Benny Moré: Un cubano Príncipe del Mambo y Bárbaro del Ritmo

Benny Moré: Un cubano Príncipe del Mambo y Bárbaro del Ritmo

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Por Sandra Mustelier Ayala

¿Beny Moré? Mi abuela y mi madre lo mencionaron en sus conversaciones, mientras yo era muy niña. No llegué a conocerlo hasta que, en la escuela, a un sesudo se le ocurrió la idea de organizar, para una actividad, una coreografía de la canción “Bonito y sabroso”. Como todavía les sucede a los niños cubanos, también tuvimos que aprender su letra e investigar sobre su autor.

Al indagar sobre Benny Moré con mi madre, vecinas y maestros, descubrí que su verdadero nombre era Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez. Nació el 24 de agosto de 1919, en Santa Isabel de las Lajas, en la provincia de Cienfuegos, el mayor de dieciocho hermanos, de origen campesino y piel bieeeen oscura. Su apellido Moré, fue heredado del propietario de su tatarabuelo materno, que había sido un esclavo africano. Supe que el cantante y músico logró grandes éxitos musicales al interpretar, con su hermosa voz, diferentes géneros, aunque se destacó especialmente en el son, mambo y bolero; viajó por muchos países y siempre regresó a Cuba, donde enfermó y murió a los 43 años. Así terminé mi tarea y quedé bien con todos.

Varias décadas más tarde me acerco, nuevamente, a Benny Moré. Esta vez quiero profundizar en sus raíces y obra humana. Indagué en una enciclopedia cubana, muy utilizada en ese país, y me valí de informaciones que me ofrecieron algunas amistades, conocedoras de la historia de la música.

A Bartolomé, desde su niñez, le gustó la música, no solo la de sus ancestros, sino también el son, la guaracha y la rumba. Aprendió a tocar la guitara y una variación de esta, el tres, que acompañaba con una impresionante voz de tenor, acostumbrada a entonar sones creados por él y a animar a quienes con él trabajaban.

Como muchos niños de su tiempo abandonó los estudios, al terminar el cuarto grado, para ganar el sustento diario de la numerosa familia. Sus manos encallecieron prematuramente y supo el valor del fruto del trabajo en la agricultura. Esto le sirvió para formarse como un joven inteligente, laborioso, disciplinado y de buen carácter.

Sin descuidar su trabajo, aquel mulatico flacucho disfrutaba de las fiestas, cantaba en ellas y se  aficionó por la bebida. Cumplidos 16 años se estrenó como integrante del conjunto Avance; al abandonarlo, junto a dos compañeros, formaron un trío donde resultó segunda voz y músico de las maracas. Al año siguiente viajó a La Habana para intentar mejorar su vida como vendedor de frutas y verduras dañadas, y de hierbas medicinales; pero no le sirvió para ahorrar. Regresó a su hogar medio año después, para ir a cortar caña con un hermano; así pudo comprar una verdadera guitarra.

Moré retornó a la capital cubana, aproximadamente cuatro años después del primer intento de prosperar en ella, con el sueño de triunfar en la música. Esta vez poseía dos instrumentos valiosos: su voz y su guitarra. Los empleó para ganar dinero, cantando algunos temas de su autoría y tocando en bares y cafés. Participó en el concurso del programa radial La Corte Suprema del Arte y llegó a ganar, premiado con su primer trabajo fijo, en el conjunto Cauto. Su voz se esparció por Cuba y logró mejorar la vida de su familia.

Quien ha escuchado la voz del Moré, de la cual existen registros discográficos en sitios como YouTube, puede comprender el interés de un integrante del Trío Matamoros cuando lo oyó cantar frente a él, impresión que le valió sustituir a uno de ellos durante un espectáculo. Desde ese momento realizó grabaciones con el trío, al que llegó a pertenecer y, en 1945, viajó a México. Allí permaneció como solista y adquirió su nombre artístico: Beny Moré.

Beny, un año después de llegar a México, se casó con Juana Bocanegra Durán. Formó parte del Dúo Fantasma y grabó varios temas, acompañando a conjuntos musicales del momento. Allí, por su voz y despliegue artístico fue reconocido como el Príncipe del Mambo; y participó en filmes como: Carita de ángel, en 1946; Novia a la medida, 1949 y Fuego en la carne, en 1949.

La añoranza y el deseo de alcanzar fama en su tierra hizo a Beny regresar a Cuba en 1950, acompañado de su esposa; según cuentan dejó atrás una hija mexicana. Luego de un corto descanso volvió a trabajar. Reconocido en México, Panamá, Colombia, Brasil, Venezuela, Haití y Puerto Rico, logró acreditarse como músico y cantante en su país, precisamente después de grabar el tema “Bonito y sabroso” y de sus actuaciones en la Emisora Cadena Oriental y en la RHC Cadena Azul. En esta última interpretaba un tema muy gustado, “¡Ah, Bárbara!”. Tal vez por eso, por el calificativo recibido de un joven durante un paseo con sus amigos, por su facilidad de componer, o de cantar cualquier género musical, comenzó a ser llamado El Bárbaro del Ritmo. Su actuación en Radio Progreso, salas de baile, cabarets, fiestas populares y privadas terminaron por generalizar su fama en el país.

Una vez que Beny alcanzó popularidad y distinguido por su sombrero y bastón, formó y dirigió su orquesta, con más de cuarenta músicos. La nombró La Banda Gigante, aunque a veces la llamaba Tribu, y debutó en agosto de 1953; pese a su preparación, improvisó frecuentemente por caprichos del director. Su participación con ella en cada contrato fue exigida por el Bárbaro en sus giras artísticas, desde 1956, por Venezuela, Jamaica, Haití, Colombia, Panamá, México y Estados Unidos.

En una conversación que sostuve con una vecina, comprobada su veracidad al leer la enciclopedia antes referida, supe que en una ocasión el Beny y su Banda fueron contratados en Venezuela. Arribaron allí bajo una fuerte tormenta, fenómeno que empobreció el público participante en el espectáculo. Ello fue manejado como excusa por el empresario, quien se negó a pagar la otra mitad del contrato. Moré exigió el dinero para el próximo día, en que continuó la negativa y él volvió a extender el plazo veinticuatro horas, explicando la necesidad de entregar a su gente lo pactado. Volvió a reclamar su efectivo al tercer día y al repetirse la situación, sacó una barra de metal y con ella golpeó tres veces al financiero, que debió ser trasladado al hospital. La agresión fue penada con prisión; pero luego de numerosas gestiones se logró la libertad del Bárbaro y se saldó la deuda. No fue una buena actuación, pero el enojo, respeto por su orquesta y la sed de justicia lo dominaron.

Al regresar a Cuba, Beny se estableció en La Habana, con su esposa e hijo de un año y seis meses. La fama le abrió las puertas de sitios ilustres. Incluso actuó en Hollywod durante una ceremonia de entrega de los Premios Oscar.

Su salud, minada por una cirrosis hepática desencadenada por la bebida, se afectó severamente desde 1958. Aunque pausó la ingestión de alcohol continuó su vida artística sin reposo. En 1959, al cambiar el gobierno cubano, Beny Moré actuó en múltiples espacios y se mantuvo en su país. Pudo actuar en Europa pero desechó la oportunidad por temor a volar y sentirse enfermo. En 1962 animó la inauguración de las obras en las playas de Varadero, cantó y bailó en cabaret, y grabó sus melodías; ese año fue invitado de honor al Primer Festival de Música Popular Cubana.

El último día de 1962 y el primero del próximo año, Beny y su Banda actuaron en Las Villas. También hicieron disfrutar ese pueblo un mes y catorce días después, ocasión en la que, a diferencia de las anteriores, el Bárbaro cantó luego de una inmensa hemorragia por la ruptura de una várice. Esa sería su última actuación.

El 18 de febrero de 1963 Beny fue ingresado y horas después entró en un coma del que no se recuperó. Falleció el próximo día, en la Habana, con solo 43 años de edad. El pueblo lo acompañó y, en caravana, fueron trasladados sus restos hacia Santa Isabel de las Lajas donde recibieron sepultura el día 20, luego de homenajes populares y rituales africanos.

Los habitantes de Lajas, y muchos otros cubanos, peregrinan cada aniversario de su nacimiento desde la plaza principal de esa localidad hasta su tumba. Es una forma de homenajear a quien amó su pueblo y provincia, inmortalizándolas en canciones como “Santa Isabel de las Lajas querida” y “Cienfuegos”.

Escuchamos sus melodías y lo vemos actuar, gracias a la magia de las comunicaciones y la Internet. Si queremos contemplarlo como fue en vida viajemos a su pueblo natal. Allí, desde el 2004, en el paseo principal de su ciudad está erguido, en bronce y en toda su estatua. El Príncipe del Mambo, El Bárbaro del Ritmo, compone una eterna canción a la vida y disfruta entre su gente.

 

Referencia:

Enciclopedia colaborativa en la red cubana. (2016). Beny Moré. Recuperado el 1ro de enero de 2017, de https://www.ecured.cu/Benny_Mor%C3%A9

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