Partners by Design: Isabel and Ruben Toledo

Partners by Design: Isabel and Ruben Toledo

Instead of competing, they complement each other, behaving as one. Ruben’s illustrations are often inspired in her designs and Isabel’s designs help her husband’s watercolors come to life. When she has an idea for a new design, she communicates it to him as a feeling; mostly using her hands. He rapidly translates her gestures into sketches. That’s what makes their clothing unique.

Read more
New Swab Drive for Manny

New Swab Drive for Manny

Join us June 1st at Ball & Chain from 6:00 pm to 9:00 pm.

Complimentary drinks per swab and giveaways!

Valet Available

513 SW 8th Street. Little Havana, FL, 33135.

 

Sponsored by Gift of Life, South Florida Event Venues, Cuban HeritageBall & Chain.

Read more
Una sola Cuba: los de aquí y los de allá

Una sola Cuba: los de aquí y los de allá

Admiración es palabra clave cuando de los Estefan se trata. Ellos representan el orgullo latino en la tierra que les abrió las puertas del éxito. Son paladines indiscutibles de una comunidad que con su trabajo vigoriza a la nación estadounidense.

Read more
Con Cuba en el corazón

Con Cuba en el corazón

Cuba se respira en el aire de Miami. Tropiezas con pedazos de Cuba en tu transitar por sus calles. En la multiculturalidad de esta ciudad Cuba tiene su espacio y sus méritos muy bien ganados.

Read more
Santiago, la alegría de contar con Vista Alegre

Santiago, la alegría de contar con Vista Alegre

Leticia Rodríguez

¡Cuántas zonas de Miami me recuerdan al reparto más distinguido, espacioso, tranquilo y especial de mi amada Santiago de Cuba! El evocar el elegantísimo barrio, me invita a escribir sobre él; por amor a mi ciudad y a su historia.

En los terrenos de la Finca Arroyo Hondo, dadas las exigencias de los tiempos modernos y alejado de la densidad del centro histórico, comenzó a urbanizarse -en 1907- una nueva zona. En un sitio favorecido por el clima y por el verdor de la naturaleza nació el núcleo urbano más elegante de la caribeña ciudad. Sus actores, en el escenario arquitectónico, fueron relevantes proyectistas y compañías constructoras y urbanizadoras.

En este tema -en cuestiones cronológicas- en toda Cuba, primero: El Vedado, en La Habana. Luego, en Santiago, Vista Alegre.

Ese es el nombre del reparto donde se puso de manifiesto el modo de vida de la clase adinerada. Aunque en sus primeros años, las pocas viviendas que en él se construyeron eran de madera y no precisamente de gente acaudalada.

Fue a partir de 1910 que la selecta élite santiaguera comenzó a adueñarse, paulatinamente, de aquel espacio exclusivo y se levantaron casas de estilos neoclásico, ecléctico, art nouveau, mudéjar, neogótico y neo renacentista.

Se acentuaba, de esta manera, la notoriedad de un espacio urbano con una imagen uniforme y una identidad muy propia; con residencias que en los cuarenta acogieron los códigos del art-decó, el monumental moderno, el neocolonial con sus variantes y el protorracionalismo. Además de los patrones del movimiento moderno, a finales de la década.

Vista Alegre continuó creciendo. El barrio se amplió y surgieron: Terrazas de Vista Alegre y Rajayoga. En los cincuenta ya se había sumado al hábitat burgués la llamada clase media. En los nuevos inmuebles del refinado barrio se ven consolidadas las características técnicas, formales, funcionales y constructivas del Movimiento Moderno, las que permitieron conferir mejor confort a cada uno de los ambientes.

Me queda imaginarme que voy montada en el tranvía que, desde 1908, llegaba hasta el centro del exquisito reparto, después de recorrer las calles principales del centro urbano. Voy en el tranvía hacia el este de Santiago, hacia la ciudad jardín.

Vista Alegre es el museo de la arquitectura en Santiago de Cuba. Al caminar por la Avenida Manduley (antes Avenida de la República), al entrar por la carretera de El Caney o por la Avenida Raúl Pujols (la carretera de San Juan), para desandar sus amplias calles, puedo apreciar todos los estilos arquitectónicos que convivieron en la ciudad en la época republicana. Un contubernio perfecto con el lucimiento de los espacios públicos.

Tengo que admirar las fachadas retiradas, los parterres con sus árboles y la sensación de amplitud y de intimidad que proporciona la separación entre los inmuebles. Enormes casas, chalets, palacios; en los que queda la estela de las familias acaudaladas de la época, como: los Bacardí, los Bosch, los Mestre…Propiedades que guardan, también, un grito ahogado en las paredes. El de quienes se vieron obligados a marchar y dejar detrás un pedazo de vida en Vista Alegre.

Y, ahí está el barrio, mostrando aún la excelente calidad en la construcción de los proyectos, la vasta pluralidad formal y la creatividad de los profesionales encargados de levantar esta porción del patrimonio material santiaguero -en muchos casos con la utilización de elementos locales.

Vista Alegre es esa porción de tierra ideal para rememorar una época pasada en el tiempo, pero reinante en la memoria y en la historia del Santiago que muchos…no conocimos.

Read more

Un recuerdo del Coliseo Santiaguero

Leticia Rodríguez

Una efímera vida tuvo el primer inmueble habilitado como teatro en Santiago de Cuba. Los responsables de dotar a la otrora villa de esta expresión de refinamiento y de cultura fueron los emigrados franceses quienes -desde finales del siglo XVIII, junto a su servidumbre de procedencia haitiana- poblaron e imprimieron su sello a una barriada de la ciudad, marcada por una gran singularidad. Al ajiaco criollo se sumaron el modo de vida, las costumbres y las tradiciones de quienes llegaron huyendo de la Revolución de Saint Domingue. Así se abrieron las puertas del Le Tivoli; lugar donde se materializaron las representaciones teatrales de la época. El teatro de la popular barriada (la que adoptó ese mismo nombre, pero “santiaguerizado”: El Tivolí) al decir de la licenciada Lidia Sánchez Fujishiro, en: El Coliseo, primer teatro santiaguero (1822-1846), en 1812 ya no existía.

Es interesante destacar que con anterioridad a la llegada de los inmigrantes franco haitianos a la caribeña Santiago, en tiempos el Marqués de Casa Cagigal, la ciudad contaba (desde 1765) con representaciones teatrales en la Plaza de Armas, auspiciadas por quien fuera el Gobernador de Santiago de Cuba. En el libro: El primer teatro de La Habana. El Coliseo (1775-1793), perteneciente a Ediciones Idea, de Manuel Hernández González, se lee al respecto.

En dicho texto se cita al historiador Pozuela, quien hace referencia a la falta de localidad en la capital cubana para las presentaciones de piezas teatrales españolas. Y haciendo una especie de comparación con Santiago dice: “El pueblo de Santiago en este punto más favorecido en tiempo de Casa Cagigal había presenciado funciones teatrales en un almacén habilitado para coliseo”. No obstante, en 1775 se construye el Coliseo, el primer teatro de La Habana; primero en el tiempo que el de Santiago de Cuba.

Los investigadores ofrecen distintas fechas respecto a la inauguración del Coliseo santiaguero. En su caso, Sánchez Fujishiro habla de diciembre de 1822.

En la década de los veinte de la decimonónica centuria, según se recoge en: Cuba. Cronología: cinco siglos de historia, política y cultura, del historiador cubano Leopoldo Fornés- Bonavía, el 17 de diciembre de 1823 se inaugura en Santiago de Cuba el Teatro Coliseo o de la Marina.

Por su parte, la doctora María Elena López Melgar, en su trabajo: Louis François Delmés: El cartógrafo francés de Santiago de Cuba, hace alusión a uno de los emblemas urbanos de la Jurisdicción Cuba, perteneciente al Departamento Oriental: “El Coliseo, el primer espacio fijo teatral de la ciudad, inaugurado en enero de 1823, que retoma lo iniciado por los emigrantes franceses en 1803…”.

De forma más detallada, la investigadora, en otro de sus títulos: Afirmación de la función portuaria de Santiago de Cuba: el barrio de la Marina (1800-1860) hace referencia a la construcción del Coliseo, dada la necesidad creciente de los santiagueros de elevar su cultura e ilustración. En sus notas a pie de página se lee que fue este “el único teatro construido en la isla que se edificó fuera de la zona central de la ciudad”. Se erigió cerca de la costa, justo en la esquina formada por las calles Barracones, Cuba y Marina. Orozco Melgar reafirma:

La construcción del Coliseo fue un hecho cultural trascendental en la historia cultural de Santiago de Cuba; para el barrio de la Marina, representó un hito en la posible ampliación de su espectro funcional, al añadir valores referenciales, culturales y recreativos puntuales, a los comerciales ya característicos del área.

El que era conocido como Teatro de la Marina, por el nombre de la resonada calle donde se ubicó, se construyó de madera y resultó un infortunado inmueble desde el punto de vista estético. Sánchez Fujishiro lo describe: “sin vuelo arquitectónico”. Todo lo cual fue resultado de la mala ubicación de la edificación cuya estructura, en el interior, se realizó de acuerdo a la de los teatros de la época: “…palcos, tertulia, cazuela y cantina, delimitándose escrupulosamente la estratificación de la sociedad santiaguera”. Una descripción que hicieran, en En torno a la vida teatral en Santiago de Cuba 1800-1840, las dos investigadoras santiagueras mencionadas y que Orozco Melgar anota en Afirmación de la función… 

Al desafortunado emplazamiento, en la zona limítrofe del puerto santiaguero, se sumó la falta de cuidado. Hechos que conllevaron a cerrar la edificación para una reparación capital en 1838, para reabrir sus telones al año siguiente. Fecha en que Santiago recibe a la primera compañía italiana de ópera.

Al Coliseo de Santiago de Cuba no le quedaba mucho por vivir. Amén de los reclamos de los defensores de la cultura en la ciudad y de las reparaciones realizadas, su techumbre en 1840 mostraba grandes signos de deterioro. Como expresa Lidia Sánchez Fujishiro: “obligaba a presenciar las obras con los paraguas abiertos en días de lluvia”.

Fue entonces que la naturaleza decidió el final de este símbolo de la vida teatral en la urbe, del que prácticamente quedaban las ruinas. En 1946, a consecuencia de un huracán, se demolió por completo la construcción.

Quedaba así, para el recuerdo del pueblo, el primer edificio levantado como teatro en la cultural Santiago. Durante dos décadas, los artistas locales y compañías francesas, españolas e italianas recibieron los aplausos de los santiagueros al adueñarse de la escena del que fue el Coliseo de Santiago de Cuba o Teatro de la Marina.

Read more
Aguilera, la más larga de Santiago

Aguilera, la más larga de Santiago

Leticia Rodríguez

La conocida calle Aguilera de Santiago de Cuba, vecina de la arteria considerada columna vertebral del Centro Histórico de la urbe (la popular calle Enramadas), es poseedora de un relevante contenido histórico cultural. La historia que comenzó a contarse hace cinco siglos en una de las villas cubanas instituidas por el Adelantado Diego Velázquez y de Cuéllar puede repasarse a través de la calle más larga de Santiago.

La calle Marina, como se nombraba antiguamente, es una de las más conocidas y transitadas. Según el sitio digital Santiago en mí, llevaba al antiguo puerto de la ciudad y culminaba en la calle San Félix. Con el paso de los años, la calle Marina tomó el nombre oficial de Calle Francisco Vicente Aguilera; en honor al patriota bayamés, Mayor General del Ejército Libertador, quien llegó a ser vicepresidente de la República en Armas. Pero, los santiagueros preferimos llamarla: Aguilera.

La inconfundible arteria siguió atravesando el casco histórico para pasar por repartos como: Portuondo y Santa Bárbara hasta llegar a la Carretera de Siboney o Avenida Raúl Pujols, para encontrase con la arquitectura del Movimiento Moderno en la zona más elegante de Santiago.

Dispóngase a caminar. A comprobar, desde el primer paso, cómo se ciñó el urbanismo a una singular topografía y a admirar los atractivos arquitectónicos que conforman una parte sustancial del patrimonio construido de la ciudad.

Subiendo, desde La Alameda, se adentra en los primeros años de la República entre edificaciones que no creen en la vejez y continúan en pie. Ese es el caso de uno de los inmuebles, destinado a oficinas y almacenes, de la Familia Bacardí. Aún con su inconfundible símbolo en la fachada. Un murciélago legendario que desafía todos los avatares y reafirma con orgullo su autenticidad santiaguera.

Al ascender la empinada loma, Aguilera muestra el Mercado Municipal; posicionado como símbolo de progreso -desde 1859- en la manzana que completan las calles Gallo, Padre Pico y Heredia. El originalmente nombrado Mercado de Concha (haciendo honores a José Gutiérrez de la Concha, Gobernador Militar de la Isla) resurgió en los cincuenta con los preceptos del movimiento moderno. Al frente de La Plaza o el Mercado de Aguilera (como le llamamos), resiste una vetusta casona que no ha creído en la modernidad para mantener vivo el toque colonial y más añejo del ambiente citadino.

No puede cansarse aún, porque entre las esquinas de Padre Pico y Gallo lo espera lo que fue la Real Cárcel Municipal. Sus añosos muros sirven de sede a la Oficina de la Historiadora de la Ciudad y resguardan la valiosa documentación del Archivo Histórico Municipal.

Tómese un respiro ante edificio del Royal Bank of Canada. Suntuosa fachada, en la esquina de Corona, que demuestra la efervescencia ecléctica de las primeras décadas del siglo veinte. Sin lugar a dudas, un distintivo del patrimonio levantado en tierra santiaguera por una compañía norteamericana; la que, según apuntan algunas fuentes, importó hasta los materiales que se utilizaron para terminar el frente.

La fachada lateral del Banco (que en la actualidad funciona como una Sucursal del Banco de Crédito y Comercio) se funde con un lateral de la que es considerada una de las casas más antiguas de Latinoamérica. Es el Museo de Ambiente Histórico Cubano, inmueble que en el siglo XVI sirvió de residencia a Diego Velázquez.

De esta forma, ya está en el corazón de Santiago de Cuba. En el céntrico Parque de Céspedes, delimitado por sus transitadas intersecciones: Santo Tomás, Heredia, San Pedro y Aguilera.

La calle de la que hoy se habla se privilegia con más. El Palacio Municipal de Gobierno, el Ayuntamiento, se yergue orgulloso; mostrando reminiscencias de la arquitectura colonial. El inmueble se integró al entorno desde 1954, respondiendo al diseño de dos arquitectos habaneros, Eduardo Cañas Abril y Raúl Arcia Monzón; y a la pasión de un santiaguero eterno, el profesor y arqueólogo catalán, Francisco Prat Puig.

A partir de ahora, desde San Pedro hasta Calvario o desde la Casa del Te hasta la inevitablemente frecuentada cafetería La Isabelica, recorrerá el tramo considerado como el más interesante de la vía santiaguera. En él se siguen fundiendo la historia y las expresiones arquitectónicas. En este segmento de Aguilera retumba, desde la belleza indescriptible de las fachadas eclécticas, el nombre de Carlos Segrera Fernández.

En la herencia del genial arquitecto y urbanista santiaguero cuentan el Antiguo Club San Carlos (edificio estrenado en 1913), el Museo Provincial Emilio Bacardí (el primer museo de Cuba, inaugurado en 1928 como Museo-Biblioteca) y el Palacio Provincial de Gobierno (inaugurado en 1926). Piezas claves en el tablero patrimonial del centro histórico de esta ciudad del Caribe, declarado Monumento Nacional.

El tramo se destaca, además, la Escuela Provincial de Comercio; edificación que responde a los códigos del Monumental Moderno. Su proyectista fue el arquitecto venezolano, Rodulfo Ibarra Pérez.

Ah…una advertencia. Después de extasiarse con la belleza del Palacio Provincial de Gobierno, no repare en la sede de ETECSA (Empresa de Comunicaciones de Cuba). Por favor, haga un esfuerzo, intente tapar el sol con un dedo y diga que no ha visto tal infamia constructiva en medio del inestimable ambiente arquitectónico que se vive.

Entre el ruido de las camionetas y el calor natural de Santiago, Aguilera nos guía hasta la Plaza Dolores o el Bulevar, donde se exhibe una escultura de cuerpo entero de Francisco Vicente Aguilera, sobre un gran pedestal de mármol. Una enorme casona colonial y la excelente Sala de Conciertos Dolores (en la Iglesia que data del siglo XVII, la de Nuestra Señora de los Dolores) completan los encantos del concurrido espacio público.

A sólo tres cuadras y como parte del sistema de plazas ideadas en la etapa colonial para las prácticas militares se conserva la Plaza de Marte. El espacio lo invita a sentarse en uno de los bancos y a advertir el ir y venir de quienes habitan la urbe. Para que converse con ellos y viva de primera mano la naturalidad y la espontaneidad que los arropa.

Mientras se hidrata y admira el remozado entorno, seguramente un santiaguero lo invitará a terminar el recorrido en una moto. Ya no encontrará edificios de valores arquitectónicos destacables. Pero, eso sí, seguirá mirando de cerca a la gente, a los de a pie, en la expresión diaria de su idiosincrasia y de su “lucha”, que “no es fácil, pero…tampoco es difícil”. Le aseguro, entonces, que nunca se arrepentirá de haber sudado con ganas al recorrer la calle más larga de Santiago.

Read more
Se estrena en Cuba “Últimos días en La Habana”, de Fernando Pérez

Se estrena en Cuba “Últimos días en La Habana”, de Fernando Pérez

Últimos días en La Habana (2016), la más reciente cinta del director Fernando Pérez, se estrenó el 31 de mayo en los cines cubanos. Llega a las pantallas tras alzarse con sendos premios Biznaga en el 20mo. Festival de Málaga a la Mejor película iberoamericana y a la Mejor actriz secundaria (para Gabriela Ramos).

En predios cubanos, la cinta triunfó en el 38vo. Festival Internacional del Nuevo cine Latinoamericano donde obtuvo el Premio Especial del Jurado, y en el Festival Internacional de Cine de Gibara 2017 (FIC Gibara), que le entregó un Premio Especial del Jurado de Ficción, un premio Lucía ex aequo en el apartado de Mejor actuación masculina para Patricio Wood y Jorge Martínez, y otro para Gabriela Ramos como Mejor Actriz.

El margen es el gran campo donde siempre se ha movido el cine de ficción de Fernando Pérez. Pletórico como está de personajes misantrópicos, relegados, segregados, melancólicos, extraviados en sus particulares selvas oscuras. A la vez, son soñadores, esperanzados, disensores y disonantes respecto a sus contextos normados.

Son los suyos personajes que avanzan en zigzag hacia la felicidad emanada de la realización del auténtico yo en un entorno propicio, donde no deban transmutarse en estereotipos tolerables por los semejantes. Algunos luchan, como los revolucionarios de Clandestinos (1988) o el disensor Pepe de José Martí: el ojo del canario (2009). Otros buscan incesantemente sentidos de vida como Laurita en Madagascar (1994) y Elpidio en La vida es silbar (1998). Otros sueñan como Larita en Hello, Hemingway! (1990) y los múltiples protagonistas de Suite Habana (2003). Otros de hecho, rozan la felicidad antes de la inminente muerte, como Luis en La pared de las palabras (2015).

Últimos días en La Habana apela nuevamente a personajes alternos,  acurrucados en unos bordes donde han sido lanzados por circunstancias intolerantes, inmisericordes, reaccionarias, en épocas pasadas. El extrovertido Diego (Jorge Martínez) y el lacónico Miguel (Patricio Wood) son dos divergentes extraños, refugiados en la noche sucia y eterna donde fueron proscritos de por vida, debido a sus respectivas consecuencias: Diego paga por practicar y manifestar su homosexualidad; Miguel expía por defender el elemental derecho de Diego a ser homosexual.

Estos protagonistas de Pérez establecen una rara simbiosis que les permite sobrevivir los desaguisados, cuyas múltiples cicatrices refulgen en sus rostros, en sus cuerpos, en el hogar donde resisten. La resistencia es otra de las constantes conceptuales de Fernando Pérez, pues a pesar de los embates, sus personajes permanecen, como el malecón que al final de Suite Habana es atacado una y otra vez por la inmisericorde espuma del mar. Incluso, la propia presencia muda de las anónimas ruinas capitalinas subraya en sus cintas más el hecho de su persistencia bajo las inclemencias más diversas, que su decrepitud. Son tan irredentos como pacíficos sobrevivientes, que no dejan de poner la otra mejilla sin decaer.

Diego y Miguel son efectivamente ruinas, restos ennegrecidos que se alzan en una planicie donde ni la yerba crece, o mejor: no quiere crecer. Pero siguen vivos. Existen, respiran, aunque las naturalezas de sus resistencias son como ellos: diversas hasta la divergencia. Contrario a los comunes estereotipos heteronormativos, Diego es activo, enérgico. Miguel es apagado, inercial. Su propio fracaso lo ha endurecido tanto que ostenta una coraza pétrea la cual ni la vida puede ya mellar. Pero todavía sueña con escapar, romper el loop, y rehacer su vida en el eterno destino de ultramar, eterno paradigma, eterno Paraíso al que aspiran y expiran tantos cubanos.   

Con puntos de contacto con Fresa y chocolate (Alea y Tabío, 1993) inevitablemente evidentes y al parecer totalmente conscientes por parte de Pérez —“Mi nombre es Diego, sin apellidos”, se presenta su personaje en algún momento—, Últimos días… resulta como un pesimista epílogo de la conocida fábula de Alea y Tabío sobre el entendimiento nacional desde la cultura compartida, y urdida en un momento de esperanza nacional.

El David de Fresa… alcanza la lucidez y abraza no solo a Diego, sino a la Cuba de Sarduy, Arenas, Pratt, Calvert Casey, Lunes de Revolución, Lydia Cabrera, Novás Calvo, Montenegro, Cabrera Infante, Virgilio, Lezama, Baquero, que este representa y resume. La cinta lanza al futuro inmediato un optimista mensaje de reconciliación y revisión. A casi 25 años de distancia, Últimos días… estructura una suerte de ucrónica secuela, donde revisita a esta pareja, más bien a su simbolismo, y urde un final alternativo que los revela en plena expiación de su valiente herejía de entonces. En cierta forma, es la misma estrategia seguida más explícitamente por Miguel Coyula y su Memorias del Desarrollo (2010) respecto a la imprescindible Memorias del Subdesarrollo (1968), de Alea.        

David-Miguel yace ahora aplastado, enmudecido. Un Diego no emigrante y no tan erudito agoniza, postrado en su último reducto. Aún se quieren y se apoyan mutuamente, pero nadie los siguió en su cruzada de entonces. La aparición de un tercer vértice convierte en triángulo la relación base de la cinta, y se abroga casi a la fuerza la categoría protagónica: Yusi (Gabriela Ramos), la irredenta adolescente, retoño vivaz de una nueva generación que opta generalmente por reptar o huir. Como una exhalación fresca aparece en la triste covacha de Miguel y Diego, llena la cabeza de sueños y proyectos. Sobre todo de decisión para acometerlos con una alegría verdaderamente lúdica. Esta campanilla rebelde es otro ser resiliente, tenaz, pero que al final aprende una dura lección,  aunque con la leve esperanza de seguir viviendo a pesar de la maldita circunstancia de la decadencia por todas partes.

Últimos días… viene a dialogar también con otra interesante constante del cine cubano: el baile como jolgorio alienado. Algo que da sentido al inicial título de producción: Chupa pirulí. PM (Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, 1961), Los del baile (Nicolás Guillén Landrián, 1965), la secuencia inicial de Memorias…, las finales de Un día de noviembre (Humberto Solás, 1972), de Los bañistas y de Melaza (Carlos Lechuga, 2010 y 2012), se delatan como referentes casi obligados en la secuencia respectiva que Pérez urde hacia el final de su película, cual entrampe para un espectador que quizás busque desesperadamente un happy ending.

En la brillante y surtida tienda imbuida de espíritu navideño, todos bailan como en un comercial estereotipado, al ritmo de un olvidado tema del olvidado grupo SBS, que invita a un baile donde todo se olvidará. Pero Miguel, en medio de este sueño tropical, recuerda dolorosamente. Recuerda que estuvo vivo, y ahora es un muerto viviente. Un chocolate sin fresa. Un dolor andante. Un Rocinante sin jinete que busca emigrar (¿transmigrar?) por puro reflejo, para seguir varado en sus memorias subdesarrolladas.

Por: Antonio Enrique González Rojas. Fotos cortesía de Daniel Díaz Ravelo (Productor)

Read more
Tomás Sánchez: El peso de una isla

Tomás Sánchez: El peso de una isla

Lo que, al ojo inculto, pudiera sugerir una representación del mundo, más bien resulta una inmersión al paisaje interior del alma humana. Tomás hace el peregrinaje que pocos se han atrevido a hacer, enfrentándose a sus propios miedos, sus propias pasiones, su propia iniquidad, y emerge luego, incólume, tal que un héroe cultural.

Read more