincuenta ya se había sumado al hábitat burgués la llamada clase media. En los nuevos inmuebles del refinado barrio se ven consolidadas las características técnicas, formales, funcionales y constructivas del Movimiento Moderno, las que permitieron conferir mejor confort a cada uno de los ambientes.

Me queda imaginarme que voy montada en el tranvía que, desde 1908, llegaba hasta el centro del exquisito reparto, después de recorrer las calles principales del centro urbano. Voy en el tranvía hacia el este de Santiago, hacia la ciudad jardín.

Vista Alegre es el museo de la arquitectura en Santiago de Cuba. Al caminar por la Avenida Manduley (antes Avenida de la República), al entrar por la carretera de El Caney o por la Avenida Raúl Pujols (la carretera de San Juan), para desandar sus amplias calles, puedo apreciar todos los estilos arquitectónicos que convivieron en la ciudad en la época republicana. Un contubernio perfecto con el lucimiento de los espacios públicos.

Tengo que admirar las fachadas retiradas, los parterres con sus árboles y la sensación de amplitud y de intimidad que proporciona la separación entre los inmuebles. Enormes casas, chalets, palacios; en los que queda la estela de las familias acaudaladas de la época, como: los Bacardí, los Bosch, los Mestre…Propiedades que guardan, también, un grito ahogado en las paredes. El de quienes se vieron obligados a marchar y dejar detrás un pedazo de vida en Vista Alegre.

Y, ahí está el barrio, mostrando aún la excelente calidad en la construcción de los proyectos, la vasta pluralidad formal y la creatividad de los profesionales encargados de levantar esta porción del patrimonio material santiaguero -en muchos casos con la utilización de elementos locales.

Vista Alegre es esa porción de tierra ideal para rememorar una época pasada en el tiempo, pero reinante en la memoria y en la historia del Santiago que muchos…no conocimos.

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