Arquitectura santiaguera con nombre de mujer

Arquitectura santiaguera con nombre de mujer

6 views
0

Leticia Rodríguez

Tengo especial atracción por una de las bellas artes: la arquitectura. Arte reflejado, desde las primeras civilizaciones, en las maravillas patrimoniales que hoy se disfrutan por todo el mundo. Arte que, además, exige la suficiente sensibilidad para defenderla y amarla.

En mis años en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, se desarrolló mi interés por “el arte y técnica de diseñar, proyectar y construir edificios y espacios públicos”. Pero, no fue hasta conocer al arquitecto de mi vida que, se apoderó de mí el verdadero amor por la arquitectura. Entre 1993 y 1994, dentro de los muros del Archivo Histórico Municipal (otrora Cárcel Municipal de Santiago de Cuba, el Vivac) ubicado en la conocida calle Aguilera, me atrincheré por varios meses con mi amiga María Beatriz Piriz García.

Al desempolvar legajos y expedientes, buscábamos revelar los nombres de los proyectistas que trabajaron en la ciudad entre 1940 y 1958. Así, dábamos continuidad al trabajo de investigación iniciado un curso anterior al nuestro por David Silveira Toledo y Yamilet Ramos Chiang. Fue realmente fascinante, pues sacamos a la luz los nombres de las mujeres arquitectas, quienes -junto a sus compañeros del gremio-  marcaron el suelo santiaguero durante las casi dos décadas antes mencionadas.

La también arquitecta Marta Elena Lora, quien conformara una mancuerna profesional de excelencia con Omar López Rodríguez (premio Nacional de Arquitectura y director de la Oficina del Conservador de la Ciudad en Santiago de Cuba), trató luego -en el trabajo Ellas iniciaron el camino (publicado en la Revista Arquitectura y Urbanismo Vol. XXIX, No. 2/2008)- este imprescindible y reivindicador capítulo de la historia cultural de la segunda ciudad más importante de Cuba. Marta y Omar fueron nuestros notables tutores.

El artículo de Marta Elena Lora se centra en los cuatro nombres de mujer que a mi compañera y a mí nos mantuvieron emocionadas durante todo el proceso de búsqueda que realizamos. La inolvidable investigadora, claramente describe: “… no es hasta la segunda mitad de la década del cuarenta que surge en los planos del Archivo Histórico Municipal el primer nombre de mujer…”.

Y es que:

En Cuba, las mujeres no ingresaron en la Universidad para hacer estudios de arquitectura hasta los años veinte del siglo XX; pero esta presencia fue ascendente a partir de los años treinta, en esto influyó la Revolución del 33, la cual, a pesar de sus limitaciones, abrió una etapa diferente de la vida republicana, donde se fortalecieron los preceptos de un pensamiento democrático. Además, la independencia económica de la mujer pasaba por sus derechos a la educación y el creciente interés femenino por la arquitectura no estaba ajeno al doble carácter técnico y artístico de esta manifestación. En este contexto comenzaron a destacarse un grupo de arquitectas por su labor dentro del Colegio de Arquitectos, en las diferentes dependencias del Ministerio de Obras Públicas y por su obra constructiva individual.

Así lo afirma, la profesora de la Facultad de Arquitectura de La Habana Florencia Peñate Díaz, en La obra de las arquitectas cubanas entre los años cuarenta y fines de los cincuenta del siglo XX (Arquitectura y Urbanismo, vol.33, no.3, La Habana, sep.-dic. 2012.).

Peñate Díaz, dice más:

En los años cuarenta creció considerablemente el número de mujeres no solo en las aulas universitarias, sino en la actividad directiva de los Colegios de Arquitectos y en el quehacer constructivo fundamentalmente de la capital, donde a fines de la década del cincuenta se concentraba el 91,46 % de estas profesionales.

“Una arquitectura de una alta calidad técnica y de significativos valores estéticos y funcionales” se desarrolló fuera de La Habana. Florencia Peñate lo explica:

El Decreto Ley 3174 de 13 de diciembre de 1933 creó el Colegio Nacional de Arquitectos y las delegaciones provinciales. Este momento marcó el inicio del desarrollo de la profesión en el interior del país. Así, a partir de la segunda mitad de los cuarenta encontramos arquitectas en provincias.

Efectivamente, ante los ojos de las entonces estudiantes de quinto año de la carrera de Historia del Arte se presentaron, en su mayoría, planos de residencias en repartos santiagueros como Vista Alegre, Terrazas, Merrimac, Fomento (Sueño), Santa Bárbara, Raja Yoga y otros; incluyendo el Caso Histórico, con la firma de las proyectistas: Ermina Oduardo, Margarita Egaña, Norma del Mazo y Rosa América Más.

Las arquitectas desarrollaron su trabajo en un ambiente, hasta el momento, dominado por hombres. Caminaron a la par de ellos demostrando su capacidad de diseñar y proyectar con absoluta calidad dentro del concepto de arquitectura moderna. Siguieron los preceptos de este movimiento y materializaron la estética de éste con total maestría.

Ermina Luisa Odoardo Jankel, argentina, nació en Buenos Aires en 1923 y fue aquella primera “atrevida”, de quien obtuvimos datos en el Vivac. Es en el tópico vivienda donde recayó la gran mayoría de sus trabajos.

Ermina se graduó de Bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de la capital, en 1940. En 1946, a los veintidós años, recibió su título de Arquitecto en la Universidad de La Habana. Desde 1948 pasó a formar parte del Colegio de Arquitectos de Oriente. Su proyecto para construir el Palacio de Gobierno Municipal obtuvo el tercer premio en el concurso que se efectuó en 1951. Su matrimonio con el arquitecto santiaguero Ricardo Eguillior Perea trascendió la dimensión amorosa para alcanzar la esfera profesional, fundando un Estudio con sus nombres. Sus firmas en los planos hallados, los convirtieron en responsables de “… naves industriales, la ampliación de la Compañía Ron Bacardí, la Refinería de petróleo situada en la bahía santiaguera, el Supermercado de Ferreiro, como muestra de un variado repertorio temático”, como apuntó Marta Lora.

Una santiaguera, sanluisera para ser más exacta, dejó su huella en tres inmuebles de estupenda creación racionalista. Entre ellos, se encuentra una impresionante residencia de 1953, situada en la zona del conocido Centro Gallego (en el Reparto Santa Bárbara), proyectada para la familia Regojo. Me refiero a Rosa América Más Espinosa (1927-1999), quien estudió en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba, hoy Preuniversitario Cuqui Bosch Soto; fue secretaria de Obras Públicas y fundadora del Colegio Provincial de Arquitectos de Oriente.

A los treinta y seis años, en 1950, logró graduarse de Arquitecto en la Universidad de La Habana y, mientras estudiaba, se desempeñó como secretaria y delineante de Obras Públicas.

Sobre ella, Marta Lora comentó:

Rosa América fue una mujer de ideas muy avanzadas para su época, caracterizándose por su liberalismo, falta de prejuicios, entereza, con muchos deseos de triunfar y con mucha personalidad y responsabilidad ante la vida para con sus deberes y para con su familia.

Contrajo nupcias con el ingeniero civil Antonio Regojo Lozano, también santiaguero. Su obra se vio reflejada, fundamentalmente, en ciudades como La Habana, Varadero y Camagüey. En 1960 emigró a los Estados Unidos, donde siguió su trabajo como arquitecta y donde murió en 1999 (en Miami).

Santiago de Cuba acogió a una habanera nacida en 1921, quien recibió su título de profesional de la Arquitectura cuando contaba con veinticinco años. Ella era María Margarita Egaña Fernández, a quien el amor la llevó a la ciudad de montañas y Caribe al casarse, en 1948, con el arquitecto Javier Ravelo.

Entre los años 1954 y 1955 Margarita tuvo una penetrante actividad profesional.  La reconocida pareja Ravelo-Fernández también creó su Estudio, en la casa familiar diseñada por la arquitecta colegiada en el gremio de Oriente con el número 32. La residencia de estos magníficos profesionales estaba ubicada en Ampliación de Terrazas # 155.

Sobre ellos, quien fuera nuestra tutora hizo esta observación:

A pesar de ejercer dentro del estudio creado por los dos, y de que los planos ostentaban el membrete con el nombre de ambos, se observa independencia de Margarita en esta labor, ya que de los proyectos encontrados ostentan la firma de esta arquitecta alrededor de setenta.

Margarita Egaña tomó rumbo a Puerto Rico en 1961. Fue parte los tantos profesionales cubanos abrazados por el exilio. Allí murió, en 1975, a causa del cáncer.

Otra mujer habanera, graduada en 1954, llega a Santiago de Cuba: Norma del Mazo Almeyda. Adquirió la licencia con el número 39 en el Colegio Provincial de Arquitectos de Oriente, se asentó en el Reparto Sueño y abrió su Estudio en el inmueble ubicado en José A. Saco # 528. Sus trazos en el papel se vieron materializados en la sede del Consulado de los Estados Unidos, en el Reparto Ampliación de Terrazas, y en otras impresionantes residencias de familias adineradas.

De 1955 data el primer proyecto de esta profesional prolífica, de quien, en aquella década de los noventa, se conservaban noventa y un expedientes que testimoniaban su quehacer en el universo arquitectónico del Santiago anterior a 1959.

Santiago de Cuba se honra con la labor de estas pioneras que irrumpieron, con pericia y elegancia, en el escenario estilístico constructivo entre las décadas de los cuarenta y cincuenta de la pasada centuria. Privilegiada me siento al haber contribuido a darlas a conocer. ¡Cómo no reverenciar sus aportes arquitectónicos a una ciudad cultural por excelencia!

Si el destino lo invita a desandar las calles de la parte más caliente de Cuba, no dude en detenerse y apreciar las características que, del racionalismo, el protorracionalismo y el neocolonial, con sus variantes, poseen cientos de inmuebles. Lamentablemente, el estado de conservación de un número de ellos nos aprieta el corazón. Pero en ellos, late la maravilla de ese Movimiento Moderno que, con exquisita profesionalidad, tiene nombres de mujer en la urbe santiaguera.

Your email address will not be published. Required fields are marked *