Cuba: Los apóstoles del béisbol

Cuba: Los apóstoles del béisbol

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La pelota es redonda y los hombres la buscan

gastan complacidos la noche tras su cuerpo

(Fragmento poema Amado del Pino)

I

En ocasiones me pregunto cuándo comenzó mi pasión por el béisbol. A veces pienso que llegué a la vida codificado por el amor a un deporte que vive en cada cubana y cubano.

Durante la niñez mis padres me reiteraban a diario la misma pregunta:

_ ¿Qué vas a ser cuando seas grande?

Y mi respuesta era invariable.

_Yo, pelotero.

En ese momento mi madre ripostaba deshaciéndose en explicaciones, para intentar demostrarme que ser pelotero no era una profesión. Pero los argumentos para un niño de cuatro años eran poco convincentes. Por eso nací y moriré pelotero. Aun cuando la vida me haya llevado a transitar por la medicina, la ingeniería, el periodismo o el mundo de los audiovisuales. Se puede cambiar de profesión, pero no de pasión. Siendo esa una condicionante primigenia que le permite al béisbol arrastrar a miles y miles de personas, cualidad que lo convierte en un deporte espectáculo. Según Leonardo Padura, la relación del cubano con el béisbol es casi tan vieja como la conciencia de nacionalidad insular y, por cierto, forma parte decisiva de su identidad1. Por ello, se erige como un fuerte núcleo que expresa la nacionalidad cubana y en el período republicano (1902-1959) alcanza la categoría de deporte nacional.

II

El béisbol cubano es portador de una coherente historia. La práctica de esa actividad deportiva, proveniente de los Estados Unidos, se ubica entre los años 1864-1866. En el país norteño se jugó el primer partido oficial el 19 de junio de 1846 e intervinieron los Knickerbockers y los Knicks2. Los hermanos Nemesio y Ernesto Guilló, junto a Enrique Porto, fueron los pioneros de ese deporte en Cuba. Ellos iniciaron estudios en 1858 en el Springhil College de Mobile, Alabama, y desde allí llevaron a nuestro país los primeros implementos deportivos. Némesio Guilló, aseguró, que fue él quien trajo en su baúl de colegial un bate y una pelota desde el país norteño3.

Los primeros años sólo se practicó town ball o fongueo. Se debió a la carencia de implementos deportivos que existía en Cuba. Sin embargo, a finales de la década de los años sesenta y setenta, en las ciudades de la Habana y Matanzas, ocurre un boom beisbolero. La periodicidad de los juegos, cimentó la adaptación del béisbol al escenario cubano.

En 1868, según el historiador Raúl Diez Muro (1908), trasciende la fundación del equipo Habana. Sus integrantes provenían, sobre todo, de colegios estadounidenses. Aun cuando este no fue el equipo Habana que hizo historia en el béisbol cubano, su base fue la misma. Los futuros habanistas estuvieron presentes en setenta y un campeonatos, siendo treinta veces los ganadores. Una somera mirada al staff de ese equipo, nos descubre a patriarcas del béisbol cubano como Esteban Bellán, primer cubano y latinoamericano en jugar Grandes Ligas (1871-1873), junto a Emilio Sabourín, Rodrigo Saavedra, Francisco Saavedra, Manuel Cadajal, Manuel Landa, Roberto Lawton, Ricardo Mora, Nemesio Guillo y Beltrán Senarens.

 

Sobre el primer juego oficial celebrado en Cuba se cierne una gran polémica. Durante años se legitimó la fecha del domingo 27 de diciembre de 1874, en el Estadio Palmar de Junco, en Pueblo Nuevo, Matanzas4. El calificativo obedeció a la referencia realizada por Wenceslao Gálvez y Delmonte en su libro Historia del Béisbol en Cuba (1899). En ella publica una reseña de Henry, seudónimo de Enrique Fontanills, fechada el 31 de diciembre de 1874 en El Artista. Allí describe un juego efectuado entre el Habana y un equipo matancero, que culminó con cincuenta y una corridas, así se nombraba a las carreras, por nueve, a favor del Habana. A las cinco y treinta y cinco de la tarde de ese día, el árbitro Juan Tregeni, anuncia que queda suspendido el partido por problemas de iluminación.  En el juego se destacaron dos excelsas figuras del béisbol cubano de la época: Esteban Bellán y Emilio Sabourín. Sabourín no sólo se destacó como pelotero, sino como patriota, al morir en cárceles españolas. De él dijo su compañero de cautiverio Juan Gualberto Gómez: amó tres cosas en la vida: Cuba, su familia y el béisbol.

Como exponen algunos de los más connotados estudiosos del béisbol cubano, parece alejado de la realidad que el juego efectuado en diciembre de 1874 sea el primero con carácter oficial en la historia de Cuba. El Dr. Félix Julio Alfonso López subraya: La referencia más antigua aparecida en la prensa cubana sobre un juego de pelota, se refiere al enfrentamiento entre jóvenes del comercio habanero y estadounidenses radicados en Matanzas, el 2 de septiembre de 1867, también en el Palmar de Junco, y el juego quedó empatado5.

A una década de creado el equipo Habana se funda Almendares. Fue una iniciativa de los hermanos Carlos y Teodoro Zaido. Las características de este club fueron muy similares al Habana y lo conformaban jóvenes formados educacionalmente en Estados Unidos. La rivalidad entre Habana y Almendares fue clásica. Los Alacranes participaron en setenta y un campeonatos cubanos, siendo campeones en veinticinco. Desde 1944 la novena alcanza una gran prosperidad, cuando importantes figuras del Vedado Tennis Club adquieren su control. Entonces, ganan invictos la primera serie del Caribe, jugada en La Habana, en febrero de 1949.

La existencia de estos dos equipos insignias, sienta las bases para disputar el primer campeonato, en 1878, con la intervención de Habana, Almendares y Matanzas. Algunos historiadores advierten, sobre la coincidencia histórica del inicio de la primera serie cubana con el año de la firma del Pacto del Zanjón. El primer juego fue el 29 de diciembre y finalizó con victoria para los leones del Habana sobre los alacranes del Almendares, con un cerrado marcador de 21 carreras por 20. El Habana, dirigido por su receptor Esteban Bellán, ganó invicto la serie. No fue hasta el 4 de enero de 1880, durante el segundo campeonato, que Almendares logró el primer triunfo de su historia contra el Habana. En esa ocasión se incluyeron los equipos de Colón, Habana, Almendares y Progreso.

El Almendares construyó su estadio en el barrio del Cerro o Tulipán, históricamente conocido como Almendares Park, que duró, incluida su reconstrucción tras el paso del ciclón del 26, hasta los años veinte del pasado siglo. Mientras, el del Habana, estuvo en la zona del Vedado. Durante décadas el Palmar de Junco, el Almendares Park y La Tropical, escenario del primer juego nocturno el 21 de diciembre de 1937 entre Almendares y Marianao, fueron los principales estadios cubanos. El 26 de octubre de 1946, queda inaugurado el Estadio del Cerro. El gran Amado Maestri, al conjuro de play-ball, insertó en el escenario beisbolero cubano una instalación con capacidad, en ese momento, para treinta y un mil aficionados, que emulaba con las edificaciones más modernas de su época.

Desde finales del siglo XIX hasta inicios del veinte, se suceden acontecimientos que marcan la historia del deporte nacional cubano. En 1880 el club de Grandes Ligas Los Gigantes de Nueva York visita Cuba, una década después se conforma el primer equipo profesional del país: El Águila de Oro. El campeonato de pelota cubano no estuvo exento de grandes sucesos: en 1928 Jimmy Bell conecta tres jonrones en un juego, Alejandro Oms, en 1928, conecta hits durante treinta partidos consecutivos, en 1942 Ramón Bragaña hilvana un récord de treinta y nueve entradas sin permitir carreras, los dos triunfos en tres días del zurdo Max Lanier o los 16 cuadrangulares conectador por Lou Klein en 1953.

Durante setenta años el béisbol profesional se impuso en Cuba. La recurrencia a los rojos del Habana- La leña roja tarda, pero llega-, los azules del Almendares – El que gane al Almendares se muere-, los verdes de Cienfuegos -El paso del elefante es lento, pero aplastante- o los naranjas de Marianao, quienes no tenían slogan, era obligada, siendo representados por el león, el alacrán, el elefante o el tigre. La rivalidad entre el Habana y el Almendares fue histórica.

En el siglo XX cobra auge el amateurismo, estableciendo un coherente binomio con las prácticas profesionales. Selecciones amateur como Libertad, Patria, Demajagua, Patriota, Independencia, cuyos nombres denotan raigambre patriótica, irrumpen en el universo beisbolero. Corporaciones como la Cuban Telephone Company, el Club Ferroviario, la Cuban Electric Company, Partagás y la Corona, organizan equipos que servían a los intereses de las compañías. Se incrementan las ligas: a la profesional, se suman, la semiprofesional, la Social, Interprovincial, la Liga del Comercio, la de los Mineros y la Liga Azucarera5.

Los campeonatos de la Liga Azucarera cubana comenzaron el 20 de octubre de 1908. Fueron iniciativa de José Caridad Méndez, el Diamante Negro, como lo bautizó el cronista deportivo Víctor Muñoz. El juego inaugural se realizó en el Central Stuart y los partidos se desarrollaban durante el llamado tiempo muerto de la zafra, lo que ofrecía a los jugadores la posibilidad de obtener ingresos en la etapa. Las disputas servían, además, como mecanismo de entretenimiento para quienes se dedicaban al rudo trabajo del azúcar. La rivalidad entre los diversos centrales trascendió, ejemplo de ellas, fue la existente entre Delicias – Chaparra, Senado – Lugareño y Hormiguero – Soledad. Figuras como Orestes Minnie Miñoso, Tony Taylor, Miguel Mike Cuéllar y Pedro Gómez, se formaron en esas ligas antes de obtener realce internacional.

Sin embargo, los atletas negros, de idéntica o superior calidad, debieron conformarse con bochornosos elogios, como el realizado por Joe McGraw, a la sazón manager de los Gigantes de Nueva York, quien, en visita realizada a Cuba, al ponderar las cualidades del lanzador José de la Caridad Méndez dijo: Si pudiera pintar a ese negro con cal me lo llevaría ahora mismo. En el tema, trascendente no sólo para la pelota cubana, sino estadounidense, me detendré más adelante.

El béisbol cubano vive un momento cumbre en la década del cuarenta. Lo hizo, tanto en la liga amateurs como en la profesional. La rivalidad de un Habana, dirigido por Miguel Ángel González, y de Almendares, por Adolfo Luque, marcan una época. A ello se suma, la presencia cubana en los campeonatos mundiales amateurs, con victorias consecutivas en 1939, 1940, 1942, 1943. Figuras como Conrado Marrero, Julio el Jiquí Moreno, Natilla Jiménez, Andrés Fleitas, Juan Ealo, Daniel Parra, Isidoro León, Francisco Quicutis, entre otros grandes jugadores, invaden los terrenos de juego. Algunos de ellos representaron a Cuba en el mundial de 1942, un equipo que fue considerado el mejor amateur de ese decenio.

Desde la segunda mitad del siglo XIX hasta este momento largo había sido el bregar beisbolero. Pero retomando a Eladio Secades: El béisbol tiene la culpa de que no acabe de cumplirse la sentencia de que Cuba es el país del choteo. Lo sería si no tomamos el béisbol tan en serio. En Cuba, se construye una visión de presente y futuro, de devenir histórico, que entrañaba una posición de extrañamiento hacia lo que no queríamos ser, condicionante primigenia para la percepción de un horizonte, que, a esas alturas, era imposible construir sin el béisbol.

III

España no era un referente deportivo para Cuba. El atraso que poseía el país ibérico, lo situaba a la saga de Europa en la práctica de ejercicios físicos. Súmese que el decreto dictado en 1818, garantía del libre flujo de mercancías y personas, sobre todo desde y hacia Estados Unidos, aporta nuevos horizontes. A ello se suma, el acelerado proceso de urbanización que se desarrolla en el país.

En la primera mitad del siglo Francia deviene paradigma deportivo y artístico para la isla antillana. La esgrima adquiere relevancia, sobresaliendo entre las capas más adineradas. Sin embargo, la sociedad estadounidense se convierte en referente, marcando una nueva forma de diseccionar la realidad y de expresión en pleno proceso de construcción de la nacionalidad cubana.

Los jóvenes ilustrados de la segunda mitad del siglo XIX, en ese contexto, se apropian del béisbol. Este deporte se convierte, junto a la música, en portador de resistencia cultural y política. Aun cuando se cuestiona su legitimidad, es recurrente que se aduzca un edicto decretado por Francisco de Lensurdi, Capitán General de la Isla de Cuba, donde prohíbe la práctica del béisbol al calificarlo como un juego antiespañol y de tendencia insurreccional, contrario al idioma y que propicia el desamor a España.

En la obra La gloria de Cuba. Historia del béisbol en la isla, escrita por el profesor de la Universidad de Yale Roberto González Echevarría señala: El béisbol se jugaba en desacato a las autoridades españolas, que consideraban el invento norteamericano como una práctica algo separatista y sumamente peligrosa debido al uso de bates. De hecho, en 1869, poco después de que comenzara la Guerra de los Diez Años, las autoridades coloniales dictaron un bando y a través de él prohibían jugar a la pelota6. Al abordar el tema agrega:  Alguna vez los muchachos tuvieron que huir de la policía o de los centinelas que montaban guardia en las fortalezas que rodeaban la ciudad. Estos adolescentes estaban orgullosos de la modernidad y el exotismo del deporte que practicaban.

El desarrollo del béisbol no recibe una fuerte oposición de las lidias de toros, las peleas de gallos, o del fútbol, calificado este último por los españoles como Rey de los reyes. Wenceslao Gálvez y Delmonte, a quien cite con anterioridad, sentenció: el ground del Base Ball en Cuba desaparecerá después de las vallas de gallos y el redondel de la plaza de toros, porque se ha arraigado en esta tierra de una manera firme, como lo comprueban los cientos de clubs que se organizan constantemente en casi toda la isla7.

Desde la década del sesenta de ese siglo es marcada la deslegitimación política, económica y cultural de España. El poeta gallego Manuel Curros Enríquez se percata de eso y dice: Cuando un pueblo es influido por otro hasta dejarse arrebatar sus juegos de la infancia y juventud, ¿qué puede quedar de él que no esté dominado?(…) por eso la pérdida de la soberanía española en Cuba no data de 1898. Es muy anterior (…) He aquí por qué la popularidad del béisbol me advirtió que, si no de un modo formal, virtualmente, al desembarcar en Cuba me hallaba en tierra extranjera7

Las polémicas beisboleras se pueden testimoniar en las publicaciones de esa época. En ellas intervienen figuras como Enrique José Varona, Julián del Casal, Bonifacio Byrne, Justo de Lara y hasta a José Martí, quien en las crónicas escritas en Nueva York alude, de modo reiterado, aunque sin profundidad en su abordaje, al béisbol:..¿qué peloteros ganaron, los de Nueva York, que tienen el bateador que echa la pelota más lejos, o los del Chicago, cuyo campeador es el primero del país, encuclillado fuera del cuadro, mirando al cielo, para echarse con ímpetu de bailarín a coger en la punta de los dedos la pelota que viene como un rayo por el aire?8

El béisbol y la música se erigen como expresiones contrapuestas a la hegemonía española. Ellas tributan al proceso de conformación de una esfera pública independentista y a la construcción de una memoria nacional. Enrique José Varona disecciona la relación entre el danzón, baile de raíz africana y el béisbol, cuando subraya: nuestro progreso será cierto, indiscutible, el día que entre nosotros el buen sportman haya destronado al buen bailador. Pero la praxis evidencia que no se trata de una contradicción, sino de confluencia, pues pronto ambos reclamarían ser situados en el panteón nacional, aun cuando el béisbol mantenga su lozanía, no exenta de recientes avatares, y la condición de baile nacional del danzón sólo pervive en el imaginario de los estudiosos de la música e integrantes de un grupo selecto perteneciente a la tercera edad9.

En esta primera etapa el béisbol deviene fenómeno de élites, excluyendo a las capas urbanas pobres, a los esclavos emancipados, negros libres. Pero del mismo modo que el discurso cultural de los descendientes hispanos fue invadido por los criollos, los afrodescendientes se oponen a las barreras que se erigen para impedirles acceder a ella. Aunque es un tema que abordaremos con posterioridad, no puede soslayarse la importancia del béisbol como gestor de cambios paulatinos en el imaginario racial cubano.

El carácter inclusivo del béisbol se evidencia y comienza a afianzarse la visión de equipo como nueva forma de organización social. Los triunfos del béisbol cubano, unido a su arraigo popular,  le confieren a ese deporte un invaluable valor patriótico y sociológico. En un lugar privilegiado sitúa José Sixto de Sola la actuación de destacados peloteros negros como José Caridad Méndez, Cristóbal Torriente y Eustaquio Bombín Pedroso. Llega a ser tal la fuerza del béisbol cubano en el área y su aporte en la propagación en la zona del caribe, que a los cubanos se les indilgó el calificativo de Los Apóstoles del Béisbol.

IV

En 1891 el Almendares Park sirve como escenario de lo que muchos consideran como el primer campeonato internacional en la historia de ese deporte en Cuba. Allí, varios teams de la época se enfrentan al equipo estadounidense All-American, que tenía en su staff  a John McGraw, quien fungía como torpedero y cuarto bate del equipo. Es interesante destacar que la nómina visitante no estaba completa, por ello, fue necesario incluir al jugador cubano Antonio María García, conocido como el inglesito, en el line up del equipo rival. Al analizar los box-score, fueron bien desmesurados a favor de los visitantes, quienes vencieron al Habana 17 por 0, al Almendares 14 a 0 y aunque el equipo La Fe tuvo un mejor desempeño sucumbió ante los visitantes 11 a 4.

Aun cuando no existe una bibliografía documentada, son probables los enfrentamientos beisboleros desde 1898 entre las tropas de ocupación estadounidenses y jugadores cubanos. Se asegura que el mayor por ciento de quienes integraban las tropas eran negros, pues se manejaba la hipótesis de que poseían una mejor preparación física para soportar el calor tropical y las enfermedades. Como hecho histórico, al analizar la lista de los miembros del Acorazado Maine, cuya explosión fue el 15 de febrero de 1898, descubrimos la presencia de figuras como el lanzador William Lambert, quien los había guiado hasta el título en el campeonato de la marina naval de béisbol en los Estados Unidos, celebrado en Cayo Hueso.

En 1908 visitó Cuba el equipo de los Rojos de Cincinnati. Allí perdieron 7 de los 11 juegos que sostuvieron frente a Habana y Almendares. Una suerte similar corrió un año después el seleccionado de los Tigres de Detroit, al ser derrotados en 8 de los 12 encuentros que efectuaron con los mismos seleccionados. Durante esa etapa también realizan giras de entrenamiento a Cuba los Indios de Cleveland, los Dodgers del Brooklin, los Cardenales de Saint Louis, los Medias Rojas de Boston, los Piratas del Pittsburg y los Gigantes de Nueva York.

Los resultados alcanzados corroboraron el elevado nivel que poseía el béisbol cubano. El almendarista Armando Marsans firma en 1911 para jugar en los Rojos de Cincinnati. Un año después lo hace Miguel Ángel González con los Bravos del Boston. El receptor cubano dirige una franquicia de Grandes Ligas en 1944 de forma interina:  los Cardenales de San Luis. La lista de jugadores en Grandes Ligas en esa etapa primigenia, incluye los nombres siguientes: Esteban Bellán (1871-1873), Chick Pedroes (1902), Armando Marsans (1911-1918), Rafael Almeida (1911-1913), Mike González (1912-1932), Jack Calvo (1913-1930), Merito Acosta (1913-1918), Adolfo Luque (1914-1935), Manuel Cueto (1914-1919), Ángel Aragón (1914-1917).

Después vendrán otras luminarias del béisbol, quienes tuvieron el apoyo de una afición que se veía identificada con la liga estadounidense y desde la década del treinta del pasado siglo, pudo acercarse a los partidos de los equipos insignias de la época a través de emisoras como la CMW y en los años cincuenta a través de la televisión nacional. Una relación de las figuras cubanas que pasaron por ese béisbol como nos muestra la siguiente relación.

Década 20-30.

Adolfo Luque, Manuel Otero, Pedro Dibut y Rafael Almeida (Cincinnati), José Acosta y Jacinto Calvo (Senadores de Washington), Armando Marsans y Ángel Aragón (Yankees de Nueva York), Emilio Palmero y Joseíto Rodríguez (Gigantes de Nueva York), Miguel Angel González, Oscar Tuero y Pájaro Cabrera (Cardenales de Saint Louis).

Década 40-50.

Edmundo Sandy Amorós (Dodgers de Brooklyn), Roberto Estalella, Conrado Marrero, Pedro Ramos y Camilo Pascual (Senadores de Washington), Orestes Minnie Miñoso (Medias Blancas de Chicago), Tony Taylor (Phillies del Philadelphia) y Willie Miranda (New York Yankees).

 

La presencia de Babe Ruth en Cuba (1920), se convirtió en un suceso de resonancia.  El Bambino recibió una suma ascendente a 20 000 dólares, elevada para la época, con el objetivo de participar en diez de los juegos que celebraron los Gigantes de Nueva York en el Almendares Park. El 31 de octubre de 1920 Emilio Palmero se convierte en el primer lanzador cubano en ponchar al Gran Babe, mientras tres días después José Acosta lo ponchó en tres ocasiones.. El 6 de noviembre, Cristóbal Torriente le conectó al Monarca, como lo llamaban los cubanos, tres jonrones. Aunque no puede obviarse que el 8 de noviembre Babe conectó un cuadrangular que fue calificado como el más largo en el Almendares Park hasta ese momento, quizás en toda su historia, al llevar la bola hasta los quinientos cincuenta pies de home por el right field.

La nombrada Liga de Invierno en el Caribe, era una oportunidad para elevar el nivel de juego en los países practicantes del béisbol en esta área. Por la cubana, pasaron figuras de renombre como Tommy Lasorda, Dick Williams, Willie Mays, Don Zimmer, Joe Black, Billy Herman, Roy Campanella, Bob Allison, entre otros, quienes representaron al Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao.

Sin embargo, del mismo modo que la presencia de jugadores estadounidense contribuyó a elevar la calidad de la Liga Profesional en Cuba, un fenómeno similar ocurrió con el béisbol de Grandes Ligas en los Estados Unidos, donde se insertó un nutrido de estrellas cubanas sobresalientes por su elevado nivel de juego. Aun cuando en ella no intervinieron figuras como Martín Dihigo, considerado el mejor jugador cubano de todos los tiempos, José Caridad Méndez, Cristóbal Torriente y Luis Tiant, por su condición de negros.

En uno de los acápites anteriores había asegurado que me detendría en el tema de los jugadores negros estadounidenses en Cuba y en los propios cubanos, a quienes he aludido con anterioridad. Ya en 1907 los agentes del país norteño percibieron las posibilidades que tenían sus jugadores negros en Cuba. La entrada de Armando Marsans y Rafael Almeida en las ligas mayores, reseñó New York Age, fue percibido en su momento como una condicionante que presuponía una posible ruptura de las barreras raciales. Al escribir sobre el tema esa publicación aseguró: es de gran significado y tendrá una gran fuerza en el destino futuro de los hombres de color en el béisbol. Sin embargo, ello no ocurrió hasta el 15 de abril de 1947 con los Dodgers de Brokling, al firmar Jackie Robinson un contrato por seis cientos dólares mensuales y una prima de tres mil quinientos.

Fue emblemática la apertura de Branco Rickey, en 1947, de un campo de entrenamiento de los Dodgers en La Habana, al que se integraron jugadores negros como Don Newcombe, Roy Campanella, Roy Partlow, y Jackie Robinson.

De los miembros del Salón de la Fama de Coopertown, de raza negra, todos jugaron en Cuba. Basta citar ejemplos como Satchel Paige, Marianao, Josh Gibson, Santa Clara, Buck Leonard, Marianao (1948-1949), Monte Irvin, Almendares (1947-1949), Ray Talúa Dandridge, Marianao, Cool Papa Bell. 1974, jugó en Cuba cuatro años, Judy Johnson, Oscar Charleston, Santa Clara, Martín Dihigo, Pop Lloyd, Rube Foster, Leon Day, Bill Foster. Willie Wells, Joe Rogan, Almendares, Joe Williams (1946-1947), Turkey Stearns, Hilton Smith.

Andrew Rube Foster fundó en 1920 la Liga Negra en los Estados Unidos, enfrentando disímiles amenazas. Pronto figuras de la grandeza de José Méndez, Martín Dihigo, José Colás, Luis Tiant, se integran a esta liga, convirtiéndose en grandes estrellas. Como asegura Louis A. Pérez Jr: Excluidos de las Grandes Ligas, los jugadores negros de pelota en Cuba y en los Estados Unidos, se unieron para mantener un nivel de calidad igual a los patrones y tradiciones de las grandes ligas10.

Ya con anterioridad aludía a figuras negras que fueron incluidos en el Salón de la Fama de Coopertown y cuya presencia en Cuba fue paradigmática. A ellos, se suman Willie Mays, Roy Campanella, Bullet Rogan, Brooks Robinson, Hoyt Wilhelm, Jim Bunning, Tom Lasorda, todos miembros del Salón de la Fama del Béisbol juegan en Cuba.

Los cubanos tuvieron varios equipos propios que ganaron torneos en los diferentes niveles del béisbol organizado de Estados Unidos, entre ellos los New York Cubans y los Cubans Stars en las Ligas Negras, así como los Havana Cubans y los Cuban Sugar Kings en franquicias de Grandes Ligas, llegando a la cúspide cuando quedaron campeones en Triple A en la temporada de 1959. Un jugador de Grandes Ligas como Octavio Rojas, llegó a asegurar: El desarrollo beisbolero era tan grande que, si no se hubiera eliminado el profesionalismo, Cuba llevaría más de cincuenta años con su propio equipo en las Mayores.

El último juego del béisbol profesional cubano se realizó el 7 de febrero de 1961 entre los clubes de Habana y Cienfuegos. En ese momento un total de diecisiete peloteros cubanos se encontraban jugando en Grandes Ligas. En el período posterior Joaquín Azcué, Paulino Casanova y Ollie McFarland, Rafael Palmeiro, Tani Pérez, Julio Bécquer, Tony Taylor, Cuqui Rojas, Tito Fuentes, Mike de la Hoz, Leonardo Cárdenas, Bert Campaneris, Zoilo Versalles, Humberto Fernández, Alexei Ramírez, Tony Oliva, Haitiano González, José Cardenal, José Tartabull, José Canseco, Román Mejías, Ángel Scull,

V

Después de 1959 se llegó a pensar que el fin del profesionalismo acabaría con la pasión por el béisbol. El 14 de enero de 1962 se inaugura la primera Serie Nacional con la presencia de cuatro equipos: Occidentales, Habana, Azucareros y Orientales. Uno de los objetivos era reproducir el esquema del período precedente cuando participaban Habana, Almendares, Marianao y Cienfuegos.

La serie se extendería hasta el 3 de marzo de 1963, estaba pactada a veintisiete juegos y en el día inaugural se enfrentarían los cuatro equipos, en una doble cartelera, en el Gran Stadium del Cerro. A la postre el equipo Occidental, dirigido por el estelar Fermín Guerra, se proclamó campeón en ese primer certamen.

A analizar la historia de la Series Nacionales en Cuba, descubrimos que el equipo Industriales es el que más victoria acapara con doce. Sin embargo, los Industriales debutan en la serie de 1963 teniendo en su etapa fundacional como baluartes a jugadores como Urbano González, Antonio Ñico Jiménez, Raúl Reyes y Manuel Hurtado, siendo Pedro Chávez columna vertebral de esos equipos. Los azules de la capital cubana fueron campeones en las series 1963, 1964, 1965, 1965-1966, y después volvieron a ganar en 1972. En la nómina de Industriales sobresalen jugadores de la talla de Agustín Marquetti, Armando Capiró, René Arocha, Javier Méndez, Osvaldo Fernández Guerra, Lázaro Vargas, Juan Padilla, Lázaro Valle, Germán Mesa, Euclides Rojas, Orlando El Duque Hernández, José Modesto Darcourt, Rey Vicente Anglada, entre otros.

El equipo de Pinar del Río es otra de las selecciones que ha demostrado un elevado nivel de juego. La presencia de un director como José Miguel Pineda en la provincia, abrió la brecha de triunfos. El territorio se ha visto representado como Pinar del Río, Vegueros, Forestales y Occidentales. El pitcheo pinareño es históricamente uno de los mejores de Cuba, con lanzadores que van desde Mario Negrete, en la primera etapa, hasta Rogelio García, Julio Romero, Jesús Guerra, Félix Pino, Juan Carlos Oliva, hermano de Tony Oliva, Pedro Luis Lazo, José Ariel Contreras, entre otros. Jugadores como Luis Giraldo Casanova, para muchos el jugador más completo después de 1959, Omar Linares, Alfonso Urquiola, Juan Castro, etc.

Santiago de Cuba también posee una de las selecciones más ganadoras en toda la historia de las Series Nacionales. Ganó desde entre 1998 – 2001 y se convirtieron en el tercer equipo después de Industriales y Villa Clara, que conquistaba al menos tres trofeos de forma sucesiva. La combinación de tercero y cuarto bate de Antonio Pacheco y Orestes Kindelán, es una de las más grandes que ha pasado por la historia del béisbol cubano. Poseía jugadores como Alexei Bell, Gabriel Pierre, Súmele un cuerpo de pitcheo donde se incluían Norge Luis Vera, Ormary Romero, Osmel Cintra y Luis Tissert.

Villa Clara es un equipo que hereda la tradición de los Azucareros. Obtuvieron el campeonato en cinco oportunidades. 1982-1983, 1992-1993, 1993-1994, 1994-1995, 2012-2013.  Figuras como Lázaro Pérez, Pedro Jova, Nivaldo Pérez, Aniceto Montes de Oca, Amado Zamora, Isidro Pérez, José Ramón Riscart, Alberto Martínez, Antonio Muñoz, Pedro José Rodríguez, Víctor Muñoz, fueron estrellas de estas selecciones.

Matanzas ha estado integrado por Henequeneros, Citricultores y el propio equipo de Matanzas. Por mucho tiempo fue lo que se suele llamar un equipo sotanero de la pelota cubana aun cuando contaba con estrellas de la dimensión de Rigoberto Rosique, Félix Isasi, Wilfredo Sánchez, Evelio Hernández, Fernando Sánchez, Edwin Walter. Como Henequeneros la provincia ganó en la serie 1969-1970. Peloteros como Jorge L. Valdés y Lázaro Junco estaban al final de sus carreras, pero otros puntales como Julio G. Fernández, José A. Estrada, Juan Luis Baró, Juan Manrique y Eduardo Cárdenas. El inicio de Víctor Mesa como director del equipo le ha devuelto un nuevo aire a la selección y atrajo a los fanáticos nuevamente al estadio matancero que adquirió el calificativo de El Palacio de los Cocodrilos.

Camagüey debutó en Series Nacionales en la correspondiente a 1967-1968. Aun cuando no han obtenido un título por los equipos agramontinos pasaron figuras de la magnitud de Pedro Cruz, Felipe Sarduy, Miguel Cuevas, Elpidio Jiménez, Vicente Díaz, Sandalio Hernández, Oscar Romero, Lázaro Santana, Gaspar Legón y Juan Pérez Pérez.

El equipo de Santi Spíritus, aun cuando no constituye uno de los equipos históricos en las Series Nacionales en Cuba, ganó un campeonato en 1979. Después se generó un declive de la selección que pareció revertirse en la temporada 1989-1990, con Lourdes Gourriel como director del equipo. En esa etapa se destacaron pitchers como Maels Rodríguez y Yosvany Aragón, junto a jóvenes como Ifreidi Coss, Ángel Peña, Ismel Jiménez y Ramón Licor. Después se incluirían jugadores recientes, entre ellos, Frederich Cepeda, Eriel Sánchez y Yulieski Gourriel.

Ciego de Ávila es de los equipos cubanos de reciente inserción como equipos a derrotar en los campeonatos cubanos. Ganó por vez primera en el 2012 y lo volvió a hacer en la edición cincuenta y cuatro de la Serie Nacional. La presencia de Roger Machado como director del equipo ha consolidado los resultados de un staff que incluye a jugadores de la dimensión de Maikel Folch, Vladimir García, Alien Mora, Valeri García, Yoelvis Fiss, Adonis García y Yorbis Borroto.

De manera sucinta resumí algunos de los principales equipos de la pelota cubana. Al analizar las estadísticas encontramos como los mejores bateadores de esta etapa en Cuba por el orden en que se mencionan a Omar Linares, Víctor Mesa, Luis Giraldo Casanova, Antonio Muñoz, Antonio Pacheco, Fernando Sánchez y Lourdes Gourriel.

Los mejores pitcher incluyen a Braudilio Vinent, Jorge Luis Valdés, Rogelio García, Pedro Luis Lazo, Norge Luis Vera, José Luis Alemán. Deben incluirse, además, a Orlando Duque Hernández, Santiago Changa Mederos, Omar Carrero, Julio Romero, José Ariel Contreras, y aun cuando tuvieron un breve paso por las Series Nacionales deben estar en esta lista José Antonio Huelga, Manuel Alarcón, Roberto Valdés y Aquino Abreu. La relación pudiera ser más extensa con nombres como Omar Ajete, Juan Carlos Oliva, etc, pero por ahora voy a detenerme aquí.

Los mejores equipos cubanos en esta etapa se conformaron en el período que media desde 1976 hasta 1999. Diversos autores, a quienes me sumo, señalan la selección que representó a Cuba en los Juegos Centroamericanos de Medellín Colombia e Italia en 1978.

Veamos sus integrantes:

Receptores: Pedro Medina y Alberto Martínez.

Jugadores de cuadro: Antonio Muñoz y Agustín Marquetti en la inicial, Rey Vicente Anglada y Alfonso Urquiola en la intermedia, José “Cheíto Rodríguez en tercera con Pedro Jova y Rodolfo Puente en el campocorto.

Jardineros: Luis Giraldo Casanova, Armando Capiró, Fernando Sánchez y Wilfredo Sánchez.

Lanzadores: Braudilio Vinent, Santiago Changa Mederos, Rogelio García, Lázaro Santana, Juan Carlos Oliva, Félix Pino y Gaspar Legón.

Mánager: Servio Borges.

Como dato curioso ese año no fue incluido en el equipo el receptor pinareño Juan Castro y se decide por Alberto Martínez, cuando, desde mi perspectiva, debió incluirse el máscara pinareño en esa selección. Sin embargo, no cabe dudas de que Alberto Martínez es un estelar receptor y este el más grande de los equipos Cuba conformado después de 1959. Debe destacarse que durante la etapa el béisbol cubano obtuvo innumerables triunfos fuera de Cuba que incluyeron campeonatos mundiales, copas intercontinentales y eventos del área centroamericana, panamericana y olimpiadas, aunque no debe excluirse que en la mayoría de estos campeonatos no se incluían jugadores profesionales.

No obstante, la discusión del título frente a Japón en el primer Clásico Mundial de Béisbol devino suceso beisbolero. Entonces, hizo pensar a muchos que Cuba se situaba en lo más alto del béisbol mundial, aun cuando he defendido la idea de que los problemas principales de ese deporte se centran en las dinámicas y el sistema, no faltando grandes individualidades, de elevada demanda en las Grandes Ligas.

Basta analizar las cotizaciones de jugadores como Yoenis Céspedes, ciento diez millones, Aroldis Chapman, ochenta y seis millones, y la actuación en este 2016 de jugadores de la talla de Yasmani Tomás, Kendry Morales, Aledmys Díaz, Yazmani Grandal, entre otros.

En este 2016 alrededor de treinta peloteros cubanos jugaron en las Grande Ligas. Por primera vez, cinco jugadores de la nación caribeña conectaron más de veinte cuadrangulares: Yasmany Tomás, (31), Yoenis Céspedes (31), Kendry Morales (30), Yasmany Grandal (27) y José Dariel Abreu (25).

VI

Aun cuando la obra de los principales pilares de la historiografía cubana del siglo XX elude la connotación del béisbol como fenómeno sociológico, es recurrente el acercamiento al tema en figuras cimeras de la literatura. El prólogo escrito por Julian del Casal a la obra de Wenceslao Gálvez y del Monte, es una muestra elocuente de ello o la recurrencia beisbolera en Bonifacio Byrne.

Las obras definen el sentimiento de nacionalidad, como es propio de la literatura en ese período. Juan, personaje de la novela El pan dormido, de José Soler Puig, no vacila en asegurar: Yo amo a Cuba. Es mi país (…) Quiero que progrese, que sea el primero en el mundo. Me deleito, inclusive, cuando Camilo Pascual gana un juego, allá arriba (en los Estados Unidos) en el béisbol. Y yo no conozco a Camilo ni me importa qué clase de persona es. Sólo sé que es cubano11.

El sueño de consagración a través del béisbol es recurrente. La liga azucarera atrapa la atención de los trabajadores en el tiempo muerto de la zafra. En la novela de Juan Arocha Los muertos andan solos (1962), al referirse a Rogelio, su protagonista, el narrador asegura: A él le hubiera gustado jugar béisbol profesional y de hecho los Senadores de Washington exploraron su actitud. Pero su brazo se agotó y ya no podía lanzar: Rogelio siempre pensó que esa fue la oportunidad más grande de su vida y que la había perdido. Le hubiera gustado vivir en los Estados Unidos y ganar una gran cantidad de dinero12.

La propia vida de los bateyes cubanos está representada en la novela de Alejo Carpentier Écue Yamba O, publicada en Madrid, España, en 1930, año en que la serie profesional cubana fue suspendida por los disturbios escenificados en la capital cubana contra el gobierno de Gerardo Machado.

Enrique Jorrín dedica a Orestes Miñoso un Chá-chá-chá con el título de Miñoso al bate. La poesía de Nicolás Guillén nos acerca a figuras memorables del béisbol cubano como es el caso de Martín Dihigo13:

Así como después de la tormenta el guardabosques sale para saber cuál ácana, cuál guayacán, cuál ébano cayó desarraigado por el viento así yo me detuve ante su cuerpo, tronco de ramas frescas, húmedas todavía y lloré su caída.

Ahí viene. Se lo llevan. Con la fuerte cabeza reclinada  en su guante de pitcher va Dihigo.

El rostro de ceniza (la muerte de los negros) y los ojos cerrados persiguiendo una blanca pelota, ya la última.

En la obra de escritores como Virgilio Piñera, José Lezama Lima, Raúl Rivero, Roberto Fernández Retamar o Félix Luis Viera, es recurrente la alusión al béisbol. Viera nos regala Deporte Nacional, un poema memorable donde sobresale su magistral mezcla de amor y béisbol.

Y una noche, al fin, la embosqué en un pasillo y le dije casi todo lo dicho hasta aquí (recalcándole sobre todo lo de los ojos, lo que yo creía ver en sus ojos). O sea, que me declaré. Y le dije además que era poeta, o lo era casi. Pero cuando le pregunté su opinión de la Poesía, me respondió que lo más importante era saber qué base yo jugaba.

(Fragmento).

El tema beisbolero es recurrente en obras como la novela Milagro en Miami de Zoe Valdés, el libro de Leonardo Padura y Raúl Arce Estrellas del Béisbol, en la pieza teatral Penumbra en el noveno cuarto de Amado del Pino, el cuento de Alberto Garrido El hijo del Tambor Mayor, Hoy almorzaremos con el Duque, de Amir Valle, hasta alcanzar matices de un dramatismo raigal como el que le confiere Eliseo Alberto en la obra Informe contra mí mismo:

Pocas semanas antes de ahorcarse con un alambre de perchero en el baño de su casa, el notario Ángel Montoya me comentó que el béisbol era el pasatiempo nacional de los cubanos porque cada situación del deporte acababa teniendo una clara semejanza con algunas circunstancias de la vida, en especial con esas encrucijadas que nos tiende el destino y que a la larga terminan por colocarnos en tres y do, es decir al filo tajante del abismo. Y conste, cosa rara, estábamos hablando de política. Vecino, la Revolución es una serie de Grandes Ligas entre los yanquis y los Industriales, y el duelo decisivo se ha ido a extrainnings, me dijo, mirándome a los ojos con aquella, tan suya, expresión de vaca triste: un simple error, una mala decisión, una maniobra maestra y te aseguro que cualquiera de los dos equipos puede quedar al campo, ante el estadio vacío14.

La condición de polemistas de los cubanos se expresa a través del béisbol, con la capacidad de elevarlas hasta la dimensión de encarnizadas. Las esquinas calientes son paradigmáticas en Cuba. Quienes no han oído hablar sobre los filósofos del Parque Central, en la Habana, o de la Plaza de Marte, en Santiago de Cuba. Allí se analiza, brotan pasiones desenfrenadas, se proponen y evalúan estrategias, y hasta se pasa revista a la jornada precedente de las Grandes Ligas equipo por equipo, incluyendo todos los jugadores cubanos insertos en la denominada como Gran Carpa.

Los cubanos hemos llegado a trasponer la fraseología beisbolera a la cotidianeidad, sirviéndonos para describir los más inusitados momentos de la vida. Cuando estamos en una situación difícil estamos en tres y dos, ante un momento límite se impone jugar con el cuadro cerrado, o aquella persona que actúa de modo que despierta nuestra admiración está fuera de liga o la botó de jonrón.

La extrapolación de los verbos anglosajones a la jerga cotidiana del cubano fue inminente, reafirmada por la irrupción de los más diversos grupos sociales a la práctica beisbolera.

Veamos unos versos de 1886:

Lo que maravilla es que

en este juego de moda,

toda la gente, sí, toda,

tiene que hablar en inglés.

Cualquiera suelta un ciempiés

sin ser pecado mayor

y en su creciente fervor

por tan raro tecnicismo

para hablar consigo mismo

necesita un traductor.

El gracejo popular se hace eco de la fraseología utilizada en aquel juego, muy alejada no sólo del español, sino del cubano. Pero fue algo que muy pronto se atemperó a la realidad. La defensa del idioma y la apropiación de un deporte que llegó para hacerse de la nación, pronto convirtió el Two-base en tubey, el Home-run se nombró jonrón, otra evidencia de la celeridad con que se aplatanó este deporte.

En guerra de 1895 –Guerra Necesaria- dominaba el escenario deportivo cubano, llegando a tener peloteros-mambises como Alfredo Arango, Leopoldo, Pedro Matos, Ricardo Cabaleiro, Carlos Macías, entre muchos otros.

A finales del siglo XX y principios de este, intelectuales cubanos como Félix Julio Alfonso López, Norberto Codina, Juan Antonio Martínez Osaba, Yaser Porto, Leonardo Padura, Raúl Arce, entre otros, muchos de ellos consultados para organizar estos apuntes desarrollan una obra que comienzan a sentar las bases de imprescindibles estudios sociológicos sobre el deporte nacional cubano.

En el cine se realizó la película En tres y dos, de Rolando Díaz, Fuera de Liga de Ian Padrón, El juego de Cuba, de Manuel Martín Cuenca.

VII

La pasión por la música, el béisbol y el juego de dominó es intrínseca de la cubanía. Razones más que sobradas para que a mí también me carcomiera la pasión por el béisbol, llevándome a soñar con ser algún día el short stop regular de los equipos pinareños –mi tierra natal. En los primeros años de la niñez vivía con un bate, un guante y una pelota a cuestas, llegando al extremo de que Juan Charles Díaz, mi vecino y –director del equipo de Pinar del Río en aquel momento- me llevara al estadio Capitán San Luis y en algún que otro juego me enviara al círculo de espera a coger bates con la esperanza de que de un momento a otro entraría en juego por Roilán Hernández o Félix Iglesias -los torpederos estrellas en ese momento-, pues el equipo necesitaba de un fildeador con mis manos. Decisión que una y otra vez se postergaba, pero que alimentaba los sueños de un niño que respiraba béisbol.

Notas.

  1. Leonardo Padura,140 años de béisbol: cultura e identidad en trance, Tomado de Café Fuerte. https://desdemipalcodefanatico.wordpress.com
  2. Al principio se adjudicó su creación a Abner Doubleday (1819–1893), un héroe de la Guerra de Secesión estadounidense, pero finalmente se le reconoció a Alexander Cartwright  (1820–1892) la paternidad del béisbol, por haber sido él, en 1845, quien estableció las 20 reglas originales del juego.
  3. Félix Julio Alfonso López. Apología del Béisbol. Editorial Deportes. La Habana.2013. p. 21
  4. Ibídem
  5. Aurora del Yumurí, Matanzas, año 40, no. 1, 3 de septiembre de 1867, p. 3.
  6. Roberto González Echevarría, Literatura, baile, béisbol en el último fin de siglo cubano. https://cubaout.wordpress.com/2009/10/26/literatura-baile-beisbol-en-el-ultimo-fin-de-siglo-cubano/
  7. Louis A. Pérez. Ser cubano: Identidad, Nacionalidad, Cultura. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales. 2006.
  8. Roberto González Echeverría, La gloria de Cuba: Historia del Béisbol en la isla, Colibrí 2004.
  9. Wenceslao Gálvez y Delmonte, El Base Ball en Cuba. Historia del Base Ball en la Isla de Cuba.
  10. Félix Julio Alfonso López. Apología del Béisbol. Editorial Deportes. La Habana.2013.
  11. Louis A. Pérez. Ser cubano: Identidad, Nacionalidad, Cultura. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales. 2006.
  12. José Soler Puig, El pan dormido, La Habana, Editorial Unión de Escritores y Artistas de Cuba, 1975.
  13. Juan Arcocha, Los muertos andan solos, Habana, Ediciones Revolución 1962.
  14. Félix Julio Alfonso López, El béisbol en la Literatura Cubana, Isliada, 17 de noviembre de 2011, https://www.isliada.org/el-beisbol-en-la-literatura-cubana/
  15. Eliseo Alberto, Informe contra mí mismo, Editorial Extra Alfaguara, 1997.

 

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