El Búnker

El Búnker

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Maria Esther

Cuarenta años después de graduarse de la Academia de Bellas Artes San Alejandro, en la ciudad de La Habana, Cuba, un grupo de artistas se reúnen en “El Búnker” para compartir arte y alegría. La galería “El Búnker” es un “Easter egg”: un tesoro escondido detrás de la modesta puerta de un contenedor.  Al entrar, te sumerges entre voces cubanas, altas y alegres, que inundan el estrecho espacio. “El Bunker” es un lugar donde uno casi no puede oír sus propios pensamientos; sin embargo, es una zona que vigoriza la creatividad y que inspira a los artistas a compartir ideas y nostalgias. Entre los que se han reunido en esta ocasión, hay pintores, fotógrafos, escultores y artistas digitales, nacidos todos en Cuba y establecidos en varias partes del mundo.

El pintor expresionista Raúl Proenza, nacido en Miami, encontró este espacio localizado en 10890 Quail Roost en Cutler Bay. Según Proenza, tanto jóvenes como mayores disfrutan en este lugar, “porque es un espacio alternativo, no es realmente una galería formal, es más bien una oportunidad para compartir además del arte, la amistad, las ideas, los recuerdos”.

El Búnker es un lugar poco convencional, y en la inauguración de esta exposición se puede disfrutar, además, de un ambiente familia. El pequeño contenedor está lleno de vida, afecto y emociones. Las propias obras de arte reflejan que han sido seleccionadas precisamente para combinar con esta fiesta visual. Están tan vivas y llenas de color que parecen invitarte a tocarlas. No es difícil comprender como estos artistas, después de compartir cuatro años en la Academia de San Alejandro, puedan reencontrarse para crear esta expo diversa y llena de amor. Son muchas las vivencias y recuerdos que quieren compartir.

“La importancia de la exposición es que todos los que estábamos ahí éramos amigos. Aparte de artistas, éramos amigos y estuvimos cuatro años en la escuela juntos, y de ahí nació una gran amistad que ha durado 40 años. Nunca se había hecho algo así como lo que logramos hacer con esta exposición. Decidimos hacer algo entre todos, en nombre de la amistad y en nombre del arte”, dice Raúl Proenza.

Quería hablar con otros artistas sobre el significado de esta expo después de tantos años. César Beltrán, pintor y diseñador grafico establecido actualmente en Phoenix, Arizona, después de haberse ido de Cuba hace 25 años, me dice que: “Ha sido sobre todo un encuentro de amigos, pero se nos ha ido de las manos, porque lo que pensábamos que iba a ser solo eso, se ha convertido realmente en un evento de artes visuales”. Para Beltrán, es una oportunidad muy especial porque es la única exposición colectiva que ha compartido con verdaderos amigos. “Mi vida profesional es muy larga y he expuesto cientos de veces. Pero nunca con esta emoción. You know what I mean?”

Y, en palabras de Eliseo Valdés, escultor y pintor que vive en Cuba actualmente, “esta exposición es muy importante para todos nosotros porque es un reencuentro de amigos que estudiamos juntos y que casi todos están viviendo en otros países.”

Los artistas cubanos que participan en esta exposición residen en diversos lugares, Estados Unidos, España, Francia, Republica Dominicana, México, etc. El recuentro con muchos de estos amigos ha sido algo muy emotivo para Valdés. “Yo siempre quería exponer con mis amigos, y no había podido porque viven en otros países. Ahora esos deseos que tenía como persona y como artista, se han realizado”.

Estos artistas, además de la amistad que los une, tiene muchos puntos de contacto en el plano estético y esto se puede apreciar a través de la obra de todos ellos.

Al mirar a mi alrededor en “El Búnker”, me alegró ver a muchas personas jóvenes apreciando el trabajo de este grupo de amigos cubanos. Se me ocurrió preguntarle a Proenza por qué es importante que los jóvenes aprecien y valoren el arte.

“Yo pienso que el arte es algo que siempre es positivo. El arte te ayuda a entender muchas cosas y te ayuda a ver la vida de una manera diferente. Yo creo que es importante involucrarse con el arte, porque esto te ayuda en otros aspectos de la vida”.

Al respecto, añade Beltrán: “Mi hija se siente muy estimulada cuando va a exposiciones. Tiene 14 años y, a medida que asiste a más exposiciones, más cariño le toma a estudiar la carrera de su padre y de los amigos de su padre”.

Beltrán, quien demostró una aptitud para la pintura a muy temprana edad, ha pasado más de 40 años dedicado al “humble path of painting.” “I love it,” dice, “I am a starving artist, pero no lo cambiaría por nada.”

Es precisamente esta entrega al arte lo que se celebra detrás de las puerta de El Búnker, cubiertas sus paredes, esta noche, por cuadros y esculturas, pero repleto, sobre todo, por abrazos cálidos, por la algarabía de lindos recuerdos y por brindis de agradecimiento y por los nuevos planes.

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