La nueva Habana: el plan maestro de Julio César Pérez

La nueva Habana: el plan maestro de Julio César Pérez

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Abel FL Berriz

Para el arquitecto cubano Julio César Pérez Hernández, La Habana es una metrópolis caribeña con (marcadas) influencias europeas. Una metrópolis que, según Pérez, logró salvarse del sobre desarrollo de la segunda mitad del siglo XX. Mientras la mayoría de las ciudades capitales de nuestro hemisferio –vease México DF, Bogotá y otras tantas–, sufrieron un crecimiento descontrolado que, en muchos casos, las hizo perder su identidad, La Habana quedó casi intacta, como un santuario.

Pero, con el paso del tiempo, las mismas fuerzas que la mantuvieron fuera de tal crecimiento desmedido la han condenado también a la decrepitud. La Habana es la ruina de lo que fue alguna vez. Décadas de abandono, por falta de atención y de materiales, a merced del duro clima caribeño y del paso del tiempo, han hecho de La Habana la “metrópolis caribeña”, más que un sitio arqueológico, una montaña de escombros que cae por su propio peso.

El rescate, sin embargo, viene en camino desde hace tiempo. En 1978, el centro histórico de La Habana Vieja fue declarado Monumento Nacional y, cuatro años después, en 1982, fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, el capital donado por organizaciones no gubernamentales internacionales con el fin de preservar y recuperar dicho patrimonio arquitectónico, amén de bien intencionado, no ha sido suficiente para revertir el deterioro del centro histórico. Por otra parte, la antigua ciudad intramuros no es lo único que merece salvarse de una ciudad que cuenta de ya cinco siglos de existencia.

En 1993, el gobierno cubano aprobó una ley que declaraba al centro histórico “área de conservación de máxima prioridad”. Al mismo tiempo, se le concedieron poderes legales a la Oficina del Historiador para desarrollar planes de rehabilitación del área basados en la autofinanciación. Fue entonces que muchos edificios locales, hasta entonces abandonados o que cumplían otras funciones, comenzaron a ser recuperados con el fin de convertirse en centros recreativos para el turismo. Comenzaba entonces una danza de odaliscas cuyo único fin era atraer el capital que, entonces, sólo el turismo podía proporcionar.

A partir de 2001, a la zona priorizada para la conservación se añadieron el Malecón tradicional y el Barrio Chino, con lo cual se extendió el rango de acción de la Oficina del Historiador y de su empeño. Desde entonces, la lucha contra el deterioro ha sido sin cuartel, y, si bien se ha logrado rescatar un gran número de edificaciones, la batalla está muy lejos de haber sido ganada.

El profesor, arquitecto y urbanista Julio César Pérez Hernández concibió su denominado “Plan Maestro para La Habana del siglo 21” en 2001, estando en la Universidad de Harvard, donde ostenta el título de ser el primer –y único, hasta la fecha– cubano Loeb Fellow y lo desarrolló entre 2002 y 2006.

Desde 2007, se ha dedicado a crear conciencia sobre la necesidad de renovación coherente de La Habana, organizando los Talleres Internacionales de Urbanismo de La Habana, en los cuales, junto a otros arquitectos cubanos y extranjeros, para poner a prueba sus ideas. El plan es, en palabras de Pérez, “una visión holística a largo plazo” que defiende la idea de que “la ciudad debe ser soñada, pensada y concebida para un futuro que trascienda cualquier marco temporal”; visión de “una ciudad que respete y ofrezca su pasado y, al mismo tiempo, se mueva hacia el futuro”.

El plan maestro de Julio César Pérez Hernández, por otra parte, debe incluir varios derroteros, algunos de los cuales no han sido considerados a fondo o se han visto estancados en la maraña burocrática.
Desde hace quince años, Pérez delineó su plan, basado en diez elementos:

1. Revitalización de la zona de litoral;
2. Reforzamiento de la estructura poli-céntrica;
3. Renovación del sistema de transporte público;
4. Actualización de la infraestructura;
5. Renovación de la imagen urbana;
6. Incremento del espacio público;
7. Uso mixto de áreas y edificaciones;
8. Integración cultural y social;
9. Revitalización de las Calzadas y vías públicas; y
10. Incremento de las áreas verdes.

Julio César Pérez, además de arquitecto y planificador urbano, ha sido profesor de la carrera de arquitectura en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, de La Habana.

Es autor de los libros Inside Cuba e Inside Havana, ambos publicados por Taschen

El denominado “Plan Maestro para La Habana del siglo 21” es, en palabras de Pérez, “una visión holística a largo plazo” que defiende la idea de que “la ciudad debe ser soñada, pensada y concebida para un futuro que trascienda cualquier marco temporal”; visión de “una ciudad que respete y honre ofrezca su pasado y, al mismo tiempo, se mueva hacia el futuro”.

De acuerdo con lo que Pérez sostiene, La Habana conserva intacto su entramado urbano, lo que la identifica y la distingue. El plan de recuperación del patrimonio arquitectónico de la ciudad debe, por tanto, respetar esa riqueza e imbricar toda renovación en dicho entramado, de modo que la ciudad se modernice sin perder su identidad. Es una tarea titánica, dado que resulta mucho más fácil demoler que reconstruir, pero es el único modo de que La Habana siga siendo esa “joya del Caribe”, la metrópolis soñada por tantas y tantas generaciones de cubanos.

Comments
  • Manuel#1

    March 6, 2017

    Me gusta y me apunto a la tarea,
    Es vital recuperar la Habana
    lugar tan bello, o casi como los que allí habitan
    muchos no cubanos también amamos la isla,
    y soñamos con que su historia no muera

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