De Cuba a la cima del Himalaya

De Cuba a la cima del Himalaya

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Mylene Hernández

En su cuenta de Facebook reza la frase en latín: “Aspera ad astra”, “A través de las dificultades, hasta las estrellas”, una antigua consigna de quienes claman por la conquista de lo infinito sin importar sus consecuencias.

El pasado mes de diciembre, el Dr. José A Soto, un cubano de esos que marcan la historia, hizo cumbre en la cima del monte Kala Pattara, a los pies del Everest, alcanzando la marca de 5 643 metros de altura sobre el nivel del mar. Siendo el ascenso más alto realizado por un cubano y el único representante del país, según conocimiento, que haya enfrentado ese desafío.

El Doctor José Antonio Soto ya era conocido por sus intervenciones sobre medicina en los programas de habla hispana de la televisión en Miami. Varias veces ha compartido sus opiniones, siendo un médico reconocido dentro de la comunidad. Este hombre colocó la bandera cubana en el sitio más alto del planeta tierra, donde llegó al cumplir un reto personal y como parte de una investigación médica.

Los escaladores deben enfrentar situaciones extremas en busca de la cima: los vientos son constantes y en la montaña las tormentas, sin previo aviso, provocan desprendimientos de hielos y piedras durante el ascenso. Las rutas trazadas son muy peligrosas, pendientes por momentos y resbaladizas, transformando el viaje en un reto constante, imposible de predecir y solo sorteables para montañistas especializados.

Es una prueba para valientes y disciplinados, ya que la preparación física y psicológica es un componente importante en el ascenso. Allí, hasta los mejores entrenados se han visto vencidos alguna vez por edemas pulmonares u otras afecciones impredecibles para deportistas de elevada capacidad y preparación. Por este motivo, el Dr. Soto aprovechó la expedición para desarrollar un conjunto de investigaciones médicas en el área de la resistencia física y sobre el impacto de las alturas en el cuerpo humano. Reconoce haber realizado importantes observaciones sobre el ritmo cardiaco y cómo los alpinistas pueden utilizar con mayor eficacia la fuerza física durante la subida, cuando la presión atmosférica compromete la frecuencia de los latidos del corazón.

En el Everest todo es extremo y quienes llegan hasta allí, sea cual fuere el motivo, lo hacen imbuidos por un deseo que supera el ego mismo. Dicen quienes lo han realizado, que la verdadera conquista es la paz que consigues en esas laderas. Es el encuentro con uno mismo en un lugar hacia donde no vuelan ni las aves. Una importante experiencia entre la soledad de un hombre, que no es nada frente a la magnitud de un universo gigante y poderoso.

Para José Antonio el viaje comenzó con el simple reto de sus hijos, mientras miraban en familia la película Everest.

–Ni se te ocurra papa, que ya estas muy viejo para eso –le dijeron.

Las palabras movieron su fuero interno. Luego, la integridad de un hombre, su entrenamiento, disciplina y rigor, hicieron el resto.

El 25 de diciembre del 2016 el Dr. Soto pisó la cima de la base del monte Everest o base Kala Patthar. Fue acompañado y seguido a través de las redes sociales, desde donde desconocidos y amigos le alentaron en cada fase del desafío hombre-naturaleza.

José Antonio Soto escaló al punto más alto que ha llegado un cubano en la tierra: 5 643 metros de altura y con su orgullo patrio a flor de piel alzó allí nuestra bandera. Según cuenta en una de sus entrevistas el Dr. Soto, los símbolos patrios que lo acompañaron fueron su inspiración psicológica y guía espiritual para conseguir la cima.  En un video en YouTube se lo puede ver cantando el himno nacional cubano, mientras coloca una placa recordatoria para la posteridad, una marca también para futuros retadores, y dedica su ascensión al pueblo de Cuba y al pueblo de Miami con la voz entrecortada por la falta de oxígeno, pero una inmensa sonrisa de satisfacción, de quien sabe que ha ganado la gloria y el podio de los grandes conquistadores.

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