Arechabala, sinónimo de Havana Club

Arechabala, sinónimo de Havana Club

2 views
0

Mylene Hernández

En la historia empresarial de Cuba, son varios los nombres que se distinguen por su visión, persistencia y éxito a lo largo del tiempo. En ese catálogo de emprendedores, uno de los que destaca es, sin dudas, la familia Arechabala, hasta nuestros días recordada principalmente por la marca emblema de sus productos: el ron Havana Club.

Corría el año 1878, cuando José Arechabala Aldama, un inmigrante español, fundó “La Vizcaya”, una humilde destilería en la ciudad de Cárdenas, Matanzas. Don José había llegado a Cuba siendo adolescente y, con el empeño y la fuerza que poseen los emigrantes, comenzaría su propio negocio apenas unos pocos años después de su asentamiento en la isla.

Vista del patio central de la planta, con la torre estacionada

Vista del patio central de la planta, con la torre estacionada

La Vizcaya, en aquel primer tiempo, era un modesto alambique sito en la naciente ciudad de Cárdenas, lugar que Don José escogió para echar raíces, motivado por el crecimiento de esta pequeña comarca que poseía su propio puerto y un joven ferrocarril que la conectaba con el país entero y con el mundo exterior a la vez. La Cárdenas de aquellos años era un próspero poblado con visos de ciudad que poseía una importante actividad económica.

En este ambiente tan propicio, la empresa creció sin trabas durante años, produciendo disímiles productos de destilería. En la década siguiente, la compañía produciría y vendería sin problemas, al punto de poder sobrevivir el desastre que les provocó un huracán que en 1888 arrasó la región y que le costaría a la empresa la excesiva pérdida de más de 50 mil pesos.

Pero, ya a los inicios del siglo XX, eran una industria reconocida en Cuba. En el año 1921, la compañía fue incorporada para siempre bajo el nombre de José Arechabala, S.A. Aunque Don José se convirtió en su primer presidente, él ya estaba muy mayor, y fue su yerno, José Arechabala y Sainz, quien se convertiría en el primer “director” y responsable de mantener la continuidad de la compañía.

Don José murió solo dos años después, el 15 de marzo de 1923. Su muerte, como una maldición, marcó el inicio de una terrible secuela de tragedias que afectó a la familia y a la compañía. En 1924, unos extorsionistas, tratando de obtener una recompensa, asesinaron a José Arechabala y Sainz, el sucesor del patriarca. Solo dos años después, la familia fue nuevamente víctima de los delincuentes, cuando fue asesinado otro yerno, Gabriel Malet y Rodríguez, quien había sucedido al primer sucesor. Más tarde, la hija de Don José, viuda del yerno asesinado, también fue víctima de secuestradores, aunque estos fueron finalmente capturados por la policía de Cárdenas, quienes, en una operación secreta.

Con la seguridad amenazada en Cárdenas, y no sintiéndose seguros en Cuba, la mayoría de los herederos de Arechabala se fueron a vivir a España. Aunque algunos regresaron a Cuba más adelante, la mayoría quedó residiendo en la Madre Patria, una tierra más tranquila donde recibir los dividendos de los productos y las operaciones de la industria familiar.

José Fermín Iturrioz y Llaguno, "Josechu", presidente de José Arechabala S.A., acompañado por el personal de la fábrica

José Fermín Iturrioz y Llaguno, “Josechu”, presidente de José Arechabala S.A., acompañado por el personal de la fábrica

La compañía fue manejada entonces por José Fermín Iturrioz y Llaguno, “Josechu”, un ahijado de Don José. El joven se había iniciado en la compañía desde abajo y terminaría siendo la figura que llevó a las empresas Arechabala al próximo nivel económico. Este joven uniría talento con un brillante ingeniero llamado Manuel F. Arias, con quien elevó la compañía al estatus de imperio dentro de la economía cubana de aquellos tiempos.

La compañía José Arechabala S.A. contaba con los equipos más modernos del mercado para la producción. Poseían instalaciones “al día” para la fermentación, producción, almacenaje y logística de sus productos. Tenían enormes almacenes para guardar los azúcares crudos y refinados, refinerías y destilerías donde producían alcoholes, mieles, siropes y confituras, así como un producto que llamaban “mofuco”, un magnífico carburante que comenzaron a producir en el año 1932. Contaban también con su propia terminal marítima, donde disponían todas sus exportaciones.

Departamento de embalaje del ron Havana Club

Departamento de embalaje del ron Havana Club

El 19 de marzo de 1934 inauguraron una nueva fábrica, sería la encargada de poner en el paladar del mundo el nuevo producto de la compañía: el aún famoso y polémico ron Havana Club. Industrias Arechabala se convirtió en el empleador más grande de la ciudad de Cárdenas y en una de las compañías más importantes de toda la isla.

Josechu Iturrioz consideraba a la fábrica como “su casa”, y como tal la trató. Era un hombre honrado, emprendedor, con una alta calidad humana, que durante 50 años le dio prestigio, seriedad y honor a la firma Arechabala, convirtiéndola en la historia de éxito empresarial que fue.

Con la llegada de la Revolución a la isla, en 1959, las industrias Arechabala fueron confiscadas por el gobierno. La familia abandonaría el país sin recibir compensación alguna por sus propiedades. Sin activos en otras partes del mundo, la compañía se vio obligada a abandonar su producción.

En el año 1976, el gobierno de La Habana aprovechó la coyuntura de que la familia Arechabala no había renovado el registro de su marca Havana Club, vencido en 1973, y la registra a su nombre. Esta es la razón por la que Cuba, junto a la empresa francesa Pernod Ricard, vende los productos de Havana Club a nivel internacional, excepto en los territorios de los Estados Unidos, donde es Bacardí quien vende su línea de Havana Club, ya que, en ese mismo año, la familia Arechabala le vendió los derechos sobre la marca y la receta original a este grande de las bebidas. Bacardí aún disputa con el gobierno de la isla la legitimidad y los derechos sobre Havana Club en las cortes norteamericanas, mientras produce y vende, por su parte, una versión de este ron, basado en la receta original de la familia.

No obstante haber desaparecido del espacio público y comercial, la familia Arechabala y su historia de éxito empresarial quedarán para siempre en la memoria popular de nuestra gente. Tanto es así, que se cuenta que la popular frase cubana “vivir como Carmelina” proviene de aquellos años en Cárdenas, y que hace referencia a quien fuera una de las descendientes del famoso clan: Carmelina Arechabala.

Your email address will not be published. Required fields are marked *