Gas en los poros

Gas en los poros

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María Esther

El metrónomo marca el paso del tiempo, y mientras la hija camina por el escenario prendiendo velas, la atmósfera se convierte en algo etéreo y surreal. Las caras de nuestras actrices, Daisy Fontao (la madre) y Belkis Proenza (la hija), se ven iluminadas en los reflejos de los espejos, como fantasmas del pasado que aterrorizan cada momento de sus vidas. El dolor es la culpa que ve su propia cara cada día en el espejo. En esta obra teatral, escrita por Matías Montes Huidobro y dirigida por Eddy Díaz Souza de Artefactus Cultural Project, el terror, la tiranía, el sufrimiento, y la opresión, son temas tangibles en un cuento de hadas retorcido.

“Había una vez una madre, una hija, un sótano y un lobo feroz…”

Pero el lobo feroz no es un cuento. No es una leyenda bestial con la cual dormir a tus hijos. Esta pesadilla no es un sueño. El monstro de nuestros más oscuros cuentos infantiles se manifiesta aquí, en la figura del ministro, del alcalde, del gobernador, del senador, del representante y del jefe de la policía. Simplemente, el monstruo es humano. “Gas en los poros” explora, precisamente, cómo el sufrimiento humano –bajo la opresión social, política y personal–, nos puede convertir en bestias impuras que se someten al poder para sobrevivir. El personaje de la madre asume la parte de un dictador casero, un amo cruel que tiene poder absoluto sobre su hogar y su propia hija. Pero ambas son peones en un juego más grande que las atrocidades que ocurren dentro de las cuatro paredes del sótano. Son esclavas de un sistema burocrático y violento.

En el año en que se produjo esta obra por primera vez, Cuba acababa de ser liberada de un dictador injusto y asesino. Era 1961, y el gobierno de Fulgencio Batista recién había sido desmantelado por la revolución Cubana. El escritor Matías Huidobro salía de Cuba, rumbo al exilio, el 27 de noviembre de 1961. El gobierno comunista de Fidel Castro comenzaba a arrastrar a Cuba a la pobreza y al miedo. Aunque el contexto histórico y el lugar influyeron en Huidobro a la hora de escribir sobre la opresión, la obra en sí es una historia universal, que se puede aplicar a cualquier lugar, en cualquier tiempo, bajo cualquier gobierno opresivo. Los personajes son intemporales, la interpretación por parte de las dos actrices es fresca y original. El vestuario elegante, inspirado en la moda de los 60’s, no roba la atención del público, el cual puede sentirse ubicado intelectualmente en el presente. La intrincada escenografía de Carlos Artime nos pone en un lugar entre lo familiar y lo misterioso, entre el pasado y el presente, entre el recuerdo y el olvido. La musicalización de Nelson Jiménez, emparejada con la iluminación de Leandro Peraza, nos pone en un atmósfera donde es difícil distinguir el sueño de la realidad.

Intensa y bellamente producida, “Gas en los poros” es una obra de arte que te deja con mas preguntas que respuestas. Mientras analizaba las complejidades de esta obra enigmática, se me ocurrió una pregunta más para hacerle al autor. ¿Por qué el nombre? “Gas en los poros” es una frase que evoca sensación de claustrofobia y de ser invadido. Por supuesto, es algo que cada miembro del público debe interpretar de su propia forma. Para mí, el nombre me hizo pensar en el gobierno de la Alemania nazi, que acometió la matanza de millones de personas en cámaras de gas. Al hablar con señor Huidobro, sin embargo, se me presentó una perspectiva diferente: al evacuar un lugar donde ocurrieron barbaridades, uno es capaz de sentirse libre. Escapar de los confines del miedo y la opresión es como respirar. Pero no importa cuán profundo respires cuando alcances la libertad. Al final, la culpa se queda, como gas en los poros.

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