José Raúl Capablanca: una jugada para la posteridad

José Raúl Capablanca: una jugada para la posteridad

0

Mylene Hernández

Fue un genio del cálculo y la lógica, pero nunca imaginó que su nombre prevalecería más allá de su tiempo, mucho menos que aparecería tan repetidamente en la web de hoy en día, casi un siglo después de lo que fue su época de oro. José Raúl Capablanca aparece en las búsquedas de internet con trazos que llegan hasta un 100% de interés a nivel global, un porcentaje estimado solamente para temas de actualidad. La simple búsqueda de su nombre en motores como Google arroja más de 973 000 resultados, una muestra también de la gran cantidad de contenido que se encuentra asociado a su figura.

Era imposible que el Gran Maestro, en los inicios del siglo XX, anticipara tamaña jugada, pero tal pareciera un plan trazado cuidadosamente por este numen, amante de las ciencias exactas, con inclinación a los idiomas, que practicó toda su vida la paciencia, el sentido común y el espíritu de conquista frente al tablero del “juego ciencia”. Fue una apertura magistral, de por vida, para evitar el olvido. Lo cierto es que, casi un siglo después de consagrarse como maestro, su nombre continúa vigente en el recuerdo de jugadores y aficionados del mundo entero. La figura de Capablanca se encuentra recogida en documentales, fotografías, historias, biografías e inolvidables jugadas.

Nació con ese don con que solo nacen unos pocos. Tocado por la vara mágica del talento, era capaz de crear jugadas según las circunstancias y no seguía ninguna metodología para la contienda. Poseía un intelecto prodigioso para la estrategia, el cálculo y la lógica y se jactaba de no estudiar sus jugadas de antemano. A la edad de 4 años ya comprendía el ajedrez y era capaz de sugerir modestas movidas. Con una mente que entendía el tablero y la esencia de cualquier posición, fue su propio padre quien, cuando Capablanca contaba apenas la edad de 5 años, lo llevó al Club de Ajedrez de La Habana, donde rápidamente comenzó a superar a los jugadores del lugar.

La aparición de Capablanca en los medios de comunicación comenzó a esa temprana edad. La prensa del momento registró en sus páginas fotografías de las exhibiciones simultáneas de ajedrez donde el pequeño se enfrentaba con varios contrincantes a la vez, práctica que continuaría toda su vida -Capablanca llegó a enfrentarse en simultáneas con hasta 330 rivales-, con solo 4 derrotas. Por sus presentaciones en aquellos primeros años, llegaron a llamarle el Mozart del ajedrez, por la similitud de estas exhibiciones, que recordaban las del talentoso niño austriaco, y que serían su primer paso a una fama que cultivaría durante toda su vida.

Cada paso en la carrera ajedrecística de José Raúl Capablanca parece salido de una historia de ficción creada para entretener. Desde muy joven, recibía ya la atención de la prensa, y sus contiendas eran narradas por las crónicas de época como secuencias de hechos fascinantes. El 17 de noviembre de 1901, por ejemplo, mientras cumplía los 13 años de edad, Capablanca se enfrentaba al entonces campeón cubano, Juan Corzo, durante el Primer Campeonato de Ajedrez de Cuba, con un resultado de 4 victorias, 3 derrotas y 6 tablas. Por este encuentro, y hasta nuestros días, Capablanca sigue siendo el campeón de ajedrez más joven de Cuba.

Su primera prueba de fuego la tuvo en 1906, en el Manhattan Chess Club de Nueva York, donde ya llamaba la atención por su estilo y sus continuos triunfos. Fue allí, en aquel club, donde Capablanca tuvo su primer encuentro importante, al quedar finalista del torneo y enfrentarse al campeón del mundo por esa fecha, Emanuel Lasker. Este sería el primer enfrentamiento de Capablanca con este jugador, aunque no el único que tendría durante su carrera. Varias de las partidas entre Capablanca y Lasker son conocidas como “históricas” y se estudian todavía hoy entre los aficionados del ajedrez. Ganarle a Lasker no era cosa de juego, sino de fina estrategia y mucha energía. El 6 de abril de ese año, Capablanca se impuso y venció, ante el asombro de todos. Cuando finalizó el partido, Lasker estrechó la mano de su vencedor al tiempo que le decía: “Es notable, joven, usted no ha cometido ningún error”.

En los años siguientes a este encuentro, Capablanca descartó totalmente sus estudios y comenzó una gira por los Estados Unidos. Viajó durante los años 1908 y 1909, ofreciendo exhibiciones de partidas por diferentes ciudades con muy buenos resultados y una alta cobertura de la prensa local, que seguía sus pasos emocionada. Esta gira le otorgó suficiente notoriedad al joven José Raúl, al punto de despertar los celos del entonces campeón estadounidense y jugador de la élite mundial, Frank Marshall, quien, por un tema de honor aceptó tener un match con Capablanca.

Marshall fue un jugador de ataque de los más fuertes que ha conocido el ajedrez mundial. Era, sin dudas, el favorito para ganar este encuentro, que se extendió por más de dos meses. Pero el juego del joven resultó indescifrable para el campeón y, el 23 de julio de 1909, José Raúl Capablanca obtuvo su 8va victoria frente a uno de los más sólidos maestros del ajedrez mundial. El “ataque Marshall” le había costado unos 7 u 8 años de estudio al campeón, y Capablanca lo desarmó, dando fin el torneo con un resultado de 8 x 1 con 14 tablas.

Este partido le abrió las puertas a Capablanca a su primer torneo internacional: el de San Sebastián, España, un importante evento en el que se presentaban todos los grandes maestros ajedrecistas de la época. Dos de los jugadores se opusieron a la presencia del joven, quien para aquel tiempo aún no tenía los títulos suficientes dentro del ajedrez mundial. No obstante, con la intervención de Frank Marshall, la organización lo incluyó dentro del programa.

La participación del cubano dio mucho que hablar y fue su lanzamiento mundial como personalidad. Venció el torneo ante maestros como Rubinstein, Vidmar, Marshall, Tarrasch, Schlechter y Maroczy, entre otros, tomando una especial venganza contra sus detractores, Bernstein y Nimzovich, a quienes venció de manera impecable en sus encuentros individuales. San Sebastián le otorgó a Capablanca el título de Maestro y lo elevó definitivamente al plano de los reconocidos.

Su carrera se disparó entonces. Capablanca ganó el campeonato mundial de ajedrez en 1921, frente Emanuel Lasker y lo perdió en 1927 frente a Alexander Alekhine. Estos tres hombres se turnaron la corona mundial durante toda la primera mitad del siglo XX, aunque hay que destacar que, desde 1916 hasta 1924, Capablanca no perdió un solo partido.

José Raúl Capablanca era un hombre culto y educado, un jugador de partidas rápidas que no necesitaba mucho tiempo para marcar una movida, pues conocía de manera natural el juego y era capaz de crear, en su ajedrez, diferentes matices que difícilmente encontraban oposición. Estas características le moldearon una imagen que le hizo muy popular. Para los cubanos, él fue un prodigio de nuestra tierra. Como un conquistador, abrió las puertas del ajedrez en un país que posee una verdadera afición por los deportes. En abril de 1912, salió a la luz el primer ejemplar de la revista Capablanca Magazine, una publicación sobre ajedrez dirigida a fomentar el deporte, muestra de uno de los tantos esfuerzos que hizo el campeón por popularizar este deporte.

Tampoco fue un hombre perfecto. Aunque las narraciones lo encumbran, también se recogen sus defectos de personalidad. El ego era uno de ellos, algo que no es de extrañar en el carácter de un talento reconocido desde tan joven como lo fuera Capablanca. Cubano de pura cepa, solía jactarse con frases que muchas veces fueron mal interpretadas y sacadas de contexto. Él se tenía en alta estima y conocía bien su ingenio, lo que se percibe en frases como: “Yo sé, y los demás ensayan”. Confiaba mucho en su técnica depurada, basada en la comprensión natural que tenía del ajedrez. Para él, bastaba sentarse frente a sus oponentes y enfrentarlos para ganar el partido.

En 1942, Capablanca fue derrotado por un derrame cerebral mientras observaba un partido en el mismo Manhattan Chess Club que lo vio surgir. Murió al día siguiente. El “infalible” partió a la eternidad con solo 54 años. Su legado, sin embargo, no murió con él, y permanece vivo hoy, más que nunca, con la masividad con que aparece su nombre en las redes.

Comments

Your email address will not be published. Required fields are marked *