Enrique Santiesteban: el alcalde inmortal

Enrique Santiesteban: el alcalde inmortal

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Leticia Rodríguez

Me he convertido en fan del blog de Pedraza Ginori. Descubrí el sitio -como otras mil cosas- estando aquí, en “el país de los malos”. Este “socio”, este “tigre” de la televisión cubana (lo llamo así con todo respeto, porque el mismo Pedraza ha dicho que esos son dos de los mejores calificativos que se le pueden dar) me inspiró a escribir sobre uno de nuestros actores más completos.

Todo comenzó cuando en su blog leí:

Hice varios “Teatro ICR” entre 1967 y 1969. Recuerdo con especial satisfacción la puesta en televisión de la obra del dramaturgo italiano Ugo Betti “Corrupción en el Palacio de Justicia”, con un reparto impresionante encabezado por Enrique Santiesteban, Ángel Toraño y Ricardo Dantés. Nadie, ni artista ni técnico, se equivocó en los 132 minutos que duró la transmisión. Aquello parecía una película. En la última media hora, todos sentíamos lo mismo que un pitcher que va por el séptimo
inning sin permitir que le pisen la primera. Cuando al fin se acabó y la tensión aflojó, nos felicitamos unos a otros, contentos de haber logrado un no hit no run.

El profundo sentido de la cubanía del maestro Pedraza Ginori y su estelar respeto por la profesión, por sus compañeros y por el público lo han convertido en testimonio vivo de una época que fue y que se añora. Y a esos tiempos, que por ley de la vida y del destino insólito que tenemos los cubanos no volverán, pertenece ese coloso de la cultura cubana que se despidió, inesperada e involuntariamente, en 1983: el maestro Enrique Santiesteban.

Pregunte usted a cualquier cubano, de los que “visitaban” San Nicolás del Peladero todos los jueves, sobre Plutarco Tuero. Enseguida le responderán, con carcajada incluida, que durante más de veinte años el alcalde insuperable de los dramatizados cubanos nos colmó de alegrías con su magistral desempeño actoral. No por gusto, este hombre de éxito aún hoy nos invita a beber de su copa para reverenciarlo desde la radio, la televisión y el cine, para aplaudirlo eternamente por su amplísimo registro como artista y como ser humano.

Pero Enrique Santiesteban no se nos quedó grabado en el tuétano solamente por su personaje del alcalde, a quien le dio vida José Manuel Carballido Rey con sus libretos humorísticos y costumbristas desde la década de 1960 hasta el 26 de diciembre de 1983 (los que nos permitían gozar de lo lindo en un pueblo que se recreaba en sus estampas del pasado). La andadura por los senderos del arte de este señor actor es rica y fecunda.

Su voz de locutor se escuchó, desde 1936, en la CMK Radiodifusión O’Shea. Sus primeros “pininos” como actor de reparto los hizo bajo la dirección del también locutor y narrador Marcelo Agudo, en la emisora propiedad de Félix O’Shea. Luego, el cuadro dramático de CMQ Radio se enriqueció con la entrada de Santiesteban. Su Tarzán, acompañado por Marta Jiménez Oropesa (Juana) y por Bernardo Menéndez (Tarzanito) cautivó a los oyentes durante algunos años, en los cuarenta.

Pero, ¿quién se podía resistir a su estirpe de galán? El 1 de abril de 1948 la CMQ comenzó a transmitir El derecho de nacer, obra del santiaguero Félix B. Caignet. La radionovela pionera que rompió records de audiencia a nivel mundial (con un 50.63 %, según la Asociación de Anunciantes) contó con su actuación y, desde sus entrañas -como lo exige la radio-, emergió un inolvidable Jorge Luis Armenteros, caballero de la alta sociedad de principios del siglo XX y mecenas del joven protagonista Albertico Limonta.

Su linaje de primera figura se afianzó en la radio y, así mismo, en el teatro. Su debut sobre las tablas fue con la Compañía de Pepita Díaz. Las fuentes consultadas aseguran que formó parte, además, de las compañías de Manolo Collado, Eugenia Ziffoli, Nicolás Rodríguez y Mario Martínez Casado. Se adueñó de la magia del teatro lírico y del teatro vernáculo. Con Lecuona, por una parte, y con Candita Quintana, Garrido, Piñeiro y Alicia Rio, por otra, impuso su casta.

El manzanillero, quien ya había debutado en el cine, en 1938, bajo las órdenes de William Nolte y Fred Bain, en la comedia musical Ahora seremos felices -de la Compañía Habana Industrial Cinematográfica (CHIC, S.A)-, continuó su paso por el fascinador mundo del celuloide con La canción del regreso (1939), de Max Tosquella y Sergio Miró, Yo soy un héroe, dirigida por Ernesto Caparrós, y Manuel García, el rey de los campos de Cuba, de Jean Angelo, estas últimas de 1940.

Si de cine se trata, seguimos hojeando la historia de la filmografía cubana y la de Enrique Santiesteban. En la década de los cincuenta, la gran pantalla lo registró en La renegada (1951), un filme de 90 minutos en el que compartió junto a Rita Montaner y Gina Cabrera, bajo la dirección de Ramón Peón.

Ángeles de la calle, de la Productora CUB-MEX, S.A. (desde finales de la década anterior las coproducciones cubano-mexicanas eran muy usuales), basada en el guion de Félix B. Caignet y con Agustín P. Delgado como máximo responsable, fue otra de las películas en las que apareció.

A su lista de entregas cinematográficas se suman: Los que no deben nacer (1953) y La mujer que se vendió (1954), otros dramas mexicanos dirigidos por Agustín P. Delgado, salidos también de la pluma del “más humano de los autores”. Otro melodrama cubano-mexicano, estrenado en 1955 y distribuido por Exclusivas Diana, con la firma de Tulio Demichelli, en el que Santiesteban trabajó junto a Jorge Mistral y Maritza Rosales fue Más fuerte que el amor.

Después de 1959, Santiesteban participó en comedias tan populares como Las doce sillas (1962) y Los sobrevivientes (1978), de Tomás Gutiérrez Alea; en la primera, al lado de otro coloso: Reynaldo Miravalles; en la segunda, como patriarca de la familia Orozco, comparte las escenas con Ana Viñas, Germán Pinelli, Carlos Moctezuma, Carlos Ruiz de la Tejera y, otra vez, con Miravalles.

Aventuras de Juan Quin Quín, inspirada en un cuento de Onelio Jorge Cardoso, se llevó al cine con la dirección de Julio García Espinosa en 1967 y las actuaciones de, entre otros, Julito Martínez y Edwin Fernández.

En la década de 1970, Santiesteban trabajó en El jinete sin cabeza, coproducción URSS-Cuba, de Vladimir Vainstock, y en Mella, de Enrique Pineda Barnet.

La versatilidad de este fundador de la televisión en Cuba -actor de carácter a quien se le daban muy bien el humor y la sátira- le permitió deleitar al público con sus presentaciones en “Jueves de Partagás”, en los años 1950. De la misma manera, su profesionalidad lo colocó en los espacios dramatizados de la pequeña pantalla, donde -como dice el periodista Pedro de la Hoz- “brilló de Shakespeare a Tennesse Williams”. En la serie “En silencio ha tenido que ser” no hay quien olvide su personaje de El Canario.

Vale la pena reproducir los datos que Pedraza Ginori aporta en su blog sobre la puesta en escena mencionada al inicio de este escrito, en el esperado Teatro ICR. Pido permiso al maestro Enrique Santiesteban para honrar, también, a muchos de los que, junto a él, hicieron historia en aquella televisión cubana:

23 de junio de 1969
Obra (Autor): “Corrupción en el Palacio de Justicia” (Ugo Betti)
Duración: 2,12 horas
Intérpretes: Alfredo Jorge, Marta Jorge, Enrique Santiesteban, Rafael Linares, Juan Carlos Romero, Ángel Toraño, Ricardo Dantés, Miguel Ángel García Varona, Betty Dolz y Fernando Robles
Escenografía: Ignacio Travieso
Coordinador: Mario Castro
Iluminación: Carlos Lafont
Camarógrafos: Antonio “Loquillo” Gómez, José “Yaki” Ortega, Santa Cruz y Heberto Pedrosa
Adaptación: Ana Goire
Montaje de la obra y dirección de actores: Sergio Nicols
Dirección para televisión: Pedraza Ginori

Del ganador de dos Premios Talía (otorgados por el Patronato del Arte en Cuba) en 1952 y 1953, por su desempeño en las obras “Estuve una vez aquí” y “La luna está azul”, respectivamente, hay mucho que agregar.

Antes de comenzar a desempeñarse como actor, Santiesteban, en 1925, fue parte de la nómina de la Jazz Band que dirigió el famoso cantante y compositor Eliseo Grenet, el padre de la conocida pieza musical “Mamá Inés”. En el libro Un siglo de Jazz en Cuba, de Leonardo Acosta (Premio Nacional de Literatura 2006 y Premio Nacional de Música 2014) puede leerse que esta agrupación actuaba en el Cabaret Montmartre y en el Jockey Club. Junto a Manolo Castro, en el saxo alto; José Ramón Betancourt, en el saxo tenor; Pedro Mercado, en la trompeta y Jorge Bolet, en el piano; Santiesteban participaba como vocalista y tecladista.

Según el sitio solocubanos.com, junto a el comediante Leopoldo Fernández, “Trespatines”, y a Miguel Alfonso Pozo, el muy popular “Clavelito”, el famoso actor Enrique Santiesteban decidió postularse para representante en el Congreso Nacional de Cuba en las elecciones de 1954. Por unanimidad, el pueblo eligió a Clavelito, el autor de la conocida canción que dice: “Quiero un sombrero de guano, una bandera. Quiero una guayabera y un son para bailar”.

Años más tarde, Santiesteban hubiera sido blanco, junto al humorista argentino Pepe Biondi, del secuestro político llevado a cabo el 4 de septiembre de 1958 por el movimiento 26 de julio en La Habana. Los minutos que con anterioridad salió de su casa para el trabajo, antes de que llegara el comando encargado de la acción, fueron decisivos para que no corriera la misma suerte de su compañero. Como escribe Eduardo Vázquez Pérez en su artículo “El día que secuestraron a Pepe Biondi”: “Quizás el popular artista (Santiesteban) nunca se enteró del mal rato que estuvo a punto de pasar”.

Con motivo del centenario del natalicio de Santiesteban, un amigo del artista, Pedro Jesús Herrera Echavarría, nos hizo saber otra de las facetas de Enrique en su blog: “[…] era uno de esos criollos, cubano ciento por ciento, que siempre tenía el chiste a flor de labio, no importa dónde ni cuándo se encontrara con uno”. Pedro Jesús refiere dos simpáticas anécdotas. Más adelante agrega:

[…] después que vino de Moscú, donde fue a filmar una película, le pregunté qué es lo que había llevado a volver a Cuba, a pesar de que muchos decidían quedarse en el primer aeropuerto.
“No puedo vivir sin las palmas, el cielo y el sol cubanos. Cuando demoro mucho fuera, la nostalgia me abate como la peor de las gripes”.

Hace más de 30 años que se ausentó de la escena de la vida este maestro del arte. En la isla, un concurso que premia la actuación en la televisión lleva su nombre. La Cinemateca de Cuba, con motivo del centenario de su nacimiento, proyectó en su sala Charles Chaplin Las doce sillas y El jinete sin cabeza (donde compartió elenco con Eslinda Núñez, Alejandro Lugo y los actores rusos Liudmila Savelieva y Oleg Vidov).

Noviembre de 2015 fue otra ocasión para recordarlo. La galería de la Mediateca de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, en Artemisa, expuso “Cámaras, rostros… ¡humor!”, una expo colectiva de caricaturas que inmortalizó a dieciséis personalidades del cine mundial. Ahí estaba Santiesteban, junto a Clint Eastwood, Humphrey Bogart y Spielberg.

Ahí está el inmortal Plutarco Tuero, oyendo a su Remigia llamar a Agamenón; haciéndole los encargos al guapo Cheo Malanga; protagonizando estampas costumbristas de la Cuba de ayer con Eufrates del Valle, el periodista parcial del diario El Imparcial; con Ñico Rutina, el chulo del pueblo; con el gallego y el sobrín en el restaurante La Flor de Galicia, con las borracheras de Panchón Majagua.
Enrique Santiesteban sigue siendo el alcalde perpetuo de aquel pueblo que, muchos años atrás, abrió sus puertas a los cubanos para encajarse en nuestro imaginario popular con su clásica frase: “¡Qué dura, chico, pero que dura es la vida de un alcalde!” Ahí está él, en el sitio reservado para los grandes. En el corazón abierto de toda su gente, como parte de nuestra identidad, remarcando el carácter nacional de su legado.

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