Los arquitectos que dibujaron sueños

Los arquitectos que dibujaron sueños

0

Leticia Rodríguez

Estados Unidos, México, Puerto Rico, Las Bahamas, República Dominicana, Francia, Venezuela… ¡Cuántos países atesoran la impronta de los arquitectos cubanos de la segunda mitad del siglo XX! Es la impronta de los jóvenes profesionales que estudiaron en la prestigiosa Universidad de La Habana y que proyectaron inmuebles por ciudades como Santiago de Cuba, Matanzas y la propia capital cubana para embellecerlas y brindarles el toque de modernidad que la época exigía, competentes artistas que emigraron y que hoy se recuerdan en la exposición “Los arquitectos cubanos en el hogar y el exilio: La generación moderna”.

Mientras observaba cada fotografía, documento, dibujo, plano o maqueta que se ha presentado ante la vista de los espectadores en el Coral Gables Museum de Miami, la emoción edificaba ideas en mi cabeza. Me preguntaba qué hubiera sido de la derruida Habana, por ejemplo, si la historia en Cuba no hubiera tomado ese rumbo tan “singular” desde hace casi sesenta años. El proyecto que en mi mente se trazó, al ver solamente las primeras gráficas, me llevaba a asegurar que la arquitectura cubana se exhibiría hoy a escala vanguardista. Y… respecto a cómo se vería hoy la arquitectura de La Habana, (otra vez) por ejemplo, “otro gallo cantaría”.

Buscando un concepto original que defina lo que para mí siempre será arte, encontré en el sitio web Plataforma Arquitectura lo siguiente:

El arquitecto Philip Johnson declaró alguna vez: “La arquitectura es arte, nada más”, y el ganador del premio Pritzker, Richard Meier, afirma que la arquitectura es, de hecho, “la más grande de las artes”. En 2011, el presidente Obama recalcó que la arquitectura en su máxima expresión se convierte en “obras de arte que podemos atravesar y habitar”…

Son estos, puntos de vista que sirven para situarnos en la Cuba que en los años veinte de la pasada centuria publicaba trabajos de los padres de la arquitectura moderna: Le Corbusier, Frank Lloyd Wright o Walter Gropius. En los cuarenta, el archipiélago antillano recibió la visita el propio Gropius (fundador de la Bauhaus), además de Josep Lluís Sert (célebre arquitecto catalán que sucedió a Walter Gropius como Decano de la Escuela de Diseño en la Universidad de Harvard) y del austríaco Richard Neutra (Medalla de Oro de la Asociación Internacional de Arquitectos). De esta forma, los arquitectos cubanos se veían más influenciados por el movimiento moderno, ya que los mencionados ases de la arquitectura universal dictaban conferencias en la Universidad de La Habana y desarrollaban proyectos en colaboración con colegas cubanos.

En este punto hay que resaltar a los profesionales del gremio, Eugenio Batista y Mario Romañach. De ellos, han comentado los curadores de la muestra:

…Batista […] fue el primer arquitecto en adoptar el movimiento moderno en la isla, a través de la unión de aspectos de la arquitectura tradicional Cubana con la abstracción, simplicidad, economía y los avances tecnológicos en la construcción […] Su influencia daría forma a la arquitectura residencial cubana y proveería de una clara dirección hacia un modernismo que haría uso de la tradición, la historia y la adaptación al clima para representar la modernizada identidad nacional de la isla. La casa de José Noval Cueto (1949) diseñada por Mario Romañach, representa el otro extremo, y a la vez, el ejemplo más internacional de la casa moderna cubana.

El movimiento moderno en Cuba, como versa en la curaduría de la exposición: “…no tuvo impacto en las clases baja y trabajadora. Los gobiernos sucesivos no siguieron ninguna política de vivienda social. Sin embargo, algunos arquitectos […] estudiaron la cuestión con humildad, por lo que se proyectaron apartamentos y casas económicas”.

Al avanzar en el recorrido pude leer que:

Una vez en el exilio, los arquitectos modernistas cubanos abandonan la práctica de modernismo cubano a favor de un estilo regional más aplomado con aspectos modernistas menores que se fusionan dentro del contexto de la arquitectura residencial norteamericana, predominantemente anti-moderno. Una importante excepción es el proyecto no construido de la casa Romañach en Pensilvania, un proyecto audaz que es un intento de síntesis creativa entre Cuba y la costa este de los Estados Unidos.

La exposición ha detallado que las principales ciudades de Cuba, en las décadas de los cuarenta y cincuenta, irrumpieron en un gran proceso de modernización. Qué mejores ejemplos que la sede de Radiocentro (1947), en la mágica Rampa capitalina, o la torre FOCSA, la estructura más alta de La Habana (1953-1956).

A través de toda la ciudad, los primeros rascacielos, junto a una variedad de estructuras comerciales para la venta minorista, vivienda y esparcimiento, encuentran su sitio desde el centro mismo de la ciudad hasta la remota periferia.

Santiago de Cuba no quedó detrás, ya que nada más y nada menos que Mies van de Rohe proyectó un inmueble importante para la Bacardí, pero… “llegó el comandante y mandó a parar”.

Se ha resaltado la Torre Bacardí en Miami, una estructura suspendida y sobre pilotes, con paredes de cerámica a gran escala. En esta creación, se puso de manifiesto la síntesis de las artes. Se combinaron las artes plásticas modernas con la arquitectura moderna y se creó un nuevo tipo de arte público.
Las obras relacionadas con el turismo, a pequeña y gran escala, han tenido su espacio en esta presentación de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Miami. Principalmente desde los Estados Unidos, esta industria se convirtió en una máquina económica para la República. El cine, la música y la danza de Cuba viajaban por todo el orbe y la arquitectura tuvo su símbolo dentro de la modernidad con el diseño del Tropicana de La Habana. Arquitectos norteamericanos y cubanos diseñaron altos edificios para hoteles, como el Havana Hilton (1958) y el Riviera, del mismo año. El Acuario Nacional, por su parte, data de 1959.

Si de turismo se trata, Varadero tiene un distintivo único. Se menciona el Hotel Club Kawama (1957). Otro proyecto ambicioso que no pudo concretarse, por la llegada de la Revolución, fue el del Plan Maestro de Varadero.

Una vez en el exilio, los arquitectos cubanos continuaron manteniéndose activos en el área del turismo, especialmente en la amplia zona del Caribe.

Otra arista interesante en la historia de la arquitectura cubana que no puede estudiarse sin la presencia de los profesionales que vivieron y viven en el exilio, es la de los edificios y espacios públicos. En este sentido, con una expresión muy modernista, el Monumento a Martí (1955) se convierte en el centro de la Plaza Cívica, la que se ve rodeada por los inmuebles donde radican la Biblioteca Nacional, el Teatro Nacional y los distintos ministerios, como el del Transporte, de 1960.

Imponente es el edificio de la Cuban Telephone Company en la calle Dragones de La Habana, de 1956, y el conocido inmueble para la Liga Contra la Ceguera, que se levantó entre 1957 y 1959. En 1958, se inauguró otra obra de gran envergadura, la Ciudad Deportiva y su estadio. En 1959, se publicó el Plan Piloto de La Habana y se diseñó, también, el moderno Palacio Presidencial. Ambas obras, por la fecha histórica, no lograron su realización. De 1959 también es el Banco Nacional de la capital.

Esta sección también incluye la Escuela de Ballet, una de las tres Escuelas Nacionales de Arte construidas en 1961-63 por iniciativa del gobierno revolucionario…

Súmense a todo este despliegue creativo los colegios y edificios universitarios, y también el Teatro Nacional.

Fuera de Cuba, un modelo de adaptación tropical del Brutalismo Internacional son los campus norte y sur del Miami Dade College (1962-1967). Paralelamente, se construían las gradas del Marine Stadium (1962-1964).

En este banquete de testimonios gráficos y documentales que son parte de colecciones públicas y privadas, también estaban presentes, desde su legado, Alejo Carpentier (con su texto La ciudad de las columnas) y Lidia Cabrera (con su Arere Mareken: cuento negro, de 1939). Otro grande que hace entrañable la cubanía fue captado compartiendo con prestigiosos arquitectos: es el caso de René Portocarrero, cuando asistía a una exhibición en el Liceo del Teatro Nacional.

Como amante de la arquitectura y como enamorada eterna de un arquitecto, agradeceré siempre a Victor Deupi (hijo de arquitectos cubanos que, además, estudió arquitectura en La Habana) y a Jean-François Lejeune, curadores de la muestra, por esta reivindicadora propuesta, exposición que reverencia el trabajo de alrededor de una treintena de arquitectos cubanos que construyeron una historia tangible dentro del patrimonio cultural cubano que se ha extendido a todo el mundo. “Es una obra de gran amor y gratitud”.

Lo animo a que se adentre en el tema de la arquitectura cubana y de sus profesionales, quienes acuñaron con mucha originalidad y con marcado espíritu vanguardista la cultura arquitectónica de la isla. Cierre los ojos por un instante, imagine aquella moderna y bella Habana y dígalo con orgullo: los arquitectos cubanos, en casa y en el exilio, fueron genuinos dibujantes de sueños.

Your email address will not be published. Required fields are marked *