Bacardí, un símbolo de cubanía

Bacardí, un símbolo de cubanía

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Mylene Hernández

Bacardí es, desde hace tiempo, una de las mayores empresas de bebidas espirituosas del mundo. Hoy en día, esta compañía tiene su sede internacional en las Bahamas, produce sus licores en diferentes lugares del mundo y la marca ya no tiene nada que ver con Cuba, pero el ron Bacardí es y será por siempre un símbolo de cubanía. Este ron, que nació en Santiago de Cuba a mediados del siglo XIX, es, aún hoy, el sello y emblema de esta compañía que, a la fecha produce una cartera de más de 200 marcas diferentes de bebidas.

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Corría el año 1862 cuando, allá en la remota Santiago de Cuba, un joven emigrante y su flamante esposa deciden comprar y explotar una pequeña destilería en el puerto. El nombre del joven era Facundo Bacardí Massó, hijo de un comerciante de vinos español. Facundo había emigrado a Cuba en el año 1830 y, conocedor de la materia, por tradición familiar, se dedicó a la destilación como negocio. Maestro mezclador, se concentró en la creación de un ron refinado. Era esta una idea novedosa, pues el ron de aquellos tiempos era una bebida basta y nada estilizada que se consumía en bares de bajos fondos, un producto barato y, por supuesto, no considerado como bebida refinada, mucho menos como un producto capital.

Don Facundo comenzó a experimentar en su nueva destilería, donde consiguió aislar una cepa de levadura que aún hoy es la base del levado con que se fabrica el ron Bacardí. Esta levadura le otorga a la mezcla un sello distintivo, que es donde sin dudas acarrea de por vida y para siempre su origen santiaguero. Utilizando diferentes técnicas de filtrado, finalmente Facundo consiguió el tamizado que deseaba al traspasar la mixtura por varias capas de carbón de leña. No contento aún con el resultado, decidió añejar aquel líquido cristalino en barriles de roble blanco, con lo cual logró una bebida nítida y suave que sería bautizada con el nombre que, hoy en día, más de 150 años después, aún porta, nombre que quedará para siempre en la historia como el primer ron claro o “blanco” del mundo.

Facundito Bacardí, nieto de Don Facundo, probando la mezcla añejada en barriles de roble

Facundito Bacardí, nieto de Don Facundo, probando la mezcla añejada en barriles de roble

Con una mezcla que producir y vender, se echó a andar el alambique de hierro fundido y cobre que sería partícipe y testigo de aquellos primeros años de asentamiento empresarial. Esta primera destilería en Santiago de Cuba era operada por Don Facundo y su hermano, y sería la base familiar de un imperio que lograría sobrevivir por encima de catástrofes naturales, pestes y guerras locales.

Dicha destilería se encontraba enclavada en un antiguo edificio, tipo galpón, que en sus altas vigas albergaba montones de murciélagos frutales. Estos serían la inspiración del logotipo de la empresa, el que, aún hoy, perdura. El logo del murciélago fue lo que le permitió al producto expandirse rápidamente, ya que los clientes enseguida asociaban a la imagen con la bebida.

Más allá del ron y de la empresa familiar, la familia Bacardí, desde sus inicios, tuvo una extensa participación en la vida social y política de Cuba. Cuando se rebusca en el tiempo, su apellido se encuentra entreverado en pasajes de la historia, y varios de sus miembros han sido actores directos de las crónicas cubanas.

Los años entre 1880 y 1890 fueron tiempos muy turbulentos para la compañía Bacardí y para la familia. Cuba transitaba su guerra de independencia contra España, y el hijo mayor de Don Facundo, Emilio, se unió al ejército independentista para luchar contra los españoles. Emilio fue encarcelado varias veces, y finalmente exiliado de Cuba. La empresa quedó entonces a cargo de los hermanos de Emilio, Facundo y José, y de su cuñado Henri Schueg, quienes tendrían la difícil tarea de hacerla sobrevivir durante aquellos tiempos difíciles. Esos años fueron muy complejos para la familia y la compañía estuvo a punto de zozobrar. Las mujeres del clan fueron exiliadas en Kingston, Jamaica, para su seguridad.

Una vez concluida la guerra de independencia, comenzó el gran resurgimiento de la bebida Bacardí. Con la llegada de los norteamericanos a la isla, se pone de moda en Cuba, por primera vez, la coctelería, recién estrenada en los Estados Unidos. Esta moda se convierte en un boom social. Todos los clubes, bares o cabarets la adoptan y la ofrecen. Tragos como el “Cuba Libre” o el Daiquiri harían del Bacardi una bebida sumamente popular en aquellos años.

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La familia crece y se empodera. Durante el 1899, Emilio Bacardí se convierte en el alcalde de Santiago de Cuba, mientras su hermano Facundo, junto con Henri Schueg, continúa gestionando la compañía. En el año 1910, Schueg inicia la expansión internacional de Bacardí, abriendo plantas de embotellado en Barcelona y Nueva York. Este hombre sería clave para el crecimiento de la empresa familiar. Schueg calificó a Cuba como “el hogar del ron”, y, a Bacardí, como “el rey de los rones”, y con ese slogan saltó hacia el extranjero. Entre el 1931 y el 1944 abrieron plazas en México, Puerto Rico y, finalmente, en Estados Unidos, luego de finalizada la ley seca.

Para la época de la Segunda Guerra Mundial, la compañía pasó a manos del yerno de Schueg, José Bosch, más conocido como “Pepín”, quien sería el encargado de fundar Importaciones Bacardí en la ciudad de Nueva York y quien, en 1949, se convertiría en el Ministro de Hacienda de Cuba.

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Durante los años de la lucha contra el régimen de Batista, varios miembros de la familia Bacardí apoyaron a los jóvenes del Directorio Revolucionario y del Movimiento 26 de Julio, liderado por Fidel Castro. El mismo Pepín Bosch donó varios miles de dólares a este movimiento, y actuó como intermediario entre los revolucionarios y la CIA para calmar las preocupaciones que la agencia tenía sobre el grupo de rebeldes. Sin embargo, con la llegada de la Revolución, el gobierno de La Habana se volvió en contra de los intereses de la compañía y, el 15 de octubre de 1960, el nuevo régimen confiscó los bienes cubanos de la compañía Bacardí, como parte de su campaña de nacionalización, así como todas las cuentas bancarias que tenía la compañía en el país. La familia se vio obligada a abandonar la isla, y radicaron su nueva propiedad en las Bahamas. Años antes, previendo un desastre político, la empresa había comenzado a fundar varias sucursales extranjeras, cosa que facilitó la continuidad de la compañía lejos de su tierra natal, luego de que el gobierno revolucionario les expropiara todos los activos sin pagarles ninguna compensación.

En 1996, los abogados de Bacardí influyeron en la redacción de la Ley Helms-Burton. Con una disposición que se conoció como la “Ley Bacardi”. La Sección 211 negaba la protección de la marca a los productos de empresas cubanas expropiadas después de la Revolución cubana. Esta fue una disposición muy peleada por Bacardí. En la actualidad, el artículo 211 ha sido impugnado sin éxito por el gobierno cubano y la Unión Europea en los tribunales norteamericanos.

Las bebidas de Bacardí no se producen ni se venden en la Cuba de hoy. Los conflictos entre la Habana y la antigua compañía santiaguera lejos están de terminar. Hoy se pelean por la marca de ron estrella en la isla, el “Havana Club”, otra compañía expropiada por el gobierno cubano, que se encuentra en conflicto con los intereses de Bacardí. El gobierno cubano produce y vende los productos de Havana Club, junto con la empresa francesa Pernod Ricard, en todas partes del mundo, excepto en los territorios de los Estados Unidos. En el año 1976, Bacardí le había comprado el sello Havana Club a sus propietarios originales, la familia Arechabala, y había creado su propia línea de ron, basada en la receta original de dicha familia, que es la versión de Havana Club que se vende en los Estados Unidos. Cuba, por su parte, aún utiliza las instalaciones decomisadas a Bacardí, donde se destila un ron blanco que comercializa bajo el nombre de Caney.

A pesar de no tener cadena de producción en Cuba, Bacardí ha recalcado su patrimonio cubano frente a la competencia que le impone el ahora internacional Havana Club fabricado en Cuba. La compañía entendió que era importante asociar su ron con su origen y, en 1998, debajo del logotipo del murciélago fundieron la frase “Empresa fundada en Santiago de Cuba en 1862”.

Hoy Bacardi emplea a 6000 personas, fabrica bebidas en 29 instalaciones, en 16 diferentes plazas del mundo, en cuatro diferentes continentes. Esta compañía vende sus bebidas en más de 150 países, con un promedio de ventas de más de 200 millones cajas de botellas por año. Es un imperio del alcohol manejado ya por una corporación, pero su ron Bacardí aún conserva ese gustito especial cubano, nacido al borde del puerto de Santiago, donde una vez, hace muchos años, un joven soñó con crear el primer ron claro del mundo y lo logró.

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