José Ángel Buesa: “Amamos porque sí, sencillamente”

José Ángel Buesa: “Amamos porque sí, sencillamente”

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Leticia Rodríguez

Nació con un verso encarnado. Le llaman “El poeta enamorado”. Quien nos invita a jugar con la rima se llama José Ángel Buesa, y así empieza su “Poema del renunciamiento”:

Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor y, al pasar,
fingiré una sonrisa como un dulce contraste
del dolor de quererte… y jamás lo sabrás.

Décadas atrás, no sé si era la moda o la sensibilidad o el romanticismo -antes de irse a bolina- nos enamoraban con los poemas de un tal Buesa. Las adolescentes recibíamos postales artesanales, hechas con mucha ilusión por nuestros pretendientes, con los versos de un poeta del que desconocíamos su procedencia. Nos sentábamos en los pasillos de la escuela a la hora del receso a leer las obras que llenaban cada página de nuestras libretas de poemas.

La poesía de lectura fácil entraba directo al corazón de la gente sencilla y, contrariamente a lo que podían opinar los “avezados” críticos literarios, se encendía el alma con el poeta cubano nacido en 1910, en Cruces -un pueblo que hoy pertenece a la provincia de Cienfuegos-, quien comenzó retratando en sus letras la belleza de la naturaleza de su región.

Se me antoja imaginar al poeta del amor tardío, de la despedida, del renunciamiento, como lo describió en una entrevista al diario cubano Juventud Rebelde la poetisa matancera Carilda Oliver Labra (Premio Nacional de Literatura 1997), a quien Buesa apoyó mucho en las cuestiones literarias. Carilda me ha ayudado a visualizarlo:

Buesa era alto y atlético, pero no con esta forma que tienen los gimnastas de músculos machacados por el exceso, sino más bien frescos. Tenía una voz grave, muy cómplice. No era nada orgulloso ni altanero, sino correcto y educado. En los 15 años que duró nuestra amistad pude notar que no se trataba del hombre insinuante y seductor, como en ocasiones lo tildaban sus contemporáneos sin haberlo conocido realmente. También pude comprobar que era muy envidiado y hasta acosado.

Buesa deja, en su poesía sentimental, un hálito de melancolía por el amor que pudo haber sido y nunca fue. Según el sitio www.amor.com, fue el “poeta que ha hecho mejor gala del neorromanticismo americano”. De la misma manera, su nostálgica obra atrapó a varias generaciones de enamorados. Su intensidad y sus excelentes dotes de comunicador lo acercaron más a su público, al que hizo adicto a sus versos. Esta extraordinaria popularidad contribuyó a musicalizar y grabar su producción literaria en cuarenta fonogramas de larga duración, y a llevarla a otros idiomas, entre ellos el chino, el japonés y el polaco.

Entre sus obras se cuentan los poemarios: La fuga de las horas (1932), Misas Paganas (1933) y Canto final (1936). En 1946, publica Oasis (reditado casi treinta veces), Hyacinthus, La vejez de Don Juan y Odas por la victoria. De los años cuarenta: Cantos de Proteo (1944), Lamentaciones de Proteo, Canciones de Adán (1947), Poemas en la arena, Alegría de Proteo (1948), Nuevo Oasis y Poeta enamorado (1949). Poemas prohibidos data de 1959. Pueden encontrarse colecciones de sus poemas en: Doble antología, de 1952 y Los mejores poemas, de 1960. Al pasar de los años, en 1997, aparecen las antologías: Buesa (Editorial Matanzas) y Pasarás por mi vida (Letras Cubanas). Nadie sabe por qué, también de Letras Cubanas, ve la luz en 2011.

La poetisa ardiente de “me desordeno, amor, me desordeno” -militante del neorromanticismo cubano, junto a Gustavo Sánchez Galarraga (La barca sonora, Cancionero de la vida) y a otros- también refería:

Él sabía todo acerca de retórica, métrica, ritmo y rima del verso. Era un hombre instruido, que leía a Shakespeare, a Whitman, a Víctor Hugo y a Rimbaud en sus idiomas originales, y además de poeta fue dramaturgo, periodista, narrador, traductor y guionista de programas de radio. Buesa me hizo amar la Lengua.

Buesa tuvo que abandonar la tierra donde nació, en la que tantos logros y seguidores tenía y en la que le sobraban detractores oficialistas, quienes se referían a él con desdén. Salió del país donde había consolidado su trabajo y había esparcido su temperamento apasionante y apasionado. A partir de ese momento, José Ángel Buesa se convirtió en el poeta cubano olvidado en Cuba, otro que tuvo que marcharse en aquellos tiempos grises que no se quieren recordar.

Con su partida, se llevó la vida en sus poemas para conquistar los corazones en España, El Salvador y República Dominicana. Un interesante artículo de Luis Beiro (periodista, poeta y novelista cubano-dominicano) puede leerse en Listin Diario, a propósito del centenario del poeta cubano. El artículo da a conocer que Buesa es el único poeta hispanoamericano de cuyos libros se han vendido más de dos millones de copias. Otra clara referencia a la discordancia que rodeó la vida del poeta en Cuba -le gustaba a la gente común y le disgustaba a una parte de la clase intelectual. Beiro dice: “Su extraordinario éxito difusivo y comercial le otorgó un exitoso nivel de popularidad muy propicio para la germinación de virus como la envidia o las miserias humanas que, a la larga, lograron hacer diana en él”, y añade: “Rimaba y medía sus versos al estilo de los clásicos del Siglo de Oro español (…) le hizo caso omiso a las corrientes de vanguardias que llegaban de América Latina…”. Luis Beiro lo define como: “Romántico, pero místico; amatorio, pero reflexivo; circunstancial, pero eterno”.

Desde esta “media isla” -como dice el periodista de Listin Diario-, Buesa recibió el amor que necesitaba. Santo Domingo ya le había entrado directo al corazón desde el año 1956, cuando lo visitó por primera vez, al tomar un vuelo desde Santiago de Cuba que lo llevó directo al vecino país caribeño. Y fue allí donde, afirma Beiro, dejó grandes amigos y sus mejores historias. Dominicana lo recibió para siempre desde 1968. Los últimos tres lustros de su vida los compartió entre la redacción de guiones de radio novelas y artículos para periódicos, la edición de una revista (para contribuir al desarrollo de la educación artística de los dominicanos), encargos publicitarios, la docencia en la cátedra de Literatura de la Universidad Nacional “Pedro Enríquez Ureña”… y su poesía. El amor de su gente lo reciprocó con sus ofrendas en versos. El sentimiento del hombre arropado en tierra ajena, el sentimiento de agradecimiento y de sinceridad, hizo que Buesa obsequiara a los dominicanos un canto épico a uno de sus líderes: Juan Pablo Duharte.

Lo cierto es que este autor (a quien muchos consideraban “comercial” y “cursi”) continúa, aún después de su muerte en el exilio en 1982, atrapando corazones. Después de su desaparición física se han editado las antologías: Pasarás por mi vida (1997) y Nada llega tarde (2001).
Algunas de sus obras figuran entre los 100 poemas más leídos en el sitio digital Diario Inca. La lista la comparte con figuras excelsas de la literatura universal, como Gustavo Adolfo Bécquer, José Martí, Rubén Darío, César Vallejo, Pablo Neruda, Lord Byron, Gabriela Mistral, Amado Nervo, William Shakespeare, Federico García Lorca y Antonio Machado, entre otros. En el puesto 20 se encuentra su “Poema de la despedida”; en el 36, “Así, verte de lejos”; el “Poema de la espera” figura en el lugar 39; en el número 42, “Canción para la esposa ajena”; “Elegía para mí y para ti”, en el 69; y, en el escaño 77, “Carta a usted”.

Con profunda melancolía, José Ángel Buesa le escribe a usted, señora, o le habla al amor tardío. Le canta al amor que busca o al amor lejano, al amor loco o al mal amor. Se despide de su amada o renuncia a ella. Le dedica versos al fracaso y escribe un poema a la culpa. El amor eterno se rinde a sus pies, aunque el sufrimiento, la desilusión y la tristeza insistan en convivir con él.

Contra la voluntad popular nadie pudo. Esa siempre manda. Buesa penetró hondo y se coló en la parte sentimental de nuestra identidad. Fue otro que se nos fue, que dejamos ir, y que encontró un refugio de amor en la “media isla” hermana. Pero las que fuimos románticas colegialas y los que nos enamoraron con poemas hoy estamos orgullosos de saber que un cubano universal nos adjudicó su poesía. Ninguno de nosotros la ha podido olvidar, como ningún “avezado” crítico podrá arrancar el amor de unos versos como estos:

Porque, aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
La noche entera es corta para soñar contigo
Y todo el día es poco para pensar en ti.

Gracias, José Ángel Buesa.

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