Andy García: un Cubano apasionado

Andy García: un Cubano apasionado

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Leticia Rodríguez

Me cautivó el joven que encarnaba a un italo-americano a quien no le temblaba la mano en The Untouchables (1987). En When a man loves a woman (1994), me enamoré de aquel hombre a quien nunca le flaqueó el alma; de quien perseveró a golpe de amor y logró alejar a su esposa del alcohol. Me enamoré de Vincent Mancini Corleone, del tipo duro, discreto y leal. Todavía me pregunto si Coppola va a embullarse, por fin, a hacer la cuarta parte de El Padrino, para ver a Vincent otra vez. Ahora, en el papel del capo maduro, a la altura de su abuelo Vitto y de su padre Michael.

Me enamoré, con el mismo atrevimiento de una adolescente, de un actor cubano-americano de cine, nacido en la mítica Habana, que se llama Andy García. Por suerte para mí, la vida no quiso que fuera deportista y lo convirtió en actor de la gran pantalla, para disfrutarlo a todo color, gracias a su resolución y su perseverancia, a la claridad de sus pretensiones y a la fuerza de sus deseos.

A Andy García la pinta de cubano no se la quita nadie. Aunque lo pongan a interpretar otros papeles no puede negar que hay un sabor típico mezclado con mambo, con son, con guaguancó y con un ardiente trago de ron, componentes que no le permitirán desdeñar sus raíces, porque es muy fuerte la madera con la que está hecho, que es de origen cubano. Si tiene alguna duda, mírelo y admírelo en el comercial de Bacardí Añejo.

Convertido en un actor más sabio, debido a la experiencia de casi cuarenta años en la plataforma artística, presume de sus raíces. Como dice el conocido actor cubano Alexis Valdés: “[Andy] es cubano de sentimiento y de corazón”, y que bien “conoce el arte de convencer y de emocionar”.

Y se nota así en cada entrevista y en cada trabajo que aparece en internet al alcance del público sobre este artista que exhibe -desde el 19 de septiembre de 1995- su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, ubicada en 7000 Hollywood Blvd, reconocimiento que comparte con otros cubanos, entre ellos: Celia Cruz, Emilio y Gloria Estefan, Pitbull y Cachao, “El Picasso del contrabajo”.

Desde joven, Andy García ha estado muy comprometido con el cine y con la música, pasiones que logró hacer realidad con estudios de muchos años. Estos saberes le dieron una carrera y muchos éxitos que han repercutido en el bienestar que disfruta su familia, con la que vive “una vida normal”, alejado de todo el furor mediático, con un matrimonio de más de treinta años y con 4 hijos como cosecha de esa unión. El haber trabajado con dos de sus hijas en algunos proyectos cinematográficos es una bendición para el también director y productor. El hecho de compartir el concepto del arte con su familia lo ha asumido con toda profesionalidad. En algunas entrevistas ha declarado que a sus hijas les advierte que la preparación es crucial, amén de la madera y del arte con los que se nace, para que se ganen su lugar.

Andrés Arturo García Menéndez es un ser humano que deja notar en sus ojos el don de buena gente, de buena persona. Está hecho con ritmo latino. Nació en Cuba, nació con música. Trajo al exilio “La Pachanga” de Rolando Laserie (“El Guapo de la canción cubana”, otro grande que murió en el exilio). En una intervención para CNN, Andy decía que su madre le contaba que, de niño, siempre cantaba este tema. García ha encontrado en la percusión una manera de acercarse más a la tierra querida de la que tuvo que salir con sus padres cuando tenía cinco años de edad.

Como director destaca su homenaje a quien llama “mi maestro”, con quien gozó de lo lindo tocando los bongos. En el documental Cachao: Como su ritmo no hay dos, de CineSon Productions, Andy redime del olvido al Rey del mambo y se compromete a continuar su legado. Compartió su pasión por la música, le cambió la vida a la leyenda cubana que popularizó sabrosísimas descargas y le restituyó el respeto y la fama a quien comenzó a tocar el contrabajo profesionalmente a los nueve años. En los noventa, el actor con alma de músico ayuda a Cachao a presentar el fonograma Master Sessions (en dos volúmenes) rememorando grandes éxitos, con la productora CineSon de García. La primera parte se alzó con un Grammy en 1994 y la segunda obtuvo una nominación a los prestigiosos premios un año más tarde. Otro CD, Cachao: Cuba Linda, también con el sello CineSon, fue nominado al Grammy y a los Latin Grammy en los comienzos del siglo XXI. En 2004, el respetado artista consiguió ambos galardones por su última colaboración con Cachao en Ahora Sí, la cuarta producción de su discográfica, en la que el actor interviene tocando los bongos y el cencerro, porque es un apasionado por los orígenes y por la técnica del tambor. En ese tema se las sabe todas. Andy García aspira la esencia del ritmo y la percusión cubanas.

Cubano orgulloso de sus raíces, no desaprovechó la oportunidad para hacer sonar otra vez “La Guantanamera”, de Joseíto Fernández, con letra de Martí -himno de Cuba y de su gente- en el disco de la coterránea Lucrecia: Álbum de Cuba. El amor que le viene de cuna hace que le dedique a su padre uno de los versos más conocidos de Martí: “Cultivo una rosa blanca, en julio como en enero…”
Andy García no pierde nunca el interés y las ganas de involucrarse como el gran actor que es cuando produce y dirige uno de sus proyectos. La ciudad perdida (2005) es un filme muy personal y, para él, es el trabajo más importante que ha realizado, un drama familiar (filmado en República Dominicana, con guion de Guillermo Cabrera Infante) que recoge su visión política sobre Cuba. La música original es de su autoría y, por su ópera prima, fue acreedor de los Image Awards (2006) al mejor director y a la mejor película. Por esta cinta fue nominado, también, para los Premios Alma de 2007, como mejor director.

Considerado por muchos como el mejor actor cubano de todos los tiempos en Hollywood, ha cumplido sus sueños y sigue soñando. En ese torrente creativo que no cesa, siempre ocupado, el hollywoodense cubano-americano continúa atado a la cultura que por herencia de sus padres se respira en la felicidad de su hogar. Por eso, su sueño de escribir y dirigir la película sobre los últimos diez años de la vida de Ernest Hemingway en Cuba y la amistad de este con Gregorio Fuentes -el pescador de origen español que llegó al archipiélago del Caribe en barco a los 6 años desde las Islas Canarias y con quien el autor de El viejo y el mar entabló una gran amistad. Hemingway & Fuentes contempla al estelar Anthony Hopkins y al propio Andy García en los protagónicos.

Inspirado por grandes maestros del cine como Ridley Scott, Bryan De Palma, Coppola, Hal Ashby, el cubano-americano fortaleció su voluntad de ser actor. Su historia se cuenta entre la de los cubanos que tuvieron la fortuna de posicionarse en la meca del cine, como el santiaguero Desi Arnaz, César Romero (con más de 200 películas en sus seis décadas de trayectoria artística), María Conchita Alonso -también cubana, pero criada en Venezuela-, Steven Bauer, entre otros.

Actor de desbordante energía, desde 1979, con Guaguasi, no ha parado de hacer. Ha marcado muy bien su ritmo en la gran pantalla y se ha convertido en un fecundo actor. Le imprime su dinámica a cada personaje, le da su toque y sus matices muy propios.

Para dar vida a sus personajes, su receta -como se lee en los sitios de la Agencia EFE y Diario de Las Américas– es “imaginación y observación”. Para él, “lo importante es recibir papeles interesantes y bien armados”.

Andy García es un latino en Hollywood, un hombre discreto, delicado, distinguido por su herencia cubana. Decenas de películas tienen su impronta. El Padrino III, Ocean’s Eleven, Greater Glory, Things to do in Denver when you´re dead, Jennifer 8, Black Rain, When a man loves a woman, The untouchables… Con ellas me quedo y con las melodías de su “ciudad perdida”, esas que le invaden muchas veces como leitmotiv eterno de un cubano apasionado.

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