Prehistoria, historia y posthistoria del boxeo cubano

Prehistoria, historia y posthistoria del boxeo cubano

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Eduardo Mora Basart

El béisbol llegó a Cuba en el período decimonónico y a la postre se erigió en deporte nacional. No adquirieron su arraigo prácticas como la lucha canaria, el billar, el boliche, el fútbol, la lidia de toros, la esgrima o el ajedrez. A inicios del siglo XX irrumpe el boxeo, posicionándose, no sólo como deporte sino también como espectáculo, en el proceso de construcción identitaria y de socialización que se vive en el país.

Cuando analizamos las características de la escuela cubana de boxeo, percibimos la impronta rítmica caribeña. Expresión perceptible, además, en el modo de bailar. Los boxeadores alcanzan una coordinación casi perfecta, desde un estilo que perpetúa la técnica de pegar sin recibir, donde no se rompe la distancia entre las piernas y los brazos, quienes se funden, junto a las caderas, como un todo. Súmele a ello, una gran valentía y sistematicidad en el entrenamiento.

En un trabajo titulado De la religión Bantú a la cima del monte Olimpo, analicé la práctica del maní por esclavos congos o bantúes en los ingenios de la zona occidental y central cubana, cuyas reglas nos remiten al boxeo moderno. Quizás sea esa una de las razones que llevó a los scouts estadounidenses, a inicios de la pasada centuria, hasta los ingenios azucareros en busca de trabajadores con habilidades para incursionar en las lidias pugilísticas.

I. Prehistoria del boxeo cubano.

El chileno John Budinich arribó a La Habana en 1910. Procedía de los Estados Unidos y su objetivo era sentar cátedra boxística en Cuba. Sin embargo, sale sin lana y trasquilado. Sólo bastó un enfrentamiento, en agosto de 1912, en el Teatro Payret, donde fue noqueado por el estadounidense Jack Ryan en el segundo asalto. La siguiente pelea la realizó en 1915 ante John Lester Johnson. Sin dudas, la gota que colmó la copa. Nunca más se supo de Budinich, quien se fue, sin ni siquiera imaginar, que sería referencia obligada cuando se habla de la historia del boxeo cubano.

Una retrospección nos sitúa nuevamente en 1912. Ese año tuvo lugar la Sublevación de los Independientes de Color en Cuba. En ese contexto se declararán ilegales las exhibiciones boxísticas, con el objetivo de no condicionar escenarios donde se expresara la rivalidad entre negros y blancos. El edicto del entonces presidente José Miguel Gómez devino letra muerta, algo contrapuesto a la prohibición de las corridas de toros en 1900. Las lidias pugilísticas fueron organizadas en los patios de las casas como plato fuerte de los festejos, que se desarrollaban, sobre todo, en la zona de La Habana Vieja.

En 1915 George Bradt, un estadounidense dueño del diario habanero Havana Post, construye el primer local para peleas de boxeo. Fue bautizado como The Stadium, pero el pueblo lo nombró Castillo de Naipes, pues duró menos que un helado en la puerta de un colegio. Ese propio año la Habana fue escenario de uno de los sucesos más publicitados en la historia de Cuba: el combate, efectuado el 5 de abril, entre el campeón de los pesos completos Jack Johnson y Jess Willard .

La pelea estaba pactada a cuarenta y cinco asaltos. El hipódromo Oriental Park, de Marianao, en La Habana, fue el escenario escogido, pues México, primera opción, estaba imbuida en los avatares de la Revolución Mexicana. Según los relatos de la época, el enfrentamiento estaba amañado, pues hipotecaba el perdón de Johnson ante la justicia estadounidense, al estar acusado de violar la Mann Act que prohibía el traslado de prostitutas de un estado a otro. El púgil había realizado sus últimas cuatro peleas fuera de Estados Unidos y para cada una de ellas se valía del servicio de este tipo de mujeres.

Los anales del boxeo cubano atesoran la escena falsesca desarrollada en el round veintiséis, cuando Johnson se dejó caer y aparece en una de las fotos de época resguardándose de un sol, que superaba con creces la fuerza de los golpes de Willard. La puesta fue corroborada años después por el propio Johnson, quien en ese momento clavó la mirada en su prometida Ruth Camerón, en espera de que le asegurara poseer en sus manos, no sólo el perdón, sino también el dinero pactado. Sin embargo, este hecho no lastró la posibilidad de que el peleador negro sea considerado como uno de los diez más grandes en la historia del pugilismo.

El cronista Julio Ferreiro Mora lo describe como el suceso que pone fin a la prehistoria del boxeo cubano, sentencia de la que me he apropiado para dividir este trabajo en prehistoria, historia y posthistoria del boxeo cubano. Si la falsa poco aportó a la historia del boxeo, sirvió para afianzar la mirada hacia un país que devino centro de grandes acontecimientos deportivos.

II. Historia del boxeo cubano.

La institucionalidad del boxeo es uno de los pasos decisivos para su avance en Cuba. Atrás habían quedado momentos nefastos, como la muerte de Joe Marroquín ante Alex Publes, en 1919. Entonces, el alcalde de la ciudad calificó al boxeo como salvaje y bárbaro.

En 1921 se crea la Comisión Nacional de Boxeo y Lucha, que reglamenta la práctica de estas actividades deportivas en Cuba. La Arena Colón, situada en la Calle Zulueta y Dragones en La Habana Vieja, es protagonista de las primeras competiciones. Viví algunos años en la Calle Zulueta, y siempre que pasaba por ese lugar, rememoraba un pedazo de la historia.  Imagino como sería aquel primer Campeonato Nacional de Boxeo que se realizó el 11 de mayo de 1922. Cupo el honor de ser los primeros campeones a Eladio Black Bill Valdez (47,6 kg), Miguel Mike Castro (50,8 kg), Luis Sardiñas (53,5 kg), Pablo Roca (57,1 kg), Abel Lalo Domínguez (61,2 kg, Enrique Ponce de León (66,6 kg), Rafael Rodríguez (72,5 kg), Santiago Esparagüera (79,3 kg) y a Antolín Fierro (80 kg).

A inicios de la década del treinta, Cuba era la segunda plaza boxística mundial. En el 1933 se crea la United Promotors Corp, con el objetivo de promover el boxeo. Ello obedeció, entre otras razones, a la existencia de una base incipiente pero que garantizaba el aporte de figuras con nivel competitivo y capacidad para atraer espectadores. Una somera disección, nos cerciora del auge de gimnasios como Galathea, Colón, Polar, Comercial, Cristal, Miramar Garden, Trejo o Cuba. La Asociación Guantes de Oro se convierte en una estructura que conecta el boxeo amateur y profesional en el país.

Los boxeadores cubanos pronto inscribieron sus nombres entre las doce cuerdas. El 22 de junio de 1928 devino símbolo deportivo. En esa fecha parten con destino a Nueva York Eligio Saldiñas, Kid Chocolate, y su entrenador Pincho Gutiérrez. El 15 de julio de 1931, en Filadelfia, un espectacular nocaut ante Benny Bass le confiere no sólo a Eligio Saldiñas, sino a Cuba, el primer título mundial. Los sabores y sinsabores se sucedieron en la vida de quien internacionalizó el boxeo cubano. Finalizando su carrera con ciento treinta y seis vitorias, cincuenta y una por nocaut y diez derrotas.

Kid Chocolate fue junto a José Raúl Capablanca y Adolfo Luque, uno de los tres paradigmas del deporte cubano en la década del veinte. Años después recordaba cuando posó desnudo o detuvo el tráfico en París al ser considerado el hombre mejor vestido del mundo, supeditando a figuras como George Raff, al Príncipe de Gales y al alcalde neoyorquino Mickey Walker, mientras presumía, con orgullo, de haber poseído en su guardarropa casi ciento cincuenta trajes y cincuenta pares de zapatos.

Es imposible hablar de la práctica deportiva sin aludir a los entrenadores. En la etapa se destacan figuras como Pincho Gutiérrez, a quien aludí con anterioridad y que murió olvidado en La Habana el 14 de enero de 1957. Pero junto a él brillaron preparadores como Antolín Chino Gobín, Higinio Ruíz, Luis Sarría, Félix Massud, Manolo y Marzo Hernández, quienes no sólo se incluyeron dentro del mundo del profesionalismo, sino en el amateurismo.

III. Poshistoria o una historia más allá de la historia.

En la etapa inicial de lo que he tipificado como poshistoria del boxeo cubano, ocurre uno de los acontecimientos más lamentables en la historia de este deporte en Cuba. Fue la tercera pelea entre Benny Kid Pared y Emile Griffith. Se desarrolló el 24 de marzo de 1962 en Nueva York, como revancha a la efectuada en el mes de abril de 1961. La golpiza que recibió el cubano fue tal, que nunca recuperó el conocimiento y falleció diez días después.

A inicios de los años sesenta el desempeño de los púgiles profesionales cubanos fuera del país fue meritoria. Recordemos que en ese momento están obteniendo éxitos figuras de la magnitud de Ultiminio Ramos, Mantequilla Nápoles, Manuel Rodríguez, Florentino Fernández e Isaac Logar.

El boxeo cubano demuestra su clase en el área desde los Juegos Centroamericanos de Jamaica, 1962. Después vendrían las citas Olímpicas. En Roma 1960, Cuba estuvo representada por Esteban Aguilera en los 58.9 kg quien, al igual que los seis púgiles de Tokio 1964, se fueron sin medallas.

La Olimpiada de México en 1968, devino anuncio de lo que serían los resultados cubanos en este tipo de citas. Allí, Cuba obtuvo medallas de plata con Enrique Regueiferos y Rolando Garbey en las divisiones de 63.5 y 71 kilogramos.

En las Olimpiadas de Munich, en 1972, confluyen dos acontecimientos históricos para el pugilismo cubano. La primera medalla de oro olímpica, lograda por Orlando Martínez en la división de los 54 kg y la medalla dorada de Teófilo Stevenson, quien ocho años después, Moscú 1980, sería el segundo tricampeón olímpico en la historia del boxeo. Una hazaña sólo lograda con anterioridad por el húngaro László Papp, al imponerse en Melbourne, Australia 1956. Después de Stevenson sería otro cubano, Félix Savón, quien se sumó a ese selecto grupo al obtener medallas de oro en la Olimpiadas de Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sydney 2000.

El primer campeonato mundial, celebrado en La Habana en 1974, fue un suceso boxístico histórico. Existen nombres de figuras que aún perviven en el imaginario de cubanos y cubanas. Quien no recuerda a Wilfredo Gómez, con su peculiar especdrum y su maestría al boxear, al ugandés Ayube Kalule, al yugoslavo Mate Parlov o a la escuadra cubana que derrochó valentía, con un Douglas Rodríguez, quien, con su mano lesionada, obtuvo el oro mundial. El primer campeón en esas lides fue el cubano Jorge Hernández, quien combatió en la división de los 48 kilos, mientras Teófilo Stevenson selló la noche frente al estadounidense Marvin Stinson, como sólo él sabía hacerlo. Cuba ganó el primer lugar por países con cinco medallas de oro, una de plata y dos de bronce.

Desde la Habana 1974, hasta la decimoctava edición del Campeonato Mundial de Boxeo disputada en el 2015, en Doha Qatar, largo ha sido el camino andado por el boxeo cubano. Félix Savón, quien debutó en Reno, Estados Unidos, 1986, es el máximo ganador en citas mundialista con seis títulos, seguido por el pinareño Juan Hernández Sierra con cuatro. Savón cayó vencido por Ruslan Chagaev, en el mundial de Budapest, Hungría, 1997, en un polémico combate por la desproporcionada votación de los jueces (14-4). Sin embargo, con el paso del tiempo se demostró que el uzbeco había peleado con anterioridad como profesional, causa que lo obligó a entregarle el título al cubano. Es también memorable la victoria de Adolfo Horta, fallecido a finales del 2016, en tres divisiones, los 54 kg en 1978, en los 57kg en 1982 y en los 60 en 1986. El balance final de medallas en Campeonatos Mundiales sitúa a Cuba en la cima con 71 de oro, 32 de plata y 25 de bronce, seguido por Rusia (38-31-37) y Estados Unidos (16-9-17).

En la historia del olimpismo Cuba ha obtenido treinta y cuatro medallas de oro, diecinueve de plata y catorce de bronce, sólo superados sus resultados por Estados Unidos.

Con anterioridad aludía a figuras como Teófilo Stevenson y Félix Savón, titulares olímpicos en tres ocasiones cada uno. Sin embargo, es inobjetable la grandeza de peleadores como los bicampeones olímpicos Ángel Herrera, (Montreal 1976, Moscú 1980), Héctor Vinent, (Barcelona 1992, Atlanta 1996), Ariel Hernández, (Barcelona 1992, Atlanta 1996), Guillermo Rigondeaux, (Sydney 2000, Atenas 2004), Mario Kindelán, (Sydney 2000, Atenas 2004) y Robeisy Ramírez, (Londres 2012, Río de Janeiro 2016).

Los resultados en el profesionalismo también se han sucedido en los últimos años. Desde la primera mitad del siglo XX hasta la actualidad, Cuba ha tenido campeones mundiales del boxeo profesional en figuras como Kid Chocolate, Kid Charol, Kid Gavilán, Luis Manuel Rodríguez, José Nápoles, Benny Kid Paret, José Legrá, Ultiminio Ramos, Juan Carlos Gómez, Yuriorkis Gamboa, Guillermo Rigondeaux, Erislandi Lara y Luis King Kong Ortiz.

Este es sólo un breve recorrido por algunos de los principales hitos en la historia del boxeo cubano. Inobjetablemente, el deporte que más medallas aporta a Cuba en todos los niveles de competición.

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